Translate

martes, 5 de septiembre de 2017

la guerra de cuba. VILLAAMIL, CERVERA Y AQUELLOS SOLDADITOS VESTIDOS DE DRIL


 
 
    UNA CUESTIÓN DE HUEVOS.
             Y MANDA COJONES                                                                                                                                             
                               VII
 El primero de enero de 1898 se publica en París el primer número de la revista La Campaña, que dirige Luis Bonafoux. El hebdomadario se constituye en un documento de primera mano para conocer el desarrollo de los acontecimientos de aquel año crítico. La sátira, el desenfado, el chasquido restallante de su pluma y todo el genio de un grande de las letras castellanas brota entre sus páginas.
   Otrosí, la ternura y la compasión , el auténtico patriotismo de un cronista que no puede permanecer impertérrito ante el espectáculo de aquellos españolitos de a pié , los hijos del honrado pueblo, los que, pagando las consecuencias de la inepcia de los políticos,  marchan inconsciente del destino que les aguarda, hacinados en la cubierta de los barcos del Marqués de Comillas, al matadero.
   Muchos perecerán en los insalubres manglares del trópico. Es la horrible peregrinación en busca de la tumba anónima y desconocida por tierras ajenas. Hay pasajes de algunas crónicas firmadas por Luis Bonafoux y Quintero que alcanzan una arboladura semiprofética y totalmente escatológica. Recuerdan las danzas de la muerte  ,medievales o semejan un calco a vuela pluma de los cuadros pintados por Brueghel o el Bosco.


   Los supervivientes regresan de la guerra de Cuba castañeando los dientes a causa de la fiebre, esqueléticos, viejos prematuros, con mellas en la dentadura y en el alma, enfundados en sus uniformes de rayadillo, la guitarra sin cuerdas pero la caja aun resonando. Atrás dejaron una lista de compañeros - doscientos mil nombres, según estadísticas fiables-. Algunos de ellos héroes anónimos, surgidos del pueblo, como Eloy Gózalo el inclusero o Cabo Noval, que abarrotan las sepulturas sin lápida. Son ya sólo una cruz y acaso un nombre de los cementerios de la Perla de las Antillas o una lápida para poner nombre a una cala. Leopoldo Alas “ Clarín “, del que tanto se befa, a ratos injustamente, y más que nada por repulsión de temples afines, Bonafoux, cuya concepción estética del mundo resulta por paradoja afín a la del crítico  ovetense, había escrito años antes un cuento maravilloso, acaso el mejor de todo el idioma , Adiós Cordera, en el que se plasma la epopeya del mozo que es llamado a filas y marcha a servir al rey, conscripto en una de las múltiples levas.
   Es el testamento literario del ultimo florón, de la generación de la Restauración. Ya lo dijo el refractario , el inimitable Bonafoux, con frase irrevocable: España, que había entrado en la Historia por la puerta grande, tuvo que salir por la escalera de servicio en el Tratado de París, aguantando la trápala y el diktat de los yanquis... Esto es , señores, la descojonación.
   Aún en medio de la hecatombe hubo espíritus selectos que se resisten a perder el buen humor. Se trata ciertamente de un humor esperpéntico, instalado en la greguería surrealista. Si la razón pasó a cuchillo a los españoles, éstos se vengan pasando a cuchillo a la diosa razón. La longanimidad y la resignación llegan a ser también en momentos críticos una cuestión de “ güevos “. Se hizo la guerra por cojones, y por cojones también fue perdida. Hay que citar a Felipe II, el Job español para encarar con dignidad esta suerte de despechos de la fortuna.” No mandé a mis naves a luchas contra los elementos “ y aquella otra pronunciada por el héroe del Callao, Méndez Núñez: “ Más vale honra sin barcos que barcos con honra”. O el “ más quiero yo reinos sin ducados que ducados sin reino” del Duque de Calabria..
  Al final la cosa paró en una cuestión de honra. Quedamos en que en eso no nos pone nadie un pie delante a los españoles. Hasta el propio Sagasta no pudo resistir la carcajada cuando “ Aramis “ o la “ Víbora de Asnières “ en un artículo fechado el 17 de junio del año fatídico se entrega a la tarea de cotejar hombrías, y medir tamaños antropométricos, subjetiva labor. Esto es la repanocha. La descojonación. Pero que el humor negro hizo que aliviase Madrid los lutos y encontrase solaz en el esperpento o en la greguería ramoniana, tan jaleada, que viene a ser un esperpento de pie quebrado en el que se echa mucha imaginación. El propio presidente del Consejo de Diputados y el de la leal oposición se retorcían las tripas cuando don Luis escribía aquello de los huevos de golondrino.


 Todo eso sentimiento de derrota, pero de ternura y de orgullo incólume queda plasmado en ese cuento rural de la Asturias profunda y genial del autor de la “Regenta “ y en las crónicas que rubrica Bonafoux y que aparecen en el ya mentado “ Campaña “, en el “ Heraldo “, en el “ Progreso “ y en el “ País “. La más rotunda es la que titulase “ Nuestros güevos “ (sic).... Esos huevos nacionales que a unos les sudan, como los del cura de Villalpando, que los bueyes de la carreta que los arrastran iban sudando, o cantan como cascabeles, igual que el del cura de Argamasilla que los usa el monago de campanilla, y a otros les pingan... Mira que tiene cojones la cosa... Quizá haga falta un Leviathan para levantar los del almirante don Pascual, que no cogen en la bahía de Santiago... Sampson los tendrá como un golondrino, pero como está al frente de una escuadra que no es de cartón piedra, sino que está hecha para pelear contra los ingleses, con mejores pertrechos y mayor capacidad de tiro, pues nos pondrá fuera de combate... Es lo que ocurrió con Dewey, el gringo que nos hundió los barcos en Cavite. Los del tal Dewey quizás no llegaran a la categoría de un palomo torcaz, pero como fue a Filipinas con una armada mejor preparada nos echó a pique. Y cincuenta y tantos muertos. No nos valió para nada en América el precedente del huevo de Colón...
   Ambos - Bonafoux y Clarín- son complementarios. El primero manejaba como nadie el florete del pasquín. Hizo reír a una nación entristecida mediante sus exageraciones. No venía mal en aquel instante un poco de sal gorda .La ternura de Clarín se convierte en sátira deletérea y en prosa de trazo escatológico en Bonafoux. Pero la lira y el violón siguen sonando en un dúo a cual más poderoso. Nunca el periodismo tuvo una hora mayor, aunque con su colmillo afilado la “ Víbora de Asnières “ siga lanzando andanadas terribles contra algunos de los que se arrogan el título de periodistas y pueblan el avispero de Madrid. Flaubert ya lo había anticipado : para abrirse paso en la jungla literaria española hay que ser un buen espadachín. Se conoce  que el fondo de reptiles emponzoñaba ya por entonces las letras de la Villa y Corte.
   De lo sublime a lo ridículo hay sólo un paso. El genio y la ramplonería conviven puerta por medio. Dijo la verdad. Por eso, al portorriqueño no lo podían ver. La conspiración del más horroroso silencio se cierne sobre su persona y lo rodea aun después de muerto. Hoy lo hubiesen acogotado en flor. Aquel noventa y ocho fue mucho más libertario que éste. A la sazón no se cuestionaba la identidad del ser español. Actualmente, los herederos de los Sampson, los MacKinley, los Dewey, los Lee cuentan con bastante predicamento y operan en los mentideros de una forma más sutil, con guante blanco , pero el puño de hierro rutila amenazante debajo de la manta. Las grandes crónicas de Bonafoux no tendrían cabida cien años vista de todo aquello, en este ambiente de cambios milenaristas no por falta de “ quórum “, sino porque aquí manda el dólar patrón. El que se mueva no sale en la foto. Quien no regatee dentro de la franja de lo políticamente correcto acampa extramuros. Es un sistema de valores que exalta a los mediocres o a los pastueños y depone al genio mientras desdeña al hombre honesto, y se lava las manos a lo Poncio Pilatos córam populo cuando vienen los pregoneros de la verdad. No hay término medio. O lo tomas o lo dejas.


   No deja de tener una importancia clave a la hora de evaluar los márgenes de libertad y el respeto que sienten desde siempre los españoles , y mucho más estando el país en guerra y habiendo sido derramada allende los mares tanta sangre española, el que el antillano se confortase como un bufón en medio del diluvio, y fuese capaz de escribir lo que escribió. Por eso, en un arranque de desprecio hacia la causa independista, cuando España es insultada por un periódico portorriqueño el “ Borinquen “ pagado por Hearst, Bonafoux, saliendo en defensa del país al que tanto amaba y zurraba duro con sus sueltos, se destapa arremetiendo contra los gorrineros yanquis. Hueste sanguinaria y salvaje, enemigos de la cultura y de la civilización europea, un pueblo que ha nacido con un complejo, el de gringo.Yo me debo a España, el país que me ha acogido y me tolera. Lo que yo escribo jamás podría ser entendido en Nueva York. Les sonaría a música celeste, porque no se hizo el badajo de mi campana para tocar a vísperas en ese convento. Y hasta puede que me metiesen en la cárcel o me pegasen dos tiros. Es una pena que a lo que a nosotros nos sobra, querido compatriota chico, es decir: valor y huevos, a ellos les falte. Pero aun más penoso es admitir que nosotros carecemos de su poderío militar y de su fe en el futuro. Ellos hablan de fair play y nunca juegan limpio. Son odiosos imperialistas que hicieron suya la frase de Roma “ divide et impera “. Dominarán al mundo porque no son del todo buenos. Porque carecen de escrúpulos. Pero un día también a ellos les llegará su hora. Y caerán.
   En este artículo , quizás por un lapsus calami, cayó en el exceso que tanto abominaba: el patrioterísmo, la xenofobia, el jingoísmo, pero debajo de sus frases asoma la oreja el español refractario a todo , el disconforme, porque aquel indiano había hecho bandera de la consigna de: “ yo de entrada me opongo “.
   Sus percepciones, aun en forma de exabruptos navajeros, no son para ser echados en saco roto. Bonafoux , más que un gacetillero, era un filosofo de la actualidad. Tenía un poderoso ojo clínico para calar en los trasfondos de cualquier acontecimiento. Este juicio sobre el imperio que vendría cobra un interés de primera mano para conocer al coloso que rige los designios del universo. Ellos son los muñidores de conflictos internos en las naciones. Bélicos muñidores. “ Warmongers” sin contemplaciones. La frase de “ remember the Maine “ le había quedado grabada en su alma de español transplantado a Puerto Rico y advierte de que los vencedores seguirían pasando factura a los vencidos durante mucho tiempo.
   Según él, tardaríamos más de un siglo en olvidar el 98, y este pensamiento sale a relucir cuando el periodista viaja por el norte de África y escribe una serie de reportajes sobre nuestros vecinos al otro lado del Estrecho.


   Esto precisamente vuelve los escritos de este humilde plumífero que no se cansó de corear contra la injusticia y el avasallamiento de los poderosos mucho más estimables. Un auténtico tesoro para los anales que siguen ahí guardando el turno del polvo de las hemerotecas en espera de una mano valiente que lo exhume.
   A pelear a Cuba sólo  fueron los pobres. A los ricos se les eximía del servicio previo pago de una fiducia de levas.
   Pues bien, ha vuelto Pinín. Regresó a morir en la aldea. Rosa se casó seguramente con algún palurdo que, al regresar cada noche del chigre, la mal trata, y “ La Cordera “ fue llevada al macelo de Noreña. Era demasiado vieja. No valía para ser uncida al yugo, ni tirar del arado y la reja y acabó, hecha cuartos, en la mesa de algún arcipreste, o reclamo de la olla de algún señorito. Pero las frases de despedida ,cuando se escucha ya silbar al tren detrás de la sebe, que se va a llevar a la vaca materna al matadero, y al pobre recluta a la charca infecta de Cuba, entonadas desde el estertor de poesía que guarda las mejores fibras de la literatura en castellano , seguirán vibrando como un símbolo de la infancia que se va, de la inocencia que se pierde, de la injusticia y de la brutalidad del mundo que triunfan. A la corta y a la larga, todos acabamos siendo derrotados. Pero la belleza nunca muere.
   - Adiós, Pinín. Adios, Rosa. Adiós, “ Cordera “...
   He aquí la mejor glosa a todo cuanto pueda decirse a lo acaecido aquel año fatídico. El siglo XX se desayuna con holocaustos. Muertes. Infamias. Maines. La razón de la fuerza sobrepuja a la fuerza de la razón. Vienen guerras apocalípticas y nombres de batallas que cantarán como una amenaza en sus aquelarres, trocados en baños de sangre, las bocas desdentadas de las sibilas y los casandras. Se habla el inglés en estas tenidas. A lo mejor es porque a Moloch le gusta  disfrazarse de “ Uncle Sam “ que chapurrea consignas de destrucción en bajo la apariencia de un candor inocente de niño anciano, pantalón a cuadros, la chistera de usurero, y entre col y col, perrito caliente, alguna leche en polvo, envuelta en una página del sesudo “ New York Times “. Es el gendarme del mundo, el gran profeta del dolar, el sacerdote de una nueva religión cuyos templos mayores abren sus puertas en Wall St. Y en Hollywood. No hay tal. No hay bosques sagrados. Ese viejito del logotipo, que por otra parte , pese a las canas , da muestras de una anacrónica agilidad en apariencia inocuo guarda el secreto de un proyecto diabólico y feroz, fruto de un cierto complejo de inferioridad con respecto a  Europa. Alza la bandera de la fraternidad universal, pero en el envés se agazapa la añagaza.


