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jueves, 13 de marzo de 2014


PERIODISTAS Y PROPAGANDISTAS AZUZADORES (habrá que distinguir)

en Londres con mi esposa






la pipa o mi trubka es buena compañera

en NY un tórrido día de verano cansancio

un scoop entrevistando a Barnard el año 68. El cirujano hizo el primer trasplante de corazón

ewn Arizona co corresponsales australianos

en mi despacho de la ONU

panorámica de la asamblea General
Ucrania tierra de frontera y de conflictos








UCRANIA LAS TALASOCRACIAS CONTRA IMPERIOS TERRITORIALES: RUSIA Y CHINA. USA, ALEMANIA Y GB LLEVARÍAN LAS DE PERDER (memorias de un corresponsal de prensa)

 

Nunca fui uno de esos corresponsales "empotrados" por lo que me choca el candor e inexperiencia del  hombre en Moscú de TVE, el asturiano Carlos Franganillo, al que acaban de otorgar en su pueblo el premio Salvador de Madariaga (aquel sabio profesor de Oxford al que decían "tonto en siete idiomas", bastante mal escritor, un chisgarabís en política, mediocre historiador pero cuyo nombre sonó mucho en mis años ingleses pues era masón), y no es que lo haga mal del todo el chico pero incurre en uno de esos defectos a los que nos tiene acostumbrados el periodismo anglosajón que es la tercería y un enviado especial debe de ser un impávido y no tragarse toda la información que le ponen sobre la mesa, no creerse las historias de la CNN  o  los cables de Reuter. Un buen corresponsal ha de ser un púa, un poco mal pensado, darle la vuelta a los argumentos y al revés. Esta táctica les volvía tarumba a los norteamericanos cuando yo trabajaba en la ONU. Me enorgullece haber llegado a la cima del periodismo después de haber representado las dos corresponsalías en Nueva York y Londres y que me quiten lo bailado. Con Franco no me rasparon ni una sola crónica. Ahora no puedo publicar. Esta democracia es un círculo blindado en el que no entra nadie, closed shop, y existe una censura subliminal mucho más ferrea que en los años de la Oprobiosa Hube de renunciar al despacho que me legó Feliz Ortega en la tercera planta porque tanta información me atosigaba. El edificio Azul era una viborera del espionaje universal y una casa de putas.

Era la era Kurt Waldheim un austriaco, fino de cabos y experto diplomático al que acusaban los judíos de haber pertenecido a las SS y hasta que no acabaron con él no se quedaron conformes. Actualmente, con Baquimun (ese coreano de nombre impronunciable) es la masonería la que lleva las riendas en un primer intento por el establecimiento de un gobierno universal entre el East River y el Hudson.

Todos los días pasaba por mi oficina  un californiano pequeñito, la uñas a la manicura y la voz chillona, estaba hecho un propagandista de su causa, odiaba a los árabes, y  que se llamaba  mr. Levi y me leía la cartilla de lo que era mi obligación de contar, según él, a los lectores de los cuarenta y tantos periódicos de la cadena. No le hacía ni puñetero caso. 

Le mandaba yo hacer gárgaras a Mr. Levi  que pertenencia al lobby proisraelí que entonces barrenaba contra el austriaco y me encorajinaba que mis despachos fueran vigilados por un operador de la IBM con base allí, el gordo Herby soplón de la CIA. muy amigo de José María Carrascal por ABC y de Valverde el de Ya. Con tanta premura los dedos se me volvían huéspedes.

En una ocasión subí a la cafetería, dejé una gafas muy molonas que había comprado en Londres y me las robaron. Ahí acabó mi entusiasmo por la Organización de Naciones Unidas. Opté por trabajar desde casa en Staten Island. La ITT montó un télex en una de las habitaciones y desde aquella tronera a mi periscopio no se le escapaba una. Mejoró mi rendimiento y largaba a veces hasta cuatro despachos al día a Madrid.

Conseguí ilustrarme, hablar con la gente. A la isla de Staten empezaron a llegar judíos de Rusia y Ucrania, el gobierno americano les facilitó casa y les dio boletos para ir a comer gratis a los restaurantes de la zona. Eran los tiempos del final de la guerra fría. Comenzaba la guerra de las galaxias. Los rusos les sacaban una cabeza  en  desarrollo espacial y en las armas nucleares a los norteamericanos pero estos batían a sus oponentes en computadoras y en derechos humanos que fue el caballo de batalla al terminar la era Leónidas Breznev. Se notaba cierta distensión pero las espadas estaban en alto y esto estuvo a punto de costarme a mí la carrera por mor de un despacho que envié hacia mediados de julio de 19 77 contando el suceso de un satélite espía ruso que había sido derribado por la vigilancia estratégica en el estado de Nebraska.

