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martes, 30 de noviembre de 2010

SAN ANDRES EL EVANGELIZADOR DE RUSIA

Día de san Andrés




Los refranes castellanos no suelen fallar nunca en la meteorología. Solía decirse “por todos los Santos la nieve en los altos y por San Andrés la nieve en los pies”. Ayer en Madrid nevó un poco con todo lo que esto significa para los periodistas de nuevo cuño que encuentran una mina en las serpientes de verano climatológicas y son un poco exagerados. Qué frío, muffle up, abrigarse bien y la gente sale a la calle con pasamontañas, tres o cuatro bufandas y calzoncillos largos como para viajar al Polo Norte. Inflan el perro, exageran que se las pelan y crispan y exasperan sobre todo los tertulianos de poltrona fijo que andan por ahí hablando de Zapatero y de los documentos de la CIA y de los papeles del Pentágono. El imperio nos engaña y se ríe de nosotros. Giggles and giggling. Uno que es periodista hace promesa de no caer en la trampa de estas serpientes de verano en pleno otoño que tienen al personal muy afanado y preocupadísimo. La crisis. Ay la crisis pero el mundo siempre está en crisis. Me he recogido en mi celda y he puesto una vela al bendito San Andrés. La iglesia exotérica es magistral en su calendario. Este apóstol cierra el ciclo de los doce que inauguraran san Pedro y san Pablo allá en junio. San Andrés con su cruz en aspa viene del oriente. Hoy en Constantinopla el patriarca Bartolomeos habrá celebrado una liturgia solemne. Y yo he puesto algunos villancicos rusos en mi casete porque en Rusia el apóstol Andrés el evangelizador del Dnieper es un santo muy venerado y he sentido una alegría muy especial en este día gris de nieve y lloviznas que nos anticipa el gozo íntimo de la Navidad a los cristianos. Son los goriachi eslavos. Una verdadera maravilla. Bajé a la ciudad a por tabaco. He encendido una vela al santo y atascado la cazuela de mi cachimba. Un cosaco de la literatura no puede cabalgar muy lejos si le falta el humo de su pipa. Las pufadas alientan el alma y espantan al diablo. Ande yo caliente y riase la gente. La letrilla de Góngora hay que aplicársela hoy a los madrileños que andan de cabeza con esto de la crisis. Conviene de vez en cuando hacer un descanso en el camino para mirar a lo alto

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