   Añagazas y pretextos que son buen caldo de cultivo para los “ clownes”, los oportunistas, y los bigardos. El triunfalismo con que aquí algunos se entregan a hacer la palinodia del euro, la moneda única que viene, recuerda un poco la euforia con que algunos políticos de la Carrera de San Jerónimo, bien calentitos al lado de la estufa y sin haber navegado jamás, hablaban de meter en cintura a la marina yanqui en menos  que se persigna un cura loco.     Al revés te lo digo para que me entiendas: el triunfo del euro comporta la exaltación universal de la valuta norteamericana. El ambiente está tan enrarecido como entonces. La misma desesperanza. Mitigada por el optimismo futurista de ciencia ficción. Igual sensación de derrota..
    Bonafoux es implacable a la hora de calificar a las gentes de su oficio. Pero sus inexorables dictámenes “ el que tiene una pluma en las manos, y sobre la mesa unas  cuartillas que deben transformarse en pan cotidiano tiene el “ cerebro enfermo, pero un corazón para sentir y unos nervios que se engarabitan, y no ha querido prostituirse en el bajo oficio de periodista, ese tal no tendrá otro remedio que escribir lo que piensa y lo que siente, y, al hacerlo así, veráse fustigado por el ladronzuelo, por el polizonte, por el imbécil , por el canalluca, por toda esa partida de malhechores y de mentecatos refugiados en el periodismo, ancho campo de Castilla, en el que ser periodista suele serlo todo menos una persona decente y de letras, y equivale a arrastrar la cadena de ingratitud que imponen las preocupaciones y los convencionalismos de una sociedad retrógrada y podrida...” para la gente de su oficio.
   Es un párrafo que se ofrece a la meditación ,porque en 1998 guarda una actualidad profunda. ( Consultar las páginas del “ País “, un artículo que lleva por título “ Mi Credo “de mayo de 1898), uno de los alegatos más amargo que figuran en los anales del periodismo español.
   Sus crónicas de Tánger tampoco han perdido ahora ápice de una rabiosa perentoriedad. A algunos ilusos aljamiados se les volverían los dedos huéspedes . Porque es implacables con el muladí: “ Este pueblo moro, tan desgraciado hoy y tan firme en su credo, que se recuesta en la basura y los andrajos de Tánger, fue el pueblo artista por excelencia. Tenemos los españoles el mismo orgullo; el mismo fanatismo de religión; el mismo valor personal; los mismos piojos... “
   Y sobre las levas que marchaban alegres a combatir: “ Otro refuerzo. Otros miles de jóvenes que van a la guerra de Cuba, a la manigua, al surco, a la tumba. Hemos enterrado doscientos mil. Aun hay juventud. Aún podemos enterrar muchos más hombres. Cavemos. Cavemos...”


   A veces sus artículos se convierten en un epicedio o rito de exequias. Salen de su pluma las fúnebres notas de un responso, que recuerdan las danzas de la muerte. Los repatriados son escupidos del interior de los buques transporte y enchiquerados en vagones ovejeros, que se transforman en lamentables lazaretos ambulantes, anticipo de la huesa. Los convoyes avanzan por la planicie castellana portando un cargamento de despojos humanos. Casi eran un pregón estos soldaditos, palúdicos y esqueléticos de los múltiples holocaustos que estaban a la vuelta de la esquina en el azacaneado siglo XX. Hecatombes masivas que se llamaron: El Somme. La Marne, Stalingrado, Brunete, El Ebro, Ausschwitz, Mathausen, Leningrado. Nombres que avalan páginas teñidas de sangre de nuestro cruento siglo XX sin distinciones de rango o de categoría
   A modo de un nuevo Ezequiel que clama sobre los huesos calcinados su dolor a orillas del Qbar, el autor es asaltado por la visión de las calaveras en tránsito, las canillas que suenan, los dientes que castañean a causa de la fiebre. Es una turba de derrotados cuyos huesos crujen en el vaivén de los vagones, ese traqueteo fatídico del tren en el que regresa un ejército derrotado, proyectando sobre el ancho mundo los ecos macabros de las estrofas de un moderno “ Dies Irae “.
   Las garganta resecas aun guardan alientos para entonar una milonga, o una guajira  y rasguean las guitarras desfondadas como para ahuyentar a la muerte o hacer un exorcismo contra su propia desolación. Vibra en el aire entonces la quejumbre de una jota, grito de guerra ancestral y misterioso, trasunto de los familiares dioses del terruño. En las cuerdas de la guitarra rota vibra aún la bravura del ataratxo y del ijujú celtíberos.
   Barcos y trenes fantasmales porteando la carne que se pudre surcan la llanura o aguardan en los apartaderos a la espera de la última orden de expedición. Los brazos de los ex combatientes ya no tienen fuerzas ni para sostener el “ Mauser “. Son los navíos que hacen la aguada del desastre y navegan las postreras singladuras de la carrera de Cuba y de Filipinas. Hay pocos escritores que, como Bonafoux y Clarín hayan levantado acta con tanto patetismo de lo que supuso todo aquello.
   El 15 de febrero es volado el acorazado “ Maine “. Ningún oficial de alta graduación se encontraba a bordo. La mayor parte de las dos centenares de víctimas estaba entre la marinería. El 18 de abril, el Congreso de Estados Unidos aprueba una resolución conjunta, en el que se responsabiliza a España de la catástrofe, y son reclamados daños y perjuicios. Es un verdadero ultimátum. Cánovas se resiste a aceptar las condiciones yanquis que evalúa como un auténtico reto a la dignidad lacerada de todo un país. El orgullo de estirpe hace explosión a lo largo y a lo ancho de los titulares de los periódicos de Madrid. Desplantes, inútil arrogancia, amenazas inocuas. Grandilocuencia española de lo más cutre. Algún plumífero se atreve a llamar a los gringos “ gorrineros “. “ Os haremos adobo y embutido de Chicago “, dice.


   El primero de mayo de 1898 los cañones de la armada estadounidense comandada por Dewey en el Pacífico escriben en Cavite una de las páginas más negras y heroicas de la Historia de España. Sistemáticamente, son destruidos uno a uno nuestros barcos. Hay 58 muertos y 236 heridos.Todas las bajas en el bando del vencido.
   Una semana antes, el ejecutivo USA había cursado instrucciones   a la Escuadra del Atlántico decretando el bloqueo marítimo de la Isla de Cuba. El 12 de mayo los acorazados de Sampson bombardean San Juan de Puerto Rico. El 3 de julio , en medio de la confusión imperante  y al cabo de un intercambio de telegramas que iban de un lado a otro del charco un almirante  Cervera perplejo y dubitativo manda izar la grimpola en el pabellón de combate de su nave capitana. La escuadra sale a la desesperada pero en perfecto orden a  encarar una muerte segura. En frente se apostaba la poderosa formación naval estadounidense, que se limita a hacer carne sobre nuestros soldaditos. Algunos historiadores han definido el desigual encuentro como unas maniobras navales con cebo humano, un ejercicio de tiro al blanco. Perecen los capitanes Villaamil y Eulate. Cervera y su ayudante fueron recogidos en un esquife que les largaran por compasión los vencedores. El grueso de la flota quedó hundida. Los náufragos ganan a nado la costa donde son recibidos con muestras de afecto a causa de su gallardía por los propios insurrectos cubanos. Por algunos instantes muchos cubanitos olvidaron a sus caudillos, José  Martí y Antonio Maceo que habían muerto peleando contra los españoles. En Santiago de Cuba ni en todo el Caribe se podrá olvidar el gesto que pone a recaudo el honor de todo un pueblo vencido pero siempre enhiesto.
   12 de agosto de 1898. Cuatro de la tarde. Sala Oval de la Casa Blanca de Washington. Se firma el protocolo de rendición. España deberá abandonar sus posesiones en Cuba, Puerto Rico e Islas Filipinas. El primero de octubre se firma el Tratado de Paz de Paris, donde se da el finiquito a España como gran potencia. Luis de Bonafoux anota el último acto del drama colonial español con laconismo: “ Hoy uno de octubre de 1898, llegaron los señores comisionados por los gobiernos español y norteamericano para firmar la paz entre la poderosa república y la desfallecida monarquía.
   Pasa a renglón seguido a fijarse en un detalle: el porte de los diplomáticos estadounidenses, que tenía la piel sonrosada y el aire de niños grandotes. Trabajaban en mangas de camisa, mientras el jefe de la delegación hispana, Montero de los Ríos algo cargado de hombros y cresticaído, no cesaba de toser; iba arropado a un tapabocas y embutido en un gabán de alpaca. Contrastan los coloradotes gringos con los españoles demacrados y tristones.
    El comienzo de las reuniones en el Quai d´Orsey coincidió con la hora en la cual los vendedores de periódicos coreaban las últimas noticias del asunto Dreyfus.


   Se comió bien , pese a todo. El periodista, testigo de aquel encuentro en la cumbre, hace la siguiente anotación.” Los platos del banquete estuvieron en consonancia con la índoles del mismo. Hubo una salsa “ Rosette “, un “ canard “ helado y una ensalada “ mimosa “. Todo el mundo estuvo muy digno, rivalizando los comensales en le buen deseo de no mentar la soga en casa del ahorcado. Se almorzó bien. Se bebió mejor. Y a los postres se fumaron buenos vegueros procedentes de la Cuba que se han fumado a nosotros los yanquis...
   Difícilmente se puede expresar con tanta cordialidad y humor el paso de un momento tan trascendente.El marcado contraste de la euforia joven del vencedor con la dispepsia y astenia del vencido. Se enfrentaban dos formas de entender el mundo. La  Europa, caduca, y la américa , vigorosa.  La vida sigue. La firma de Bonafoux empezó a ser cotizada y temida  en los salones. Sin duda se trataba de uno de los grandes cronistas y corresponsales en el extranjero.   El gobierno francés se rendía a sus píes.  Otro día recibió un sobre de 20.000 libras esterlinas. Chamberlain , premier inglés había dicho: “ hay que tapar esa lengua viperina de la víbora de Asniéres “. El interesado tampoco hizo demasiados ascos al soborno. Después de todo no era tan incorruptible como parecía. Con esa suma  se compró una casa de campo en la costa de Normandía .
   Su fama subía como la espuma, pero llegó la hora de las envidias y de los recelos. Durante la primera guerra mundial el periodista español recibió el sambenito de germanófilo. Él, que odiaba a los “ bochos “, el imperialismo prusiano y toda suerte de  imperialismos, pero que no podía menos de ensalzar la filosofía y la música alemana - no se callaba nunca - es invitado por orden del gobierno Clemenceau a abandonar París en el término de cuarenta y ocho horas. Tuvo que malvender sus enseres y sus queridos libros y huir a Londres. Desde allí sigue despachando crónicas para el “ Heraldo de Madrid “. Vive en un sotabanco del barrio de Hammersmith. Tanto su esposa Ricarda como sus hijos Tulio, Clemencia y Lágrima- la bautizó con el nombre de Lágrima, a sabiendas de las muchas lágrimas que ha de derramar la familia de un periodista - pasan estrecheces y privaciones.