Una llamada al poco rato del Departamento de Estado me notificaba que, si no rectificaba aquella información que toda la prensa USA daba como una avería para demostrar que los rusos iban a la zaga de los americanos en la tecnología de estos chismes, tendría que abandonar Nueva York al punto. Yo me desdije en una crónica aunque al mismo tiempo me convencí de haber dado en la diana; había logrado un scoop.

El de Pyresa les había marcado un gol a los del YA, la EFE, Radio Nacional, TVE, los vascos y al catalán de la Vanguardia que no sé si era J.M Massip. Jesús Hermida, Carrascal y Cirilo Rodríguez con su meritorio Felipe  Maraña (Felipe Sahagún que hoy escribe en el Mundo, y que es un gran tipo, mucho más enterado que el zafio de Julián Martínez conquense que no sabía escribir y fue el  el que sucedió al cubano Antoñito Sobrino en la delegación de EFE, de quien  por otro lado grato recuerdo guardo tanto de él como de su esposa Ángela pero tiene la mente programada por los sabuesos que le lavaron el cerebro en los cursos de Columbia) se subían por las paredes.

Reagan era por aquel entonces solo un poderoso gobernador del poderoso estado de California y no había aun empezado el pimpampum de los artefactos en los cielos pero yo  lo vislumbré desde mi atalaya.

La de Carter fue una época apasionante con las revueltas de Jomeini, echaron al sha, hubo líos en Panamá con el Cara de Piña Noriega, crisis del petróleo, conque el personal se volvía histérico a la cola de las gasolineras de Long Island cerradas por falta de crudo.

Nueva York daba una sensación de vértigo. Era como vivir en las alturas, mi primera oficina fue en el piso 44 de un rascacielos en Waterside Plaza y esa sensación no se me borrará nunca como aquella tarde en que me pasé tres horas en los jardines del complejo discutiendo con un rabino askenazi sobre España los sefarditas la reina Isabela la mención de su nombre le hacía escupir al buen leví o el griego que me servía el fardel de periódicos que pesaban casi tres kilos el ejemplar del New York Times de los domingos tenía trescientas páginas la mayor parte publicidad y me regalaba vino de Chipre.

Desde el asombro neoyorquino el mundo parecía muy pequeñito. La lectura del Times del que se hacía lenguas mi predecesor el gran gallego Manolo Blanco Tobío y que para él era un ritual a la hora de desayunar me abrió los ojos del porvenir. Cada mañana publicaba el rotativo historias increíbles. Aquello era un verdadero geiser de la actualidad más que un noticiero.  Mucha tela que cortar, mucho tema y más problemas a los que hincarlos el diente.

Yo les daba la vuelta a las historias del famoso matutino global, dirigido por Schultzer al frente de una plantilla de redactores y escritores judíos  y acertaba.

Piensa mal y acertarás, sus intereses no eran los intereses de mis lectores a los que yo intentaba de contar cada tarde y cada mañana cómo era la vida en América qué pasaba en la Medicina, en la industria del automóvil, en la aeronáutica, en la industria  farmacéutica y del armamento en los múltiples aparatos electrónicos que se inventaban,  al tiempo que hacía una semblanza de personajes que me encontraba en la calle. Cuando había que sacar el incensario pues todo eran alabanzas al Tío Sam pero con frecuencia el garrote tenía que estar a mano y  había que sacudir.

Ay América la bella... toda ella engalanada de millonarios y de monedas fragmentarias- dollars nickels and dimes-  la tierra de la oportunidad donde algunos triunfan y la mayoría fracasa, bronca lucha en la cual hay que atarse los machos, medir los palmos que piso y obtener una cierta sabiuría de calle o stret wisdom, que es como ir a la universidad. 
Cuando uno llega a la Gran Manzana las tres palabras que más  saltan a tus oídos es dólar, "shit" (cagada) y "fuck" (joder). No me gustaba la capital planetaria. Es inhóspita, maleducada (nadie te da los buenos días ni te da las gracias o te pide excusas como en Inglaterra, los ingleses están a todas horas con el sorry a vueltas), puesto que sólo en esta jungla de asfalto hay un parque el Central Park que era muy peligroso en los 70 y la gente vive compartimentada y encajonada en jaulas de muchos pisos donde hay que utilizar el elevador constantemente y al tocar los picaportes la estática te arreaba una descarga, lo que da idea del nivel de energía y de hiperactividad de NY. En la corresponsalía traté de seguir  los pasos de quien fue mi antecesor y modelo Félix Ortega y su mujer Dulce

