LA BRONCA QUE ME ECHÓ MI ABUELO
Recuerdo que la pelliza (la vi
aparecer el otro día cuando estaba sentado ante mi ordenador viendo páginas
porno) de mi abuelo Benjamín se la ponía para ir a misa o a la feria de san
Andrés, o en la fiesta de Santa Eulalia en diciembre cuando había que ir de
nuevo.
Esa pelliza marcaba fechas
importantes en la vida de aquellos campesinos de Fuentezotes la aldea de donde
provengo.
Por ejemplo, se la puso para ir a
pedir la mano de mi tía Juanilla para mi tío Pedro el sacristán.
Ya de vuelta el sacristán rezongaba
porque decía que la Juanilla era pequeña y muy corta de vista. Así que se
volvió atrás. El tío Benjamín rechazó la idea:
─ Coño, Pedrito, no me hagas que tenga
que endosarme la pelliza con cuello de piel de oveja.
Y no fue y Pedro se casó con la
tía Juanilla que resultó ser una madre ejempla y le dio seis hijos al
sacristán.
Pues el otro día se me apareció
mi difunto abuelo para echarme la bronca por entrar en la Red a mirar lo que no
debo…c coooño.
Debe de hacer mucho frío allí
donde esté con san Pedro pero me obstiné en no preguntarle sobre la eternidad,
sobre si hay vida después de la muerte.
Es el pánico que sentimos los humanos ante el
más allá. Mi fe me dice que sí pero todo cuanto me rodea me dice que no y he
aquí que a mi me toca pensar en qué se yo.
Pero para mí el abuelo es un
santo al que muchas noche me encomiendo y creo que merced a su intercesión
conseguí sobrevivir a circunstancias terribles… aquella noche en Londres cuando
quise ver a mi hija Helen no me abrieron la puerta y estuvo en tris que no me
tiro al Támesis o una tarde en Belfast donde como corresponsal de guerra me dispararon
los británicos y sentí un disparo zumbar cerca de mi cabeza.
O en Nueva York cuando cerraron la agencia y
tuve que ganarme la vida de taxista pasando por situaciones muy desagradables.
Mi abuelo Benjamín estaba allí. Muchas
noches lo veo en sueño. Rezo el rosario de las Animas Benditas.
Me consuela cuando ando vagabundo
y desconsolado cada vez más asqueado por el marchamo de la política y el
ostracismo intelectual y religioso de los cuales soy objeto. Traté de explicarle a mi venerable ancestro que mis
escapadas de navegante por la red no tienen por objeto apacentar mi libido prácticamente
inexistente sino relatar la vida de María Ivanova una aristócrata rusa mujer bellísima
que ha caído en el más delirante de los vicios.
Es una perdida, una depravada,
perse a su belleza que me recuerda a las damas de la corte del último zar
seducidas por Rasputín.
Para esta hetaira sólo merece
vivirse alrededor del falo.
Ofrecen sus encantos al primero
que llega sin miramientos de raza, color, historial médico y condición moral,
con tal que pague.
A mi pobre abuelo un castellano recio que combatió
en la guerra de Cuba contra los mambises y que sobrevivió a la gripe del año
1917 ─el Spanish flue─ pereciendo su mujer y tres hijos, estas aberraciones
sexuales de la inteligencia artificial y de la vida moderno no le cabían en la
cabeza. Salió de su tumba para poco después volver a ella. Coooño, diría él
jueves, 4 de junio de 2026