   El último envío lo data la víspera de su muerte ocurrida el 28 de octubre de 1918. De un aneurisma, a las once de la noche en su domicilio londinense, número 148 de la calle King Street, de Hammersmith. Tenía sesenta y tres años de lucha quijotesca contra la adversidad aquel pugnaz atlante de la pluma, aquel banderillero toreando en las mejores cuadrillas del 98, abogado de todas las causas perdidas. El “ Heraldo “ inserta el 29 de octubre el cablegrama del audaz cronista que murió a pié de página en portada junto con una sentida nota necrológica, en la que vuelven a endilgarle el sobrehúsa de “ humorista “ a él que era el pensador serio y profundo. Tuvo que ser inhumado casi de caridad en el cementerio de Kensal Green, donde yacen sus restos al lado de su querida esposa fallecida tan sólo unos días antes, Ricarda Valenciaga  - por ironías del destino: el que había tachado a las españolas de histéricas y cursis vino a casarse con una vasca afincada en Madrid -, que había dejado este mundo unos meses antes. No  lo pudo soportar. A partir de agosto el león se desploma.
   Había gritado la verdad sin ropones dialécticos. Sin ambages. Todos los grandes escritores de su tiempo- Baroja, Azorín, Joaquín Dicenta, Galdós, Unamuno - reconocieron su inmenso prestigio. Vieron en Bonafoux, conocido por su seudónimo de “ Aramis “ o el apodo de” la Víbora de Asniéres” a un digno heredero de la trayectoria de Larra y de Quevedo. Era todo un escritor de la mejor vitola. Hoy casi olvidado
   En 1974 al visitar su tumba en el cementerio de Londres sentí una extraña emoción. Está el lugar al lado del hospital maternidad de la Princesa Beatriz, donde casualmente un 20 de mayo nacería mi hija
   Bonafoux le hace sentirse a uno orgulloso de haber abrazado esta bronca, pero maravillosa profesión del periodismo. Como él, yo también he sido corresponsal en Londres y he sentido la mordedura emponzoñada de las culebras del fondo de reptiles.
Yo también sangro por la misma herida. Comprendo la cólera nazarena de este caribeño que amó a su patria sin haber sido nunca ni comprendido ni correspondido.Fue él de todas el rey de los cronistas. La cólera disfrazada de ternura. Tenía que ser así, porque vivió momentos difíciles. Un heraldo de lo que habría de venir, aunque al egregio “ Aramis “ le cupo en suerte tener donde escribir. Este nazareno de la literatura, este paciente Job, que vino a los suyos y los suyos no le recibieron, por más que lo temieran, lo odiaran, y, transpuesto el dintel eterno de la sepultura escupieran sobre sus restos y lo quemasen en efigie, porque España , si de algo nunca adoleció fue de algún que otro auto de fe, alguna ordalía, siempre tuvo un  órgano de opinión en el cual exprimir sus conceptos                                          
                                                  * * *                           
 
                                                       
 
 
 
 
  VIII
 
 


MUCHOS MONTEROS LA GARZA COMBATEN                                                               ****
 
M. DELS SANTA OLIVER, EL GANIVET CATALÁN
 
                               
 
 
 
La poesía tradicional española es no sólo fuente de conocimiento y de experiencia sino también una especie de analgésico que brota de la boca del pueblo en los instantes más solemnes. Aquí se sabe bastante de sufrimientos y de infamias, pero pocas naciones del planeta tienen a su alcance una riqueza cultural tan prestigiosa para pechar contra las dificultades. Este patrimonio hace al habla castellana única, por más que muchos hoy traten de obviar este hecho. De la pléyade de autores - esto es una verdadera desgracia nacional - sólo se conocen unos cuantos que en la mayor parte de los casos no suelen ser los mejores, aunque sí los famosos. Pero vinimos insistiendo en que el concepto de famoso, según la acepción antigua, se ha devaluado. Hoy contamos con un sinnúmero de famosos instalados, calderilla mitótico, tonadilleras y toreros de quita y pon, pero es muy escasa la lista de celebridades.
    No hay más que echar mano del romancero , o de las Soledades de Góngora para adentrarse un poco en la riqueza órfica, ese laberinto maravilloso que es la gran literatura española. Aquí está el ejemplo:
  Muchos monteros la garza combaten.
  Por altos oteros los perros la llaten.
  Neblíes, muy veloces, sobre ella se abaten.
  Bueno será no la maten. ( Anónimo del romancero tradicional)
   Este madrigal , atribuido a Cristóbal de Castillejo, resume en esencia lo acontecido en el año fatídico. La garza que huye del acoso de los podencos , tantos interiores como exteriores, que la persiguen, es un símil de España en la tesitura del desastre. Detrás vienen arreando las rapaces, buitres, gavilanes, esos halcones inconfundibles de pico curvo y mirada penetrante - Cronos que devora a sus hijos -, gesto fosco y el corazón helado, pajarracos encaramados, aves de presa en alcándara  que aquí con alta frecuencia ocuparon los podios de privilegio..


   El peor enemigo del español y lo español es... El cainismo hizo siempre aquí más daño que las termitas. Puede que el sarcasmo de Bonafoux se ensañase con algunos estamentos de la clase dirigente, pero no marra, cuando, al hilo de la visita que hizo el Sr Castelar. Que comía con los dedos y tenía la fea costumbre de aplastar los garbanzos en la calva, a  París, dice: “ Estos políticos nuestros, ay, que a los plumíferos españoles no les dan ni una tagarnina, se dedican a regalar cigarros puros y a sobornar al francés y pagan fuertes sumas de dinero por una entrevista “. Resulta casi un apotegma infalible a la hora de definir el papanatismo nacional. Lo serviles y espléndidos que podemos ser con el de fuera, y lo cicateros y ruines con el que tenemos dentro. Que es mejor en cualquier caso que el que se llama Thompson, o Schmidt, o monsieur Dupont, pero que tuvo la desgracia al nacer de apellidarse López. Otro gallo le cantaría, si en lugar de ser Pérez, fuese un - Mac Pherson o perteneciese a un clan de familias  de doble dígito. Este atavismo bien puede venir del tiempo de los godos. Un anhelo que ha estado siempre entre nosotros de probar que somos mejores que el vecino, que nuestra ejecutoria de hidalguía es más probada y despampanante que la ajena.
    Así nos pinta. Dicen los ingleses:” The green in the other side is greener than my own “ El verde del prado de enfrente es más verde que el de mi cerca. Pero es ésta, la de cuño anglosajón otra clase de envidia muy diferente a la hispana que se siente todavía dominada por el concepto de tribu. No es el odio africano, quizás un legado del soterrado carácter moruno corriendo por nuestro torrente sanguíneo, que a nosotros no nos deja vivir, y puede ser que explique la falta de una habilidad manifiesta para establecer un clima de estabilidad en la convivencia.
   Sin solución de continuidad aquí está el cerrilismo de los que viven aferrados al BOE, los amantes de las  menudencias, masa funcionarial donde sólo descuella el gregario y el mediocre, pero que es un lince en la aplicación   de los artículos competentes, apasionado de la letra muerta, y el ácrata, el ultramontano y el conspirador. No hay término medio. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.


   Ahí, sin ir más lejos, tenemos el caso de CJC, que se pasó muchos años metiendose con la España del boletín y tente tieso, y es ahora parte de los VIPS. El otro día le arrearon unos milloncetes para su fundación de Iría Flavia, cuarenta, que es un buen pico. “ Os pimentos do Padrón unos pican e outros non “. A las veces, y de qué manera en otras partes, se convierten en guindilla y en pimentón. Porque, mientras a nuestro laureado Nobel le caían esos verdes a montón ,  hay editoriales como “ Opera Prima “ entregada a la loable labor de fomentar la lectura y abrir la puerta del Parnaso a los inéditos, que tan crudo lo tienen, y que están al borde del cierre, y que no reciben un céntimo del Ministerio del ramo. Se conoce que la fórmula del que “ aguanta gana “ le ha dado buenos réditos al coloso de nuestras letras, a nuestro Nobel, en detrimento de los jóvenes y los que pretenden abrirse paso en el reino de la literatura, que sigue siendo avispero más abigarrado y zumbón  hoy que cuando el bueno de Bonafoux bajaba al Tártaro de los cenáculos literarios matritenses y tiraba de la manta. Allí ,en los sotabancos de la hedionda cloaca, madriguera del fondo de reptiles, se enroscaban sapos y culebras.Los postmoderno puede que les saquen ventaja a aquellos castizos agamenones “fin de siècle”. Pero nada se puede hacer al respecto. Con estos bueyes hay que ir a labrar.
   Actualmente, a efectos del engorde de la res ,y por los apoyos que brinda la ingeniería genética, cunden batracios y ofidios de envergadura mayor. Se han sofisticado. Ululan y pululan por entre bastidores con gran alacridad. Las lagrimas de Larra, el que dijo que en este país escribir es llorar se multiplicarían por diez. Ya no son aquellos muertos de hambre de “ pasen los periodistas y coman , señor marqués “, sino de auténticos millonarios con caja blindada ,talonario de cheques, y su nombre todos los días rodando por los papeles, hasta en la prensa rosa ,You have to sell, baby, a los que habría que echar de comer aparte.  
   “ Miro los muros de la patria mía “. Dicen que el mejor amor a España es aquel que nunca tiene que decir nada. Pero hay algo de trágico en este mutismo y mansedumbre. Vengan cajas de puro a estos señores, que hablan en inglés y parecen tan listos. Pero a nuestros pobres “ pelaos “ ni un mataquintos. Ha dicho el jefe que te presentes. ¿ Quién yo ?. Sí, tú. Aquí, el que se mueva, a lo poco, lo meten mano y a lo mucho, un zurrío. Quevedo, el monstruo de nuestras letras, se tiró un lustro en un penal por una mala coplilla. Eh, tú, espabila.
   Pero ni puto caso.
    Si tú te llamaras Paúl Preston, aunque seas un merluzo, o un torrezno de esos con que se adoba el Yorkshire Pie, pues, todas las puertas francas. Pero , como te apellidas Parra, y encima te gusta el vino, tu padre se llamaba Silvino - que predestinación más dulce y carismática a las dulces caricias de Baco - y a mucha honra, que fue el mejor padre del mundo, por mucho que le hayas enseñado el castellano al historiador ese, cuando desasnabas potros y les metías en la sesera las normas de la Gramática de Nebrija en aquella High School de Hull,aquellos chiquitos privilegiados, algunos de los cuales acabaron en Oxford, como Preston, el caso que nos ocupa, te dan con ellas en los hocicos. Te sueltan aquello de “ Hagame usted el favor, señora “ o “ Vuelva usted mañana “. O algo por el estilo.
    Ya digo: aquí, donde todo es cuestión de rangos y bien que distinguimos a los caballeros mutilados de los  jodidos cojos, eso de adornar nuestros blasones con algún roel extranjero mola harto.
   Muchos monteros la garza combaten... El estro de este inspirado poema, rutilante espasmo donde brinca la pena por nuestras desdichas nacionales, en su tono elegiaco es una rigurosa profecía de lo que sucedió y de lo que aun puede suceder. Si continua la caza, de la pobre zancuda no van a quedar ni pluma. Se la comerán los lobos y la rapacería de los “ ligeros neblíes “ dará bien pronto cuenta de ella.


   Habrá que hacerse la misma pregunta que se formulaba Ganivet por estas fechas, hace justo cien años.¿ Habremos llegado al finis Hispaniae ? ¿ Han empezado a escribir en la pared y la ominosa frase que vio Daniel “ mane tetzl fa res “ crepita sobre nuestras cabezas ? No hay respuesta posible a tal interrogante. Muchos no leen la Biblia y tienen a San Daniel, el gran profeta, metido en el pozo de los leones. Quieren aherrojar su voz tremenda, que, desde el hondón del pozo de los siglos, prosigue lanzando el tremendo aviso del Señor: mane  tetzl  fares ( mañana vas a morir; mañana me has de rendir cuentas).
   ¿Quién piensa en eso ? La ciudad vive alegre y confiada.¿ Oniromancias decían vuesas mercedes? Aquí el único mago autorizado- está visto que en España la guija de los astrólogos y “ veoras “da a dos calles: al aire de la briba y al de la decadencia-  es el brujo de los famosos, ése de las túnicas recamadas de oros y la melenita rubia “ de bote “ que les lee las cartas a los personajes del papel rosa, y les palpa la chequera y entra arrollador como una elefante de la ciencia infusa en la cacharrería de la fatalidad ¡ Maldito Rasputín ! Vale ya de tanto vidente y de tanto horóscopo
  . A Cristo lo han convertido en un curandero o un demagogo. Más no quieren saber. Y comamos y bebamos que mañana moriremos.. La palabra solidaridad ha venido a ocupar el lugar de la caridad. De justicia no se hable. La fe y la esperanza andan por los suelos. De la vieja religión de nuestros mayores está haciendo mera filantropía. Siempre es un peligro convertir a la Iglesia en una ONG que se encargue de las tareas  menestrales del “ remedial work “ y dar el visto bueno y cohonestar los atropellos de un sistema injusto , que practica el “ dumping “ con todas las bendiciones papales , vende armas a los contendientes reavivando las llamas de antiguos enconos étnicos y de las reivindicaciones nacionalistas de signo tan feroz como troglodita y mostrenco para que se maten unos a otros en el Continente de la Sed, y luego manda unas monjitas a curar a los pobres negros. Así se lava la mala conciencia. Lo que hacen esas monjitas es heroico ,pero mucho más heroico sería que el misionerismo no hubiese tenido que ser nunca, ni que tuvieran que salir esos religiosos de sus conventos. Porque aquí en la Europa finisecular , tan católicos como somos, no andamos muy sobrados de la Palabra de Dios, y muy ternes en la practica del Mandato Nuevo, esto es el Amor, piedra basal de todo lo que en el pasado constituyó nuestra civilización. Se quiere buscar al prójimo en las chimbombas, cuando es nuestro vecino al que no le damos los buenos días, o el hermano con el que no nos hablamos desde hace mucho tiempo. La mujer a la que se falta al respeto, o el marido al que se grita o al que se ponen los cuernos
  ¿ Es este el estilo y la clase de civilización que queremos inculcar a los pobres negritos?


   Luego se presionará a los gobiernos para que levanten las restricciones a la inmigración, porque aquí lo que parece haber empezado es el tiempo de angustia y congoja , pressura gentium , anunciadas por el Evangelio , estando en marcha todo un plan de inculturización de río revuelto, que no es - a nuestro modo de ver - sino un proceso  de descristianización a marchas forzadas. El descepe de la viña del Señor .La caridad empieza por el “ gnosce te ipsum “ pero, aquí ni caso. Eso sí: nos perdemos en altos conceptos y maximalismos sin tener la retaguardia a cubierto ni poner el orden en nuestra propia casa . Nos metemos al oficio de redentores cuando nosotros mismos estamos perdidos en la barahúnda  de nuestros propios desarreglos. El viejo aforismo reza lo de juntos pero nunca en cama redonda. El río ahora por desgracia anda muy revuelto, con lo que estará habiendo mucha ganancia de pescadores, pero corre peligro de salirse de madre.
    Por eso,  hay veces que pujos de bilis vomitiva se nos sube a la punta del gañote. Casi dan arcadas. Y, goteando cólera, la pluma tiene el deber de alzarse contra toda esa morralla de charlatanes, vividores y pancistas, hermanos de la Orden de la Garduña, que Dios los cría y ellos se juntan. Es la mayor institución junto con los jesuitas ( porque aquí la muleta del perista y la boina del pordiosero marchan concomitantes con el escapulario y la camándula del fraile, y el puñal que defiende la honra ) ha dado este país a Europa. La Contrarreforma  es cosa de místicos, iluminados y de valientes capitanes y conquistadores por un cabo y , por otro, de pícaros, hampones y busconas. Todos ellos iluminados , provenientes de conversos, que en un país de castas como éste, nunca podrán lavarse de la sospecha de sangre manchada. La palabra de doble acepción, la expresión retorcida como en esos cristos de Gregorio Hernández en que la gubia ha querido arrancarle quejumbres y ayes de dolor al pino y estrellas al pedernal. Teresa de Ávila cuando cuenta cómo fue transverberada no hace otra cosa que relatar un orgasmo, y no lo decimos en son de irreverencia, sino para explicar esta visceralidad a la vez hipócrita, desmadrada siempre como buena extremista, fruto del cálculo.  Los marranos, como se sentían un pueblo cercado, ponen en juego sus recursos. Utilizan por primera vez el metalenguaje.
   Ellos apuntalaron la tambaleante fe muriendo por el Papa en las llanuras de Flandes o, licenciados de las levas, se convirtieron en mendigos, patibularios desharrapados, carne de horca. Para su consuelo, y el nuestro, recordemos que Cristo fue el personaje más ninguneado y triunfante entre los hijos de los hombres. España , una nación a la cual, por defender la fe del Gran Perdedor - nación grande y eterna- le ha tocado desempeñar el papel de antagonista en la Historia, papismos aparte. Tantas veces hemos tenido que ir por la vida de nones. Pero en nuestro fracaso estará algún día nuestra exaltación. Será la compensa a tanto menoscabo, a tanto silencio, a tanta cólera. El símbolo de la garza acosada por los monteros, latida por los podencos y abatida por el gavilán es un símil deslumbrante de la tragedia que comporta en unos cuantos casos el sentirse español. Y cristiano. No judío, ni mahometano. Cristiano como el Cid, un mozárabe. El término católico con el paso del tiempo se ha desgastado y no responde a su sentido de universalidad ecúmenico, sino a una particularísima forma de interpretar el mundo desde el dogma romano. No se ha de perder de vista que la reacción contra Lutero fue llevada adelante por conversos. Santos y místicos que venían del Judaísmo: jesuitas, Teresa y Juan de la Cruz, el propio Francisco de Sales. Desde el Renacimiento las arcas de los papas, el dinero de San Pedro, ha estado en manos de financieros hebreos. Las obsesiones sexuales, el culto a la personalidad, la frialdad sibilina, la visión personal de Dios, están en el Levítico.


   Ante semejante espectáculo, se nos amotina la sangre en las coronarias. España contra todos. Violada, escarnecida, risum teneatis de la historia. Ya lo avisó Quevedo en la “ Hora de todos “. Pero ese aviso le valió primero el destierro y luego una mazmorra . Acabaron por llamarle “ jodio cojo “ y , por haber proclamado la verdad, todo un exorcista de los demonios familiares o un diácono en su mejor hora que sube al púlpito a proclamar el Evangelio ( “ no recibiréis poderes contra la carne y contra la sangre sino contra los espíritus inmundos que pueblan el aire “ les amonesta el obispo en la liturgia de ordenación a sus diáconos ) le siguen ninguneando la gloria, alegando Dios sabe qué historias de que se metió con los genoveses y de que hace chirigota del judío,   él que ha sido el mayor hebraísta que dieron las Españas. Doble sambenito. Triple coroza. Por eso, el grueso de nuestras letras está integrado de grandes desconocidos. Los Olvidados del 98 sirven para alimentar el fuego sagrado. Para guardar la memoria.
   Dentro de ese rango habría que evaluar a Miquel dels Sants Oliver, autor de uno de los grandes libros sobre esta gran encrucijada, la enorme incógnita que, a lo que se ve, permanece sin aclararse. Se llama la obra literatura del Desastre. Es la versión más perspícua  y circunspecta de lo acontecido y contada por un catalán, nacido en Mallorca, que fue periodista y director de “ LA VANGUARDIA “. Es un hombre avisado y diserto , desde la franja mediterránea , la del “ seny”, del “ cap i cassal de Catalunya “, apasionado catalanista pero español de cuerpo entero. Sus escritos y percepciones acrisolados de serenidad reflejan ese juicio ecuánime que falta siempre en Madrid, donde las cosas tienden por fas o por nefas a ser sacadas de juicio. Aquí se cae en la adulación lisonjera o en el desmelenamiento. En la altiplanicie las cosas se ven  con harta frecuencia sin proporción. Quizá sea un vértigo de aceleración centrípeta, un mareo en el que no suelen incurrir, a diferencia de los   mesetarios, los españoles de ribera.
   De la misma forma que el mejor canto a España está en catalán- brotó de la pluma  la pluma de un cura de Vich , mosén Cinto Verdaguer, en la “Atlántida, han hecho aquí mucho más daño los separadores al uno y al otro lado del Ebro que los separatistas.” De Castilla nada, menos la lengua y de Catalunya, todo, menos la lengua “. Al socaire de dicho tropo en el que se condensa el drama misterioso o el extraño fenómeno de por qué a nivel oficial el idioma de Llul deja de utilizarse a partir del s. XVI. Se produce una parálisis, una especie de afasia, pero es una afasia enriquecedora para la cultura española, porque , pensando en catalán, la mayor parte de los autores, desde Boscán para atrás - nació en Barcelona en 1501- escriben en castellano.Hoy afortunadamente la lengua del “ sentit comú “ y del “ Virolay “ está en vías de recuperación.
   Lo demás ya se conoce: muchos abusos. Desde la desproporción aquellos profesores años atrás que negaban a ese inmenso idioma de Corominas la entidad de lengua endosándola la categoría de dialecto hasta los que pretenden volver el cuadrante del reloj muchos siglos en dirección inversa.


   El Principado fue el gran perdedor industrial de la derrota del 98. Ese es un hecho inconcuso. Representaría una pérdida de masa salarial y de riqueza. Industria naviera y tabaquera, emporio textil, etc. Ello redundaría en los luctuosos sucesos de la Semana Trágica de 1909. La liquidación del último florón del imperio comportó el derrumbamiento financiero de no pocas empresas. Por eso tiene importancia la versión de la catástrofe vista desde el blanco de mira de esa ciudad moderna, industriosa , adaptada a los cambios y de un perenne aire cosmopolita que ha sido La Ciudad Condal Es una región con fuero y lengua propia, pero la que ha ido tirando del carro de este proyecto de futuro que se ha dado en llamar España
.    Sants Oliver es otro de la pléyade , innumerable estirpe del gran canto diaconal de la literatura hispánica, canto tanto más sublime cuanto más anónimo y entonado por diletantes. Su austera voz se confunde dentro del guirigay de los charlatanes de feria. Los que más gritan,- porque aquí se lleva también aquello de que el que más chifla, capador-se llevan la flor de la grana. 
    Oscuro nací, oscuro me hallo. Nada fui en los cinco lustros que llevo consagrados a mi pobre pluma; nada he de ser en los pocos que el promedio de la existencia humana me pone por delante. Nada más que un hombre que dice la verdad: que   la dice en alta voz sin componendas ni flojedades sobre asuntos y en momentos de tanta gravedad como los presentes” M. Sants Oliver, “ La cuestión previa”1915.
.     Habiendo escrito más de una docena de libros, todos yacen en los cajones  olvidados. Su obra de pensador y de ideólogo que escribe en los papeles fue exhumada y rescatada por Gregorio Mir, que escolia alguno de sus textos en una obra publicada en 1975.El oscuro periodista palmesano es una de las figuras significadas del movimiento de la renaixença, un movimiento literario periférico, coincidente con la Restauración y el fuerte impacto psicológico que produjo en Castilla la derrota por Estados Unidos. Añade a su condición de catalán la de mallorquín.
   Poca gente sabrá que las Islas Baleares fue tierra de asilo y de libertades durante las conmociones ideológicas que conmueven a Europa durante el s. XVIII, las guerras napoleónicas y carlistas del siglo subsiguiente. Es la provincia española que tuvo una relación más estrella con el Caribe. A partir de la Desamortización de Mendizabal se produce una gran emigración de capitales. La sublevación independentista de Maceo determina un regreso del rentista balear.El espíritu mercantilista , abierto, liberal, pero siempre sobre los límites de una moderación ejemplar ( el liberalismo no es más el respeto de las ideas del contrario y la creación de un ambiente de armonía en la convivencia que para nuestra desgracia los liberales de tierra adentro rara vez pusieron en práctico y ahí está el nefasto ejemplo de Fernando VII) posibilita esta singularidad mallorquina. El retorno del dinero indiano determina el establecimiento de inversiones en la industria zapatera y textil, y la modernización de su agricultura.


   Nunca perdió su librea de  moderación. En su obra, tanto la redactada en castellano como la que escribe en catalán, asoma el rostro un hombre del centro. Miquel del Sants Oliver se acerca al perfil de “ santo laico “, de intelectual íntegro que va a ser un predicado encomiable del que participan bastantes krausistas y algunos epígonos de la  Generación del 98. Trata siempre de ser un regeneracionista, que hace titánicos esfuerzos para abrir al país a la modernidad, una modernidad que ha de basarse en ciertas condiciones atávicas de lo español: la variedad regional, nuestra glosolalia o riqueza idiomática, el respeto del fuero y de los usos y costumbres, un concepto amachambrado en nuestros códices de jurisprudencia desde el Fuero Juzgo, todo eso que allanaron el centralismo borbónico y la revolución francesa.
   Y da una serie de ideas para crear un pacto de convivencia entre los españoles, que son tan aprovechables a lo que parece que el propio presidente Jordi Pujol, que será todo lo que se quiera, pero que es un gran demócrata y ha dado grandes señales de paciencia tolerante, porque en estos años de cambio a un nuevo régimen no se ha producido un sólo muerto a manos del independentismo catalán .Otros no podrán decir lo mismo. Aunque los retos y peligros siguen siendo los mismo. Se puede abominar del  centralismo francés, o del español, para caer en las garras del europeo o del norteamericano cuyas garras pueden ser más deletéreas y perniciosas para el espíritu catalán empapado de sol y de mediterraneidad. Todo es un ten con ten.
   Nacido en Palma de Mallorca en 1868, hijo de un profesor, en la adolescencia empezó a colaborar en el diario local La Almudaina ( La Muralla) , se trasladó a estudiar Derecho a Barcelona. Allí fue alumno de M. Milá y Fontanals, el egregio filólogo y preceptista literario, y entra en contacto con círculos del importante movimiento de resurrección cultural catalana, renaixença, y asiste con poesías y colaboraciones en los llamados Juegos Florales. Es la primera modalidad de concurso literario, que en una país donde escribir siempre es llorar abre las puertas a los escritores y poetas noveles, que se originaría precisamente en Cataluña.  El “Nadal” y el “ Planeta “ no serían sino una glorioso corolario de esta invención hija del “ seny “, que lleva el sello del posibilismo y del mercantilismo que los catalanes, maestros en el difícil arte de hacer negocios, imprimen a todo cuanto tocan, y que tanto hizo en pro de la cultura. Fruto de este espíritu regeneracionista que honra a Cataluña, después de los grandes desastres, y que tira del carro de España cuando parece que ya no quedan horizontes, de los Juegos Florares son Prat de la Riba, Verdaguer, el gran periodismo del diario de LA VANGUARDIA, los prestigiosos grupos de filólogos, latinistas, medievalistas que nacen al pairo de la cátedra de M. Milá i Fontanals y que han dado figuras tan eximias como Corominas, con sus discípulos destacados: Martí Riquer, Mariner Bigorra, etc.Sin ellos, en política, no hubiera sido Antonio Maura realizable. Y, en filosofía , Balmes.


   De otro lado, sin premio Nadal, que inicia su andadura en el difícil año de la postguerra 1944, hubiesen quedado inéditos Delibes, Carmen Laforet, Ferlosio, Gironella, Vidal Cadellans, malogrado  autor de “ Cuando amanece “, una de las mayores novelas de las escritas en la segunda mitad del presente siglo y también, ay ,casi un desconocido.       
    Renaxainça catalana , un movimiento esteticista- historicista, similar al que se registra en Inglaterra con los prerafaelitas, contó con figuras como Mariano Aguiló, J. Yxart, Narciso Oller y otros literatos ilustres.
    No fue profeta en su tierra. Aún teniendo la isla una gran tradición de tolerancia, este autor nunca pudo liberarse de los recelos que suscitaba allí hasta hace poco tiempo la condición de su origen chueta - cosa que parece atestiguada -. De consiguiente  Sants Oliver en 1904 se traslada a Barcelona, la ciudad que amó y en la que mandó ser enterrado. Allí en contacto con figuras prominentes de la Lliga es nombrado redactor del “ Brusi”, el periódico más antiguo de España y que no es otro que el “ Correo Catalán “. Los angustiosos momentos vividos en la ciudad durante la Semana Trágica, prólogo de la revolución rusa y de la Gran Guerra, harían que el joven escritor se desconectasen de los sectores del nacionalismo exaltado y empieza a pensar en una solución ecléctica para resolver la problemática del binomio castellano-catalán. Bajo la protección de su paisano, aquel otro gran mallorquín que se llamó Antonio Maura, es nombrado director de “ La Vanguardia “ y colabora asiduamente con el ABC de Madrid.
   Escribe con profundidad y maravilla a sus lectores con las galas de un estilo depurado que siempre está a muchas más atmósferas de  alturapor encima de la media general. Tiene ideas propias sobre su oficio y mantiene una concepción original de la historia de España, que es un eco de las ideas formuladas por Marcelino Menéndez y Pelayo para quien las Españas han de enriquecerse mutuamente bebiendo en los caudales de la tradición y de la lengua, nunca excluirse mutuamente ni autoaniquilarse. Ese concepto le conduce a mantenerse a cierta distancia de los afrancesados.Recuerda que Cataluña tuvo una papel relevante en la lucha contra Napoleón. El tambor del Bruch sonó como  primerizo grito de guerra del pueblo español sublevado frente a la invasión en las laderas de Montserrat. Agustina de Aragón nació en Barcelona, en realidad.
   Él divide a los escritores en cuatro apartados: los “ satanizados “ que todo los destruyen; los impasibles “ stendhalianos”, que cuentan lo que ven o lo que ellos creen ver pasando el espejo al lado del camino, pero sin comprometerse; los “ olímpicos “ que están más allá del bien y del mal y su título de consagrados les vuelve intocables. Y, por último, están los “ humanos “, aquellos que utilizan el genio no en beneficio propio sino  para ayudar a sus semejantes.  Por ese espíritu imbuido, no hace más que referirse al “ sentit comú “ catalán, y quiere que se exporte a todas las demás comarcas de la Península Ibérica. En este matiz se muestra, si se quiere, profético Sants Oliver al hablar del papel mediador que ha de jugar Catalunya en la reconciliación de las Españas.


   En 1918 aquejado de una parálisis, enfermedad que, a causa de la vida sedentaria y de su vida estudiosa y llena de trabajos - había envejecido prematuramente - es recluido en un hospital.  Con todo y eso, hasta su muerte, en el lecho del dolor, que acontecería dos años más tarde, a los 56 de su edad, no cesó de escribir. Su obra bilingüe es una de las más interesantes, por lo que tuvo de callada y de titánica,y porque está tamizada por una visión profética en lo que respecta al porvenir de la España de las autonomías históricas, una idea de su inspiración, y tendrá que ser consultada por los historiadores . Debería de ser, por lo pronto, un libro de texto en las Facultades de Periodismo.
   Su talante humanitario, su “ santidad laica “ de hombre bueno y solidario se refleja, por ejemplo, en el alto concepto que tenía de su oficio. Dice al respecto:” El periodista debe ser una especie de vigía de la sociedad, y un vigía ejemplar. Yo llamo periodista no al hábil , primoroso y mágico , hilvanador de artículos deslumbradores, cuyo sentido, cuya deslealtad, cuya falta de verdad objetiva e intención elevada, se hace evidente a los ocho días de su publicación, sino a aquellos a los que puede someterse a un juicio de residencia su pasada labor y su artículos pueden ser leídos sin perder lustre muchos años más tarde. Estos son los grandes periodistas. Aquellos a los que su obra les sobrevive”.
   Pero aquí andamos entre medias de “ satanizados “, pasotas a lo Stendhal con la sangre de horchata y olímpicos alzados sobre la cima de la cucaña. Los que escriben con la mano en el corazón, los de la expresión honrada, el pensar alto y el vivir austero, corren el riesgo de situarse extramuros de la ciudadela de lo político correcto.La cultura de lo leve significa eso, pero el fenómeno no es de ahora. Pasaba lo mismo a primeros de siglo. No sirve darle más vueltas. Es cosa averiguada el que el estigma de la desolada incomprensión ha afectado durante generaciones enteras a muchos españoles de bien. Sants Oliver , menos atrabiliario que Bonafoux, viene a decir lo mismo que él, aunque  con más suavidad, con menos sarcasmo, pero con la misma profundidad. Es mejor pensador aún este sesudo catalán.
   De consiguiente, también le pusieron la proa, condenandolo al ostracismo del silencio, que en un periodista viene a ser una suerte de muerte civil. La garza cayó presa de sus perseguidores: monteros de pimpampum, los galgos y los podencos de la envidia, la banda de buitres ojo avizor. Su filosofía, con todo, es relajante y terapéutica, como la de Picanea. Como la de Costa y otros grandes navíos de altura que navegaron en las aguas bravías, llenas de vaivenes y de turbulencias de la España de la Restauración. Si hubiese sido un panfletario a palo seco, tal vez su obra hubiese alcanzado mayor renombre. Pero está ahí. A disposición de los investigadores y eruditos que algún día se  vieren en la obligación de exhumarla para gloria de la verdad. Sants Oliver demostró que se puede amar a España incluso pensando y escribiendo - y de qué manera - en cualquiera de sus lenguas.


    Pero era un quijote luchando contra los molinos de viento del destino que vuelcan el aire con sus aspas implacables. El canto de la verdad proclama un reino que tampoco pertenece a este mundo. El sueño de España es un sueño en bancarrota sujeto a las veleidades de la razón sutil y a los extremismos desaforados. Hoy se mitifica a Picasso, un pintor de elites que los apasionados de la filomanía continuamos sin entender a que tanto ringorrango ( no se trata de un pintor sino de todo un montaje político ) con la misma exacerbación con que otrora se hizo un mito de Ignacio de Loyola o de Teresa de Cepeda y Ahumada.
   Pronto el péndulo se disparará hacia la otra cúspide, porque en este mundo no hay deuda que no se pague ni plazo que no se cumpla. A los poetas y a los profetas les toca cantar la verdad, de igual manera que a los diaconos pertenece el canto de la Angélica  la noche de la Resurrección. Hombres absconditos como Sants Oliver honran esa sagrada función sin que les preocupe ni poco ni mucho el ser o no ser oídos. A lo largo del tiempo seguirán desenmascarando caretas, alzandola la tapadera de las ollas podridas, o tirando la manta. Porque ello forma parte de su sagrada misión.
   Este mallorquín se anticipa a lo que puede venir. Huele a pólvora. Los campos se teñirán de púrpura . Teme que no se cumpla su sueño acerca de las cuatro categorías bien diferenciadas entre los que se dedican al cultivo de las letras. Al final, los hombres de corazón limpio que empuñan la pluma tensa e inmaculada entre los dedos , como un píxide eucarístico , son preteridos, se les tiene como a penitentes en Semana Santa o por tontos del capirote, o sufren mermas y desprecios a manos de los literatos de relumbrón, los olímpicos monstruos sagrados, los stendhalianos cínicos o los simple y meramente satanizados. Cataluña pierde su “ seny “. Incurre en el vicio que tanto fustiga: la chulería del de los madriles o el cerrilismo retrechero de un navarro recién acabado de comulgar.
   Pasada la moderación de figuras significativas del grupo “ renaixança “ les toca el turno a los exacerbados militantes de “ esquerro “ ( los Rahola, los Cambó, los Companys  con todo el aparato de secuaces, aristarcos y corifeos de “ terra lliure “. Entre ellos se encuentra uno que pasaría a la historia con fama de circunspecto payés y que gozó de inmensa popularidad en los tiempos de Franco: Josep Plá . Durante los años 50 y los 60 sus artículos en “ La Vanguardia “ y en “ Destino “ eran ampliamente jaleados. Nadie hubiera acertado a suponer que tras aquella gorra de campesino bajo la que se enmarcaban unos ojillos irónicos como punta de alfiler y aquella parsimonia cazurra con que liaba los caldo de gallina se escondía la indómita casta de viejo revolucionario y uno de los hombres más estrechamente ligados a Cambó. Vivir para ver. En el laberinto español ( no podría ser de otro modo para sobrevivir) el tránsfuga es una especie de institución..
 
 
                                                     **********
                                                        *******        
.
 


                                                  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
(X)
        FERNANDO VILLAAMIL,
        EL  HÉROE ASTUR


        DE LA BAHÍA DE SANTIAGO
 
                                               ººº   ***   ººº
Dicen los astrólogos: las estrellas no fuerzan sino que inclinan. Virgilio, por su parte, ya advertía que la fortuna sólo ayuda a los que la intentan o la combaten y entablan la búsqueda, lo que es un equivalente al axioma cabalístico de que Dios ayuda a los que se ayudan a sí mismos. Estas reflexiones nos llevarían bastante lejos. Como, por ejemplo al misterioso plano de las relaciones entre la fatalidad y el libre albedrío que dio pie a finales del medioevo al sañudo enfrentamiento entre la  teología católica y la protestante.
    Sin embargo, cualquier historiador o curioso que se meta en los anales de la crónica de los hechos y de los dichos, las guerras con la espada y las polémicas con la palabra, los absurdos más o menos pintorescos o las leyes de la casualidad que marcan el rumbo de las personas y de los colectivos, se dará de bruces contra un muro
   Hay cosas que parecen dictadas por el capricho y la veleidad, jamás por la lógica, en el complicado dédalo de las relaciones humanas y de los hechos objetivos
    Es un acontecimiento singular que instiga a la reflexión el que la mayor parte de los cabezas de lista de lo que se ha dado en llamar generación del 98 no fuera a la mili.
   Existe un callejón sin salida. Por esos andurriales se acaba en la charca de la incongruencia fatídica. Pero, si es cierto que no caben futurologías a estas alturas y que también hayan de ponerse en tela de juicio los ensalmos y conjuros de la brujería tan corriente por estas fechas en que la superstición asoma la oreja, tampoco hay perder de vista una realidad contrastada: que hay naciones e individuos sobre los cuales parece cebarse el infortunio.
    El signo astrológico ( y mira que no nos gusta volver a los horóscopos ) que les da el nacer parece guardarles ojeriza. O lo que es lo mismo: unos nacen con estrellas y otros “ estrellados “ y los perseguirá el infortunio a lo largo de sus días.
   Merece ser recalcado que es una incongruencia , resultado más bien de la fatalidad que la casualidad, el que nombres como el de Fernando Villaamil, quien contribuyó más que nadie a apuntalar el prestigio de la Marina española, de cuyas rentas todavía vivimos, mal que les pese a los derrotistas y aguafiestas de siempre, representa sólo un  lugar de referencia en el callejero de Madrid.


   Estos errores , involuntarios o amañados por la malicia y la ingratitud, suelen ser letales a la larga en la historia de los pueblos y luego pasan factura, que se suele cobrar en albaranes de sangre. Es un despropósito reducir la magnifica promoción del año del desastre, que los mejores patriotas intentaron convertir en año de la regeneración, porque en verdad anhelaban una metempsicosis  o apocatástasis  del valetudinario espíritu nacional, que venía coleando desde aquella tarde de noviembre de 1700 cuando el último Austria acaba de entregar su alma a Dios, a unos pocos epígonos de la literatura, que, por cierto, no fueron a la mili, por haber sido declarados excedentes de cupo, o bien porque eran hijos de viuda, o porque venían de casa rica.
   Hubo inventores, arquitectos, profesores, químicos, artificieros, médicos, marinos. Por ese cabo, Ramón y Cajal, un apellido que las últimas generaciones conocen meramente por las referencias de un gran hospital, encarna ese espíritu de renovación palingenésica, en todos los ámbitos del tejido socioeconómico, al que algunos aleves tratan de negar ahora mismo el pan y la sal.
     Fernando Villaamil Fernández Cancio no perdió un brazo en una riña tabernaria Dio su vida por una causa en la que creía. Escribió poesías , no esperpentos, a esa mar ocena cuya llamada siente dentro de sí en los primeros años de su juventud. Era un poeta, un soñador, que pereció con todos sus hombres en el ataque naval del comodoro Sampson contra nuestra escuadra  un tres de julio de 1898. Inventó el destructor y hoy es un hito de referencia en las grandes escuelas de náutica ( Plymouth, Annapolis, Ferrol, La Rochelle, etc ) del mundo. El poco prestigio que pueda tener España en los ámbitos internacionales ha sido conseguido a estos héroes epónimos, que aun en medio de la hecatombe supieron morir con dignidad por su país.
  Desde entonces el Army y la Navy estadounidenses suelen decantarse por los hispanos en sus levas , que tienen fama de sufridos y de valientes.
   A Valle Inclán, a Pío Baroja, por ahí en eso, andando mundo adelante, no los conoce ni su padre. Hay que desengañarse. Son una especie de genios para andar por casa y en zapatillas.Que plasman sobre el papel nuestras múltiples luchas tribales de exaltados carpetovetónicos, nuestro inane onanismo literario, el talante entre místico y trabucaire de una tierra de caudillos, toreros, manolas y de caciquiles vasallajes. Se da en política. Se da en literatura. Otra vez, la vaca en los trigos, pero unos por otros la casa sin barrer y la hogaza sin encentar.
    Algún critico de los que andan en la pomada ha hecho concesiones a la hipérbole diciendo que el bueno de Don Ramón es todo un idioma. El señor de marras, un poco pedante, que imita en todo al autor de las “ Sonatas” y hasta imposta la voz como un oráculo, hierofante que oficia la liturgia de lo epatante, igual que el de Puebla de Carmiñal, y se coloca bufandas y tapabocas sobre los hombros, creyéndose el ombligo del mundo ,tiene la habilidad para sacar las cosas de quicio .
   Ni tanto , ni tan calvo, mícer Umbral. Ni usted nunca podrá escribir como Valle, por más que adopte muchas de sus poses y trate de caer en su manierismo. Ni tiene la exclusiva de la voz de la calle. Porque la calle que usted dice puede ser chusma, sus jaboneros, candongos, su claque y sus” negros”y a los espías que mete usted en todas las redacciones, liendre y buharro. El mayor defecto que suelen cometer los que escriben en los papeles es darselas de bien informados porque cultivan el trato y el comercio con taxistas.


    Las intuiciones suelen conducir a las barricadas. Uno, en su modestia ,prefiere el análisis a la corazonada .El mejor periodista es aquel que no hace alardes desultorios de funámbulo. Sólo quiere ser un notario del acontecer y, cuando más, un filosofo de la actualidad. Puede que los taxistas se enteren de lo que pasa en su entorno, pero rara vez sabrían razonadamente prever lo que ha de seguirse. Que aquellas lluvias derivaron en tales lodos. Por las mismas, en este horno puede estar cociendose otro 98
   Está visto que aquí el que más chifla , capador y el más tonto hace relojes. Por esa regla de tres del “ vox populi “- la fuerza del número y el grito energúmeno de mano alzada - condenaron a Cristo y a Dreyfus lo enviaron a pudrirse en la Isla del Diablo. La Democracia no puede ser degradada a los ámbitos de la chusma ni del populacho. No es para tanto, pero aquí siempre se toma el rabo por las hojas y confundimos al columnista de raza con el quintacolumnista. El pueblo soberano reclama los poderes mágicos de los que piensan. Pide ser orientado, reconducido,consolado , entretenido, y hasta , si se quiere, redimido. Nunca engañado.
 
                                                      ***
    La biografía de Fernando Villaamil es una bonita novela romántica de principio a final. Nacido en un paradisiaco lugar frente a la ría de Eo, en Serantes, concejo de Castropol , apéndice oriental de Asturias, en la raya misma con Galicia . Sobre la galería de su casa blasonada aún puede descifrarse la leyenda de “ Los Villaamil de Serantes, abante, y con esta cruz por delante “. Es la cruz de san Andrés.
   En una carta puebla otorgada por el rey Alfonso VIII después de la batalla de las Navas de Tolosa, en recompensa por la lealtad y bravura mostrada por Yáñez de Villaamil se concede a los descendientes del prócer a no pagar pechas y se les exime de cualquier ingerencia o persecución a cargo de cualquier alguacil o representante de la justicia.
   En esa leyenda del escudo nobiliario de una de las familias con más abolengo de Castilla se sella el destino del héroe de la Batalla de Santiago. Fernando era pequeño de estatura, de un rostro atezado, moreno, simpático, el pelo algo crespo, y dotado de un humor típicamente ovetense. Villaamil , abante, y con esta cruz por delante. Dicen que Leopoldo Alas Clarín, que era amigo personal suyo, aunque siete años más joven que él , se inspira en este aristócrata, de acrisolada tradición liberal y uno de los instigadores de la revolución de 1868, cuando fue arrastrada la estatua de Isabel II por las calles de Oviedo, y padre del marino, se inspira para pergeñar uno de los personajes de su novela, La Regenta.


   El tatarabuelo, que se llamaba también Fernando Villaamil, era regente de Oviedo y promovió la junta de defensa contra Napoleón en 1808.Luego, durante la época absolutista sería perseguido y desterrado al igual que uno de sus descendientes. Don Fermín fue desterrado a Filipinas y sólo pudo regresar llamado por el general Prim. Sería durante unos meses gobernador de La Coruña. El general Pavía irrumpiendo con su caballo en los escaños del Congreso truncaría esos planes.
   La nobleza y el liberalismo más ilustre cobran carta de naturaleza entre los miembros de la casta que tiene sus lares en la casona solariega de Serantes. La familia se arruina y hasta se pierde por los vericuetos de la política decimonónica, lleno de sobresaltos y de paradójicos contrastes. Estas paradojas fueron las que determinaron la abdicación de Amadeo de Saboya en 1873.
   Para él el pueblo español era un “ puzzle “. Nunca sabría comprender la razón por la cual toda una nación parece enferma de muerte a causa del descontento carlista, la agitación cantonal, el amago separatista, y los españoles en incesante discordia civil.
   Sea como fuere, resulta un hecho incontrastable el que el `paterfamilias , inficionado por el veneno de la política, pasa el tiempo fuera de sus lares, ora en prisiones, o en exilios o escondido en el monte.
   Hay un enorme paralelismo entre la vida del capitán de corbeta asturiano, al que llamaban sus compañeros de armas “ El Lobo de Mar “, y el general Francisco Franco, cuyo padre era también marino y fue aposentador de la Armada en Cavite. Ambos son de baja estatura, de un enorme arrojo y valentía personal, apasionados de la milicia, y de carácter enigmático. Su destino pasa por Oviedo. Allí casó Franco con una Polo, cuya casa enrejada  y bajo el amor de palmeras reales se alzaba cerca de la Universidad , justo al lado de la de Doña Rosario Fernández Cueto y Argüelles, de ilustre familia ovetense, y madre de nuestro personaje.
   Ante las ausencias del padre, ella toma las riendas del hogar. Fernando, al igual que Francisco Franco adoraría a su madre y tendría sus diferencias más o menos notorias con el progenitor, que también mantenía una ideología liberal.
   La familia venida a menos, Doña Rosario habría de vender alguna que otra finca. Sin embargo, la infancia de Nando y de Pachín , que así se llamaba el mayor de los vástagos, pasó sin privaciones. Fue un niño soñador y feliz, que sintió desde un principio esa llamada de la mar en los retumbos sordos de las olas al chocar contra los recifes en las noches de galerna. Tenían que pasar todos los días en barca la ría del Eo para ir a la escuela. Dice uno de sus biógrafos que Fernandín era algo canijo y  cansaba en la larga caminata hacia la escuela, que discurría entre pomaradas y carbayedas , pasajes de égloga y de novela pastoril, sin perder nunca de vista el trazado ciclópeo del océano sobre el horizonte marino, por lo que tenía que ser llevado por su hermano Pacho “ al recostín “, “ en cuellu “ o a la gigantilla.
   En el sobrado de la casa solariega se guardan algunos libros viejos, infolios y cartas de marear, legajos depositados por algún antepasado navegante. En 1599 un descendiente de Yáñez de Villaamil , comisionado por Felipe III, organiza la lucha contra los piratas y corsarios ingleses que de tarde en tarde llevaban a cabo razzias y expediciones contra las poblaciones del litoral cantábrico.


   Años antes, Menéndez de Avilés, casado con una Villaamil, había partido desde Artedo  en su singladura que le había a la descubierta de La Florida. Todas estas historias empapan su imaginación infantil. Escucha la poderosa voz de Neptuno que muge sobre los cantiles de la playa de Colambre y de santa Gadía.
   En 1857  la familia se traslada a vivir a Oviedo, pero los veranos regresa a la casona de Serantes. Las mañanas nítidas de julio contempla el que habría de ser capitán de corbeta pasar media milla adelante a los veleros de alto bordo, los bergantines y goletas que cubren la carrera de Filipinas y de Cuba.
   A los 16 años ingresa en la Escuela naval de San Fernando. Ese mismo curso sale de guardiamarina de primera clase .En las operaciones que se llevan a efecto en la Isla de Santo Domingo para sofocar la rebelión independentista recibe su bautismo de fuego. Es herido y gana la Medalla Militar con Cruz Roja. Al poco recibe el nombramiento de teniente de navío con destino en el cañonero “ Bojeador “ al que el gobierno de Pi i Margall ordena abandonar las Antillas y poner proa rumbo a Filipinas. Allí precisamente visita a su padre a punto de ser repatriado tras su destierro en el Archipiélago.
    España - esa es la impresión- estaba en venta. El general Prim, cansado de feriar la corona de Carlos V y de Felipe II por las cortes europeas, confiere el trono a un  miembro de la casa de Saboya. Breve reinado el de Don Amadeo. Su primer acto fue el de ir a rezar ante el cadáver de su valedor que había sido alevosamente asesinado poco antes de su llegada. Tristes destinos
   Sin embargo, arda Troya o se caiga el mundo y golpee la desdicha a todos los azimutes un marino asturiano, un castropol ense, y además bien templado con un buen sentido del humor, resulta difícil e domeñar. En 1875, ascendido al empleo de capitán de navío, manda la fragata “ Berenguela “. A bordo de este buque regresa a la patria e, inasequible al desaliento, es consciente de que España , aún minada por las desgracias y las disputas, es una gran nación que ha dejado su impronta.
   En consecuencia ha de ser dotada de una fuerza naval para estar a la altura de sus responsabilidades coloniales y de su prestigio. Empieza a pensar en la creación de un buque bien artillado, versátil y con capacidad de repulsa a cualquier ataque: el destructor. Se le nombra profesor de la Escuela Naval Flotante.
   Vive en Madrid. Asiste a las reuniones y saraos. Asiste a la ópera y a las tertulias de Fornos, La Fontana de Oro. Tiene fama de simpático y de galante. Se le conocen algunas aventuras y en la corte destroza algunos corazones femeninos, al igual que antes lo había hecho en los bailes de Zamboaga , donde se le rendían las tagalas con piel de color de cobre al igual que lo habían hecho las mulatas café con leche allá en La Habana. Es el soltero de oro. Viviendo un tiempo maravilloso de juventud que no ha de volver.


   No cabe duda de que la capital de España durante la Restauración tenía sus encantos. Pero pronto el Lobo de Mar iba a sucumbir a los hechizos de una gallega, en el rincón mariñán de Cambre, cerca de Coruña. Le queda poco de canto al mirlo de larga veste y pico amarillo que alegra la tarde con su pío enigmático y triunfal.
   La boda con Julita Cancio Villata. Hija del Intendente de la Armada, Mariano Cancio Villaamil - el que fue su mentor a raíz del abandono de hogar por su progenitor - se celebró el 9de octubre de 1876 en la iglesia románica de Cambre, una joya del siglo XII,en plena mariña y en los últimos trancos del Camino Jacobeo. Ofició la ceremonia el cura Romualdo Calvo. Actuaron de testigos Julio Merás; Manuel Porto y José Cancio Villaamil. Como los contrayentes eran primos, hubieron de llevarse a cabo trámites para solicitar dispensa de consanguinidad. Había sido precedida la boda por un noviazgo muy bonito. El aspirante a la mano de la hija de la bella cubana venía a cortejar a su amada en lancha, sorteando los peligrosos bajíos de la Costa de la muerte, sujetando con una mano la caña del timón y con la otra la escota del velámen.
   No le arredraban mares arboladas ni ventiscas. Se presentaba en la finca de Cambre a tomar el té todas las tardes. El que no se arriesga no surca el vado. Y “ el que pasó la Marola surcó la mar toda” , que dicen por Coruña. Todo igual que en un cuento de hadas. Había mucha fuerza viril. La poesía misteriosa le estallaba en el  pecho a aquel marino entre embestidas y ramalazos de ola contra los rompientes. Se había des`posado con la bella Julita, pero en el fondo de los mares sentía la llamada del canto de la ondina.
   Las xanas peinaban los rubios cabellos de sirenas en los castillos del acantilado de su Peña Gadía , a un tiro de ballesta de Serantes. El había sentido este canto de la mar desde niño, a la que amaba. Sería una amor trágico, pero de ineludible destino, porque las estrellas no fuerzan sino que inclinan y los héroes mueren jóvenes para que otros puedan alargar sus días hasta la edad provecta y fallecer tranquilamente en el lecho de su alcoba.
   ¿ Eran las xanas, era un sirena o era una sirte ?
   Nunca tuvo un hogar estable. Recién casado , es enviado al apostadero de la Habana. El ocio de las travesías lo gasta en la lectura. Devora libro tras libro. Se incuba en su mente una idea que ha de ser profética. De nada ha de servir que España cuente con una Ejército y una Marina donde se derroche el valor a raudales sino existen unos medios técnicos para la promoción de la defensa nacional, y si no nace en la opinión pública una conciencia patriótica verdadera, algo que nada tiene que ver con el lo patrioteril.
   Para alcanzar tal objetivo es menester utilizar los canales de la opinión pública, porque el joven teniente de navío piensa que la prensa es un poco la palanca que mueve el mundo. De regreso en Madrid, se instala con su mujer, que empieza a habituarse a las ausencias a sabiendas de no haberse casado con un boticario, en la calle Tabernilla. Pero se siente un poco descorazonado por el atolondramiento en que vive la  política española. Madrid , el Madrid de la Restauración, es un poco la ciudad alegre y confiada benaventina, que vive de espaldas al infortunio que se cierne sobre sí.


   Muerto Alfonso XII, “ viva la Rubia “, grita el pueblo de Madrid. El Congreso de los Estados Unidos había a`probado una moción para el fomento de soborno y la compra de los políticos en Madrid. Los yanquis le habían echado ya el ojo a nuestras colonias en las Antillas. El proyecto no se lleva a efecto al estallar la guerra de secesión en dicho país.
   Villaamil vuelve a escribir en los periódicos. En el “ Carbayón Jovial “, donde le mete algunas colaboraciones su amigo, el catedrático de Prima de Leyes de la universidad ovetense, Leopoldo Alas Clarín y Urueña, y en el “ Globo “ del cual es propietario Emilio Castelar. Hijo de un revolucionario, el oficial exprime algunos conceptos revolucionarios relacionados con la estrategia. La idea que lanza es la del rearme nacional para hacer frente a los compromisos internacionales a los que ha de hacer frente la nación.
   La propia reina se maravilla de la audacia y acometividad de sus planteamientos defensivos. Hay sencillamente que primar la producción nacional de navíos de guerra. Si no se pueden fabricar en los astilleros de Sevilla, Bilbao o Ferrol. Este proyecto fue el germen de nuestra poderosa industria naviera ( hasta hace poco era España el tercer país en la producción de barcos del mundo ).
   Secundan los planes del navegante asturianos otros cuatro marinos de prestigio: A. Piñeiro, V. Concas, F. Ardois y R. Auñón. Nace así el “ Pentágono magnífico “. A este quinteto se suma el contraalmirante Antequera y se constituye el “ Hexágono de la Excelencia “. Por desgracia, la fatalidad quiso que la falta de sentido de previsión de las altas instancias, o lo caustico de la política española de los tiempos, impidiese que aquel grupo de funcionarios responsables fuesen escuchados. De haberse seguido la pautas indicadas  por el Pentágono ( Villaamil aspiraba a una escuadra con dotaciones , autonomía y poder artillero como el de la inglesa ) los yanquis no hubieran jugado con nuestros hombres al tiro al blanco en la bahía de Santiago o en Cavite.
   Se había adelantado un poco a los acontecimientos diciendo en el Congreso:” Todo nuestro material flotante se encuentra en estado de ruina “.
   España es una país donde se dilapida el dinero en gastos decorativos y se restringen los fondos nacionales para cuestiones que importan al buen funcionamiento de la cosa pública. El proyecto fue desestimado por costoso. Sin embargo, en 1885 el Káiser iba a darnos el primer susto al colocar la bandera germana en una de las Islas Carolinas. Se suceden las manifestaciones anti alemanas por todo el país. Están a punto de quemar la embajada. Pese a todo , las carolinas hubieron de ser vendidas a Bismark por una ridícula cantidad.
   Villaamil tenía razón. España había mostrado flancos débiles. El nipón miraba para Filipinas con sus ojos oblicuos. Britania imperaba en las olas y nadie se atrevía a disputarle  su poder marítimo indiscutible a no ser su ex colonia, los Estados Unidos que se aprestaba a conseguir el relevo de su Madre Patria en el dominio de la estrategia global, a sabiendas de que todo aquel que rija en los mares tendrá en sus manos el poder del mundo.


   Pero aquí quemamos la pólvora en salvas. Todo el dinero se lo llevan los políticos o va a parar al fondo de reptiles. Entonces, el conde de Romanones decía: “ que pasen los periodistas y coman “. Hoy no lo podría decir. Hay cabezas de series en el periodismo  hispano o en la radiofonía que son millonarios. Aquella moción del Congreso de Washington aprobando fondos para la compra de voluntades en Madrid no era una cuestión baladí, sino una razón premonitoria de lo que habría de seguirse.
   Sobornando o chantajeando - y sin necesidad de hacer un sólo disparo - puede caer bajo el peso del martillo en la mesa de la almoneda lo que ha dado en llamarse soberanía nacional. Lo malo de esas granjerías y prepotentes mangoneos de los don Opas y de los libeláticos obispos de turno suelen terminar por estos tesos con la maldición de la Cava, al grito de “ no es esto; no es esto “ o saldarse con regueros de sangre en las calles o en la zanja ante el pelotón de fusilamiento... Quiera Dios que nos equivoquemos.
 
                                * * *
   Hombre diserto en la historia de la navegación, cuyos descubrimientos había conseguido penetrar a través de extensas lecturas en aquellos cronicones , infolios y mamotretos olvidados en el desván de la casona de Serantes y de las actas legadas por un antepasado suyo, comisionado por Felipe III para luchar contra las incursiones corsarias en el Cantábrico en 1599, sabía de antemano que la defensa estratégica de España - uno de los países de Europa con mayor longura en su línea de costa- ha pasado siempre por el respeto y cultivo de su tradición náutica. Por desgracia, esta peculiaridad ha sido dada de mano por la falta de visión de muchos políticos en Madrid que sólo han sabido barrer bajo la alfombra, por el narcisismo endémico de los que aquí vienen creyendo que fuera atan galgas con longaniza y reparten duros a cuatro pesetas, las trifulcas de corrala y la estupidez que llegó a situaciones tan lamentables como la que ofrecen los españoles por falta de un entendimiento mutuo de ir pordioseando por ahí la corona de Castilla en el extranjero.
   Se ha dicho que el eclipse del poderío marítimo español vino a raíz del desastre de la Invencible. Esto no es cierto. La Armada no fue más que un episodio del forcejeo que sostuvo el Rey Prudente contra Inglaterra. Por causa de las guerras de Flandes. Se contabilizan hasta cuatro expediciones españolas a las Islas. La conquista y colonización de América no hubiera sido posible sin la Flota. Todo el pueblo en los años de escasez y de esfuerzo descomunal a causa de las guerras de los tercos en el norte de Europa sólo se hace una pregunta:”¿ Llegó la flota ? “. El oro de las Indias era indispensable para apuntalar nuestra penuria y satisfacer la usura de los mercaderes genoveses o hanseáticos. Y los barcos solían llegar , excepto cuando sucedían los famosos argaviesos en el Golfo de México que echaban a pique las naves o eran hostigadas por los corsarios de Drake o Walter Raleigh.
   Mal que bien los ansiados galeones estuvieron enfilando la bocana del Guadalquivir y dando vistas a Triana durante casi tres siglos. El fin del poderío marítimo de la corona de Castilla tiene lugar en Trafalgar y en Callao. Por ese orden.


   Durante ese espacio largo de tiempo, lleno de avatares y de incidencias, hubo un duelo sobre los mares entre la embarcación mediterránea ( galeras, goletas, galeones, bergantines, carracas, etc ) de mayor velamen y consistencia y la embarcación atlántica utilizada por los ingleses, mucho más ligera y versátil. Se comprobó que en el Canal de la Mancha el enfrentamiento entre el galeón y el dúctil “ man of war “( actuaria ) británico se saldó a favor del segundo, porque eran naves con menor trapío y por ende más maniobreras en consonancia con la brega en el océano. Por contra, en el Mediterráneo, de aguas pandas y régimen de vientos más tranquilo, el combate naval se hacía al abordaje. Lepanto fue una carnicería. En 1588 , en cambio, los buques del Marqués de Medina Sidonia apenas si conocieron el cuerpo a cuerpo. Los “ men of war” de la Reina Isabel evitaban el encuentro. A causa de su mayor velocidad podían huir o deshacer la formación de las lineas españolas para atacar por sorpresa en el momento culminante. resistían mejor las galernas y conservaban una superioridad táctica y para marear con bolina.
   Raleigh y Drake enseñaron a los marinos españoles e italianos que en la mar prepondera el astuto, no el más bruto. Porque en la mar más vale maña que fuerza y hay que ir siempre sobre seguro y poder “ regatear “ a base de golpes de mano y de maniobras envolventes. Les llaman los de “ la Pérfida Albión “, pero su secreto no es la perfidia sino la paciencia, el autocontrol en combinación con la astucia. Y las guerras hay que ganarlas. No sirve gallear a lo bravucón porque de lo contrario no se declaran. Si uno no está seguro de sus fuerzas, es preferible no salir a dar batalla , en espera de mejor coyuntura. Un buen marino, un militar profesional es aquel que está siempre preparado a la guerra, amando por encima de todas las cosas la paz. Es aquel que evita la efusión de sangre, ya que demasiadas bajas convierten en un chusquero deplorable a un valiente capitán, a tenor con los criterios castrenses anglosajones.
   Por el contrario, en la larga tradición militar hispana prima el numantismo. Aquí  hubo que echarle huevos a la cosa. La reconquista se llevó a efecto siguiendo la norma del “ ars tormentaria “ ( asedio a las plazas fuertes ) y poliorcética. Quiero decir su defensa. Los ingleses, que arrasaron la mayor parte de sus castillos y monasterios medievales reinando los Tudor, más refinados aunque no por ello menos sangrientos, inventaron una estrategia naval que sustituiría a la navegación con vela latina. Son expertos en la celada, el ataque por sorpresa y la guerra psicológica, que posteriormente los alemanes concretaron en el “ blitzkrieg”, ofensiva inesperada y a gran escala que deja sin capacidad de reacción al contrincante.


   La metonimia que , parafraseando a Felipe II, pronunciada en 1886  por el héroe de la batalla del Callao , Méndez Núñez ( “ más vale honra sin barcos que barcos sin honra “), el último de los grandes marinos de velacho y driza, para significar ese empeño, ese valor derrochado a raudales pero sin fortuna que ha perseguido a los españoles a lo largo de los siglos, no valía para describir las modernas tesituras, donde se tendría la honra en menoscabo, y se rendiría tributo a la fuerza física. Villaamil se dio cuenta de que un portaviones es el elemento disuasorio más contundente al alcance de una nación poderosa. Por eso propuso mandar al desguace los bajeles de madera ( zabras, galeones con mucha obra muerta, barloventeadores veleros, y navíos de línea , carracas , trirremes y actuarias, del tiempo de los griegos y los romanos ), porque el arrojo personal no ha de estar en conflicto con las aportaciones de la técnica al viejo arte de marear. En otras palabras, menos madera y más acero.
   Era preciso, si quería España defender lo que le quedaba de su antiguo imperio, acorazar la escuadra toda haciendola invulnerable y a prueba de bomba. Los británicos habían fletado el acorazado - y algunas de estas unidades habían sido asignadas a los rusos-, pero el acorazado es un buque de difícil conducción, y muy parsimonioso, a criterio del almirante Antequera, que fue quien lanzó la idea de un navío de combate  de rango medio, que fuese acometitivo como un bergantín y ágil para ponerse a cobro de las andanadas enemigas como una fragata, y que plasmó en el proyecto de un nuevo bajel de guerra de su invención, y al que puso un nombre el marino de Serantes. Se llamaría “ destructor “.
   Corría el año 1885. Los alemanes acaban de arrebatar a España las islas Carolinas.
El papa León XIII dictó laudo de reconciliación entre las dos naciones, pero los rescriptos pontificales no servían de nada. Bismark obligó a la corona española a cederle los derechos sobre aquel territorio descubierto por Elcano por cuatro perras. Se sucedieron por toda la península algaradas y manifestaciones de protesta. Cundió acervo el sentimiento antigermánico. A la chusma sin embargo estos furores pronto se le pasa.
   El almirante Pezuela y el contralmirante Antequera continúan trabajando en silencio y desde la sombra; hacen pasillos por las cortes, proponiendo soluciones a la indefensión estratégica. De los políticos reciben buenas palabras. Es preciso una reestructuración de la armada para hacer frente a eventuales compromisos internacionales. Desguazar la obra muerta de bergantines, goletas y activar la construcción en astillero de buques con cuadernas de acero, con blindaje suficiente y capacidad operativa para responder a las andanadas de las formaciones navales e Japón y de los Estados Unidos.
   Pero la falta de previsión y la improvisación parecen ser vicios endémicos del carecer  español. Villaamil hubo de marcharse a Londres con los planos de su maqueta del destructor bajo el brazo.  En el Almirantazgo quedan boquiabiertos ante la conferencia de aquel pequeño  capitán de corbeta asturiano en la Sala de Mapas del Alto Estado Mayor y respaldan sus pretensiones. El “ destroyer “ entra en agujas y empieza a estructurarse en los astilleros del Clyde escocés. Podría haber sido construido en Nervión, en Muros o en Portugalete para dar trabajo a tantísimo desocupado y paliar la pobreza de los barrios marginales de Sevilla, Bilbao o Ferrol.


   Pero no había entonces estructura. Es la misma canción guerrera de siempre. Los vaivenes políticos en las alturas que hacen bailar a los gobiernos el rigodón de las bazas torneantes, con sus cesantías, la inmoralidad administrativa , esa superficialidad tan española y tan falta de rigor que hace medrar a los mediocres en perjuicio de los mediocres.
   Los mandos de la Escuadra Real Inglesa no pueden dar casi crédito a sus ojos. El destructor inventado por el capitán Villaamil es justo el cabo que le falta al tridente de la diosa de los mares para cantar su famoso himno de “ Britannia rule the waves “. La patente nos la roban prácticamente y hacen un cambalache - titbits - en el que, como compensación y por cien mil pesetas de las de entonces nos venden un “ destroyer “ que causa verdadera sensación cuando asoma por la bocana del puerto de Ferrol el “ Nautilus”, que había salido de Faltmouth el 24 de enero de 1887 y, viajando a una velocidad de 24 nudos, daba vistas a tierra española el día de Navidad, todo un récord  para aquellos tiempos.
    Pese a la popularidad - y las envidias- de que gozara durante algún tiempo el insigne  marino se encontraba muy solo es la soledad del Lobo de Mar. Es la soledad del poder. La del español que ama a su patria . Sirve al Estado y las ve venir. “ Si nos empeñamos en vivir de espaldas al mar, nuestro futuro está en entredicho . Nuestra supervivencia como nación es cuestionable “, había escrito en el “ Carbayón “. Sus clamores de advertencia no tuvieron demasiado eco. En Trafalgar se perdió una oportunidad de oro para medular una política naval de coherencia que resguardase la soberanía de la patria. El país contaba con una aureola y tradición naviera impecable. A los antiguos descubridores, Colón, los Hermanos Pinzón, Elcano, Vasco de Gama, Magallanes, había que agregar los nombres de Jorge Juan, Malaespina, Churruca, Gravina.
   Los amaños , frivolidades e inconsistencias de la época de la Restauración ahogaron los gritos de aquel grupo de grandes marinos y de hombres de ciencia al bautizó la prensa de Madrid con el mote del Pentágono ( Piñeiro, Concas, Ardois, Auñón, Villaamil). La arboladura de bajeles de combate podría ahorrar en adelante no sólo vidas humanas y poner nuestros intereses a salvo. Es triste esa falta de tacto. Desconsuela tanta miopía.


   El capitán vive solo. No se mezcla para nada con la bulla o marinería. Se le sirve el mismo rancho de a bordo que al resto de la tripulación, pero en su camarote. Es una reminiscencia de los tiempos en que la pena de muerte se conmutaba por el servicio en galeras. Y  las dotaciones se nutrían de galeotes, facinerosos, ex convictos y personajes de toda ralea. El arráez a golpe de rebenque , los cabos de vara y sargentos  se encargaba de meter en cintura a los que bogaban. A los ladrones les amputaban la mano. Al que mataba se le ahorcaba del trinquete. La embriaguez se castigaba con diez azote. La sodomía con veinticuatro. Los que se dormían en la vela llevaban el saco terrero a la espalda y un brete a los pies. El sospechoso de motín era sin más tirado por la borda.  La vida en la marina imperial española es descrita con todo lujo de detalles y en toda su crudeza por la gran novela picaresca. El protagonista del Lazarillo de Tormes, por una judiada que debió de cometer o algún desfalco - que en el texto no se explica muy bien - tiene la obsesión de convertirse en atún y sueña como Jonás metido en el vientre de la ballena resucitar a la vida convertido en cachalote.El buque de guerra era un mundo   estanco, con sus propios códigos y reglas. Y el capitán del navío una especie de dios. Al que todos temían, o del que habían oído hablar. Pero nadie había visto. Se trataba de un dios, de un juez, de una suerte de mago que conducía la nave a puerto en pelea con las fuerzas de Neptuno. Ese prestigio del primer hombre a bordo se mantiene en todas las marinas de guerra de todas las naciones hasta hoy.
   La soledad del curtido marino es un símbolo de la soledad del poder ante un inminente peligro. El sabía que se acercaba la hecatombe, pero sus ordenes de mando no llegaron a ser obedecidos o se perdieron en la gritería de la bulla. La chusma se le sube a las barbas a los grandes hombres. Pero esto parece formar parte de nuestro destino. Esa ramplona inconsciencia del español, producto de muchos siglos de degeneración y de decadencia.
 
                                                  * * *
    En Puerto de Santa María otro científico , Isaac Peral, trabajando sobre la base de los planes diseñados por el ingeniero catalán , Monturiol, que había construido el “ Ictíneo “ o barco de guerra invisible, diseñaba la maqueta del submarino. Era justamente lo que la Escuadra necesitaba. Algunos pensaron que el murciano era un loco. Azorín hace befa - un sarcasmo imperdonable - de esta inventiva de su coterráneo y en su novela, “ La Voluntad “, ridiculiza a través de uno de sus personajes que acaba de construir un ingenio al que denomina “ Toxpiro “. Se llevan a cabo las pruebas del ingenio con toda la prensa nacional e internacional y éstas no dan resultado. El tiro sale por la culata. El cohete , en principio con capacidad de vuelo para taladrar la atmósfera, no se alza más allá de una docena de metros y está a punto de quemarles las narices a los espectadores que presenciaban el ensayo.


   La generación literaria del Desastre era antimilitarista y misoneísmo(desdén para con las novedades; aversión a cualquier invento). Se atenía a la pauta unamuniana del “ inventen ellos “. Pero ellos se estaban preparando para la guerra. Los epígonos del 98 eran tan cortos de vista que no supieron verlo. No querían  artilugios. Se conformaban con el quietismo del paisaje. Cantaban a Castilla como emblema de la generación de una raza. Si alguien demostraba que era capaz de aportar soluciones o nuevas ideas, se liaban con  el a cantazo limpio. Lo tiraban al pilón como ocurrió con el audaz inventor del “ Toxpiro “ azoriniano, que parece un calco del Licenciado Vidriera cervantino. Sólo unos cuantos sabios como Cajal , unos cuantos ingenieros y arquitectos o militares luchaban por sacar a su patria del marasmo de la abulia y de la ramplonería impenitente, la rutina feroz , el caciquismo oscurantista. Ese fue , a nuestro modo de vera las cosas, el gran mensaje redentorista e innovador de los grandes olvidados de esta generación. Grandes funcionarios, españoles de verdad, prometeos esforzados en lucha permanente contra la abulia y el conformismo alicorto e hipócrita de todo un pueblo. Su paso por el mundo es un grito de advertencia a las promociones venideras de que aun queda esperanza. Que la nación entera no tiene por qué tirarse al surco.
   No queremos jefes. Ni salvadores. Queremos seguir siendo la sombra de nuestra propia historia. Ser la corambre en el tendal de nuestros propios espantapájaros esperpénticos. A veces leyendo a los de la firma magnífica y cotizada de los apellidos insignes, los ases del grupo, ronda la aciaga sensación de no si no serían estos escritores y periodistas marcianos. De si no escribían para el Turco. ¿ Estos de qué país habrán salido ?
   La incuria, la gazmoñería, los lingotazos de cazalla, el torerismo y la incompetencia nacionales determinaron la soledad de Peral, de G. Hontoria, de Villaamil y posteriormente de La Cierva. Verdaderamente nos encontramos ante hombres geniales con complejo de isla. De gigantes copados por una turba de enanos... Muchos monteros la garza combaten.
   Isaac Peral, cansado de llamar a tantas puertas y de hacer antesala en el vano de los despachos de los ministerios, se fue a Berlín con su proyecto bajo el brazo. La idea lanzada por Fernando Villaamil de arbolar el buque de su diseño, el destructor, en cualquier maestranza española, cayó en barbecho. También tuvo que resignarse a ver materializado su barco en la rada de un astillero extranjero. Se hacía cargo de que, pese a la popularidad que le iba a acarrear su invención, lo que estaba haciendo era regalar la patente al enemigo. Los americanos , abundando en su idea, la perfeccionarían luego.
   No deja de ser un sarcasmo fatídico. La andanada que echó a pique a su torpedero el “ Furor “ la mañana del 3 de julio de 1898 donde él iba a encontrar la muerte con sus mejores hombres,- salió de la forja y de las bocas de fuego del “ Indiana “ un navío de la clase “ destroyer “. La soledad del navegante de Castropol es la soledad de la oveja consciente de ser arrastrada al matadero. Una soledad inteligente en medio de la recia y necia algarabía. De haber seguido sus consejos de prócer demostrando la evidencia de que España no puede vivir de espaldas a los océanos y mares que lo circuyen a menos sienta deseos de inmolarse - y que hoy siguen vigentes y frescos porque la amenaza de una nueva hecatombe o peligro de secesión, porque alguien va a tener que parar a Pujol y a sus hombres de paja, porque entonces como ahora al país le crecen los enanos  -, por lo que exhortaba al establecimiento y la coordinación de un política naval congruente, , el bloqueo de Santiago por la armada enviada por Mac Kinley  no hubiese sido un paseo militar.


   No le hicieron caso. Esa desatención supuso marejadas de sangre al correr de los años. Desde un primer instante se había dado cuenta de la gravedad del momento. Los negocios coloniales habían sido conducidos imperitamente por los gobiernos en continuo relevo, que, primero, desoyeron las voces que reivindicaban una modernización de las fuerzas armadas. Luego reclamaron de los hombres con guerreras sacrificios, mientras la canallesca prensa de aquellos días con páginas henchidas o bien de patriotería llena de jactancia o de amenazas revolucionaria, adolecía de un pecado de deontología   imperdonable para aquellos que se dedican a la profesión de informar, encauzar criterios, nunca corromper y exacerbar.
   Pero el amarillismo irresponsable por aquellas calendas marcaba pauta. Los hombres bien informados como el almirante Cervera, que estuvo en un tris de desobedecer las ordenes de Madrid de poner proa a las Antillas cuando la flota , apostada en Cabo Verde, carboneaba y hacía reparaciones en los buques antes de zarpar con rumbo a la muerte, o Villaamil que había propuesto llevar a efecto no una guerra en campo abierto contra la escuadra de Sampson, sino en maniobras de hostigamiento y represalia por sorpresa, y golpes de mano imprevistos . Si el casus belli seguía adelante ciertos oficiales se decantaron por la idea de  bombardear Nueva York en represalia. Un afán no del todo descabellado.
   La sugerencia fue rechazada so color de que la guerra naval es una lid entre caballeros, en la que hay que evitar , a ser posible el sufrimiento innecesario a la población civil. La  Navy, menos escrupulosa que aquellos hidalgos ( Claudio Alvargonzález,Manuel Somoza, Francisco Arderius, Antonio Rizo, de la rocha, Villaamil, Pedro Vázquez, etc)
no tuvo ningún escrúpulos en lanzar la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki.
   Ademas los yanquis prioritariamente al estallido de hostilidades habían hecho sus deberes. Para neutralizar cualquier ofensiva en su contra coparon los mercados de combustible. La flotilla que salió a defender la Isla de Cuba y que aportó en Cabo Verde - una condescendencia del gobierno portugués porque previamente el Departamento de Estado norteamericano presionó a todos los gobiernos para que fueran declaradas non gratas las personas y los bienes españoles y dio orden a los bancos para que se congelaran sus capitales en el exterior - sólo contaban con un barco nodriza y se disponía de únicamente medio millