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sábado, 22 de diciembre de 2018

el cisma de la iglesia catalanista

GARCÍA TRAPIELLO
22/12/2018


Mirad cómo se aman los cristianos, decían los paganos de la vieja Roma viéndoles obedecer con tanto riesgo como alegría el principal mandamiento del Evangelio: Amaos los unos a los otros como yo os he amado. Perfecto. Pero esa senda a la perfección duró hasta que su iglesia perseguida la convirtió en única y oficial sentándola en su trono Constantino, cuyo imperio romano llevaba siglos entronizando a troche y moche dioses muy populares, algunos ciertamente estupendotes, sin olvidar a las diosas, más estupendas aún.
Lo de Constantino fue un gran paso desde el amarse de veras a solo tener que parecerlo, como exige todo poder; y a partir de entonces se avivó una vieja manía cismática entre cristianos que ya había empezado a latir en la famosa bronca entre san Pedro y san Pablo en Antioquía, manía de arriscarse, distinguirse... y escindirse... ¿será que en la traducción se metió adrede una errata que dejó el precepto en «armaos los unos contra los otros»?... porque ese armarse ya no cesaría nunca... y aquí sigue, en Ucrania, por ejemplo, donde saltó el último brote perruno, desquiciado y fratricida entre el clero ortodoxo ucraniano y el de Moscú (su Vaticano, para entendernos) hasta el punto de consumarse solemnemente la secesión hace hoy justo una semana y ya son dos iglesias con papas y popes diferenciados ¿y el mismo Dios verdadero?... pero detrás no hay discusiones sobre la fe o dogmas, sino la fiera política entre rusos y ucranianos .
En la secesión de iglesias siempre hubo una principal razón política, territorial o económica, el resto era máscara doctrinal... y así nació la convulsa Europa luterana, la anglicana, la católica y la ortodoxa, todos cristianos... y el mismo Dios les sirvió para matarse en famosas guerras despiadadas.
¿Acaso la iglesia catalanista no hace igual?... su voluntad de escindirse del obispado español es rotunda y muy anterior al prusés que alienta hoy desde los púlpitos, esa altura que convierte todo en verdad porque desde ahí habla Dios, que lógicamente les dice que está con ellos, con su causa, y casi nada con los curas españoles, tan franquistas.

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