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lunes, 21 de enero de 2013

SAN FRANCISCO DE SALES PATRONO DEL PERIODISMO


San Francisco de Sales

 

Mañana es san Francisco de Sales patrono de los periodistas y, aunque en estos tiempos laicos que vivimos, sujeto a cambios de todo tipo incluso de devociones, me ha sorprendido encontrar un viejo libro en octavo de pasta española.

La vida Devota yo la leía y meditaba en mis tiempos de colegial o trataba de leer y meditar porque se me iba con frecuencia el santo al cielo. Entonces nos afligían las cuestiones del sexto mandamiento que constituyen casi las tres cuartas partes de este opúsculo bien encuadernado y que es una reliquia que guardábamos los latinos en el banco de nuestro reclinatorio de guardas rojizas. Ahora me causan cierta piedad si no risa, sea dicho sin merma o afán de desdoro a uno de los grandes apologistas de occidente que fue además obispo de Ginebra y sobre todo inspiraría más de cien años de su canonización a otro de los mayores santos de la iglesia latina y uno de los que más han influido en la cultura europea educando a los jóvenes. Me refiero a san Juan Bosco fundador de los salesianos.

Si cada siglo tiene su lenguaje y su visión de las cosas, este tratado de ascética, inspirado en un autor español, el Audi Filia del Beato Juan de Ávila, escrito  en forma epistolar hoy lo encontramos obsoleto y hasta infantil pero evidencia una cosa que el autor tenía un carisma especial para la comunicación por medio de la escritura, obsesiones morbosas aparte pero ya va dicho que la religión cristiana no es una problema de bragueta como pretenden algunos.

Se echa de ver que el evangelio es palabra y la palabra signo donde sopla el viento de lo profético y lo imperecedero. Nadie entierre los talentos que dios le ha dado. En los sinópticos alienta el aura de lo poético, un neuma que yo he visto aletear como una mariposa divina sobre algunos textos de los Santos Padres.

 De forma tan concisa pocos escritores han conseguido transmitir ese aliento celestial que en san Pablo, un espíritu contradictorio e indomable (se equivocó a la hora de fijar la fecha de la parusía que el creía próxima y dos mil años después sigue girando el mundo sobre sus ejes aunque desquiciada y de espaldas al Gólgota, pues el pensamiento divino no se contextúa con planteamientos aunque su espíritu siga discurriendo de incógnito por el río de la historia) en fuego.

 Con san Agustín se vuelve retórico… palabras, palabras y más palabras. Y en el arte románico asciende a las excelsitudes teológicas a través de la piedra y la iconografía.

Siquiera el cristianismo conduciendo a la humanidad por caminos literarios, marcó un rumbo, al hombre le ha enseñado a pensar y a discurrir para descubrir la belleza y la verdad de la ciencia, a diferenciar el bien del mal, amar lo primero y aborrecer lo segundo. Es ahí donde la iglesia es imbatible en el afán de libertad y seguridad que le otorga ese seguir tras los pasos del Maestro. Lo que no es óbice para que en tales acometidas se produzcan caídas, trompicones. Puntos de vista divergentes, visiones distintas y distantes de un mismo tema.

San Francisco de Sales (1567-1622) se enfrentaba a la cuartilla blanca todos los días, un tormento que forma parte de las servidumbres de este oficio, y en la fertilidad de su pluma se parece a ese nuestro Tostao el obispo que era más abulense que el cimbalillo y en los días que vivió en cada uno tres pliegos escribió. Un caso evidente de furor amanuense. También a san Francisco de Sales nos lo pintan cálamo currante ante el tintero de su escribanía mirando para el techo de su celda. Un ángel asomaba la cabeza por entre las cortinas ¡qué bonito! A muchos periodistas que cultivamos un género literario no nos ocurren esas viguerías, pero no hay que negar que para ejercer este oficio se necesita algo de inspiración, mucho aguante, y un poco de buen gusto.

Yo no me hice periodista porque quisiera ser un nuevo Francisco de Sales ni alcanzar las cimas de santidad de su admirador san Juan Bosco. Tomé la barra de este puerto para embarcarme en singladuras misteriosas con la nave de mi existencia naufragando o destrozándose por la quilla en los cantiles de una playa desconocida adonde me llevaron las borrascas de la vida. Me hice escritor porque no sabía hacer otra cosa y lo llevo haciendo desde hace casi medio siglo. Hoy dicen que este oficio es una institución a extinguir algo que me resisto a aceptar. Que más quisieran los tiranos que detentan el pensamiento único mandarnos al gulag o que hiciésemos un mutis por el foro. Lo que no han conseguido es suprimir el espíritu corporativo que siempre tuvo esta profesión.

Pertenezco a la Asociación de la Prensa desde 1967 y tengo el número de socio 1095. mucho agua ha discurrido bajo los puentes. Sentí cierta melancolía cuando visité su sede en Juan Bravo 6; ya no es aquella de Callao multitudinaria asamblearia donde hablaba Alfredo Marquerie y Páez, Emilio Romero, Ansón, Julio Merino. Ya es otra cosa una entidad concernida por la preocupación del cierre de periódicos, despido de redactores y en la que no figuran las grandes estrellas de la información pautada por el sistema y que cobran millonadas pero que sigue conservando ese afán por la libertad de conciencia. Ciertamente contra Franco se vivía mejor o al menos éramos más jóvenes.

Ahora el gran cofrade se ha erguido en un adarve inexpugnable. Queda el derecho al pataleo por Internet.

Es como lanzarle perdigones a un elefante pero no queda otra.. Así y todo, el espíritu seguirá soplando aunque la vida sea indevota.

Me sigo preguntando quien era esta Filotea de las cartas del santo obispo a la que cartea con tanto amor tratando de conducirla por el buen camino. ¿Una monja? Seguramente. Sus biógrafos cuentan que era la religiosa Francisca de Chantal la cual también subiría a los altares. A tanto no alcanzo pero este libro de oraciones guarda el secreto de aquellos fervorines místicos, las hojas amarillas y mustias por el paso del tiempo.

Cambió el continente pero no el contenido y es un poco el drama del mundo de hoy que no sabe distinguir entre sustancia y accidente. La vida pasa muda el continente permanece el contenido y todos somos contingentes. Para el obispo ginebrino la primera virtud es la castidad y se sigue la humildad. Prácticos en tales virtudes había que irlos a buscar en la actualidad con el candil de Diógenes. Sería un buen reportaje aunque nos tomasen por Testigos de Jehová.

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