En verano te torrefactas y el aire se puede cortar con un navaja,  y en invierno te arrices con las nevadas, una noche de febrero se congelaron las cañerías de casa pero a los dos días hacía una temperatura primaveral, el clima es allí drástico y cambiante. 
Con todo y eso, viví una experiencia única, fue un tiempo apasionante que me curtió como profesional una profesionalidad que tengo bien acreditada pese a mis mermas porque yo nací al periodismo en las tabernas de Fleet Street donde el personal arrastra el impacto de las tres fatídicas"D" inherentes al oficio de plumilla (deprimido, dipsómano, divorciado) y lo que "ganaste con la pluma lo perdiste con la copa" según dice mi mujer. Y yo le contesto que los periodistas vamos por la vida con la cruz a cuestas o portando sus dolores sobre los hombros como san Cristóbal. De vez en cuando hay que parar y echar un trago para olvidarse de tantos sinsabores. Es un poco la imagen del "santo bebedor". No soy un asceta pero puedo estar sin comer y sin beber largos días. Sin escribir no y me siento orgulloso de mi carrera. Google y los blogs son en mis años provectos una válvula de escape y un tablón de salvación. Y sobre el teclado de mi programador personal hago jogging mental lo que me abstrae de las miserias que me rodean y me reconcilia con la vida y con el mundo. Mi pluma no se la vendo a nadie ni he puesto en almoneda mi conciencia como muchos para que la compre el diablo. Soy un asendereado de la información donde me han salido y se me han caído los dientes que tuve que hacerlos retorcidos para sobrevivir porque si no te comen. Hoy el corresponsal en el extranjero es un títere en manos de los grandes poderes que marcan el territorio de la globalidad. Mi sueño hubiera sido ser corresponsal en Moscú.

-Hubieras rizado el rizo, maestro.

-Ya pero se me pasó el arroz

Por ende digo que Franganillo  no lo hace mal. Acaso sea el mejor de toda la peña la profesión ahora adolece de imparcialidad porque al corresponsal de prensa en el extranjero le han convertido en agente del gobierno siguiendo el camino trazado por los enviados especiales de la segunda guerra mundial: David Dimbleby el de la BBC que "se inventó el Holocausto" el primero que llegó a Bergen Belsen, Alistair Cook (sus cartas desde América las escuchó Inglaterra durante cuarenta años) o Edward Murrow, Frank Capa, que estuvieron en la guerra de España junto Ernesto Hemingway. Walter Cronkite, un señor de la noticia al que me cupo la suerte de admirar y de escuchar. John Hersey del Chicago News que reveló a los norteamericanos el horror de Hiroshima. En Europa destacaron Oriana Fallaci, Curzio Malaparte el amigo de Mussolini, gran escritor, guerra en el Este, Kaput, o Wilhelm Weiss el director del Volkishes Beobachter de Berlín durante la segunda guerra mundial. ¿Estamos hablando de periodistas o de propagandistas?

No lo sé pero mi deontología profesional y mi ética apuntan a otros objetivos, van por otros caminos y es la misión de educar, divertir si se puede, informar no desinformar y analizar el calado de la noticia para que no te den gato por liebre.

En la crisis de Ucrania a ninguno de los misioneros de la noticia se le ha ocurrido reportar que Kiev fue una de las capitales más bonitas de la URSS a orillas del Dniéper, el rio de los cosacos, buenos cristianos ortodoxos porque no ha leído a Tarás Bulba del genial Gogol un ucraniano que escribía en ruso. Que Kiev la Santa se halla a ciento y pico kilómetros de Chernóbil, lugar del siniestro o atentado nuclear de 1986 que recordó al mundo los horrores de una conflagración atómica a la que ahora parece propicio Obama con sus adláteres.
Que los ucranianos se distinguen por su trabajo, su sentido del humor y su acento un tanto ácidos que tanta hilaridad causa entre los rusos.
Que les gusta el tocino y el aguardiente con pepinillos. Que Crimea siempre fue rusa hasta que Nikita Jruchef en 1954 que había nacido en una ciudad ucraniana. Kalinovka, en la frontera misma y dentro de la provincia de Odessa la cedió a una de la Unión de Republicas Socialistas, un hecho sin importancia a la sazón, puesto que el país se componía de muchas republicas federadas y divididas en distritos, y una de las características del fenecido sistema soviética era la armonía en la convivencia de etnias, lenguas y culturas.
Fue Crimea epicentro de la paz y de la guerra donde se gestaron no pocas crisis es esta península, donde los inviernos no son tan perversos como en Moscú.
Allí iban a veranear los barín (nobles) y gran parte de los dramas de Chejov se desarrollan en la ciudad balneario donde los moscovitas acomodados iban a tomar las aguas . Es para los rusos la Marbella española.

Curiosamente, tanto la revolución que destronó al zar como el desmoronamiento de la Unión soviética iba a ocurrir allí. Pero Crimea ha sido siempre rusa, es la llave del Mar Negro, sede de su base naval del Mediterráneo, estratégicamente indispensable para la flota, donde vencieron los rusos a los turcos y a los ingleses y luego ocupada por el general blanco Wrangel durante la guerra civil. En Yalta se firmó el armisticio de las potencias beligerantes en su victoria frente a Alemania. Rusia no ha sido una talasocracia a diferencia de Inglaterra o Estados Unidos, sino un imperio terrestre pero ha tenido una vocación naval, a sabiendas de que la hegemonía de una gran potencia no puede recabarse sin el dominio de los mares como canta GB en su himno nacional "Oh Britania rule the waves" y que ha tratado de proyectar desde su escuadra del ártico desde Vologda hasta la península de Kamchatka en el mar de Japón.

Todo eso es lo que está en juego. Putin cuenta con el respaldo de su pueblo aunque los rusos no quieren la guerra pero Obama, al secundar el putsch de signo fascista (los ucranianas poseen una tradición antisemita que puede cotejarse en los libros de historia) que derribó Yanukovski puede que haya metido la mano o la pata en un avispero del que le costará trabajo salir indemne.

La maniobra no puede ser más burda y hasta el ex secretario de Estado Kissinger se ha llevado las manos a la cabeza.

Va a ser el buen pueblo ucraniano el que padecerá las consecuencias de estos dislates y no esos señores de la guerra y el clan zionista. He aquí, pues la segunda guerra mundial se coció mediante la intriga y animando a los dos bandos, una situación tan peligrosa que va a dejar pequeño a Adolf Hitler  de quien pueden considerarse émulos los actuales mandamases de la Europa de los mercaderes:  Merkel, esposa de un rabino,  Cameron, quien por lo visto es descendiente de sefarditas como la jefa del FMI madame Laguardia o Legarde, o Hollande  feligrés de la sinagoga más importante de Paris, Barroso hebreo de Coímbra y Shirley Ashton nacida en Golders Green donde está enterrado el judío más famoso de la historia después de Jesucristo: Carlos Marx.

Desde mi tronera avizoro esta movida como un jaque mate a la ortodoxia rusa de la que Kiev con sus lauras o grupos de monasterios que se extienden hasta la región de Galitzia y de Eupatoria que va a ser defendida paradójicamente por Putin un ruso de origen hebreo. No se trata de un plante estratégico sino el pronóstico de una de las muchas guerras de religión tomando como rehén al pueblo ucraniano en su mayor parte ortodoxo o uniata, aunque Ucrania es un pisto de creencias y de culturas aunque a diferencia de Kosovo en sus provincias domina los cristianos viejos y no los musulmanes.

La historia vuelve por donde solía pero en esta guerra de información o desinformación en que nos sumen veo falta de acucia y de perspectiva, un pecado imperdonable para un informador en regla. El gran poder utiliza a los periodistas como perros o falderos o les ayudar a "su"misa de monaguillos. 

No son periodistas sino propagandistas, plumillas serviles a las ordenes de ese Moloc moderno encarnado en la persona de Barracón Obama, el negro zumbón.

En una confrontación con el eje Rusia-China los americanos tendrían que mojarse y llevarían las de perder. Rusia es un país misterioso, inconquistable por las armas como se demostró durante las guerras napoleónicas y con la derrota de la Wehrmacht, cuando los tanques de Gudarian sucumbieron en la estepa.
Por las maulas, tretas y añagazas y la guerra sucia a la que son tan proclives los gringos (ellos pegan el puñetazo y luego echan la culpa a un tercero), a lo mejor, tal vez, pero esto es poco seguro. No les arriendo la ganancia a menos que Obama quiera pegar fuego al planeta.
Mi ética profesional, lo diré para concluir, fue siempre la defensa de la paz y de la vida como declara el salmo Exquisivi justiam et odivi iniquitatem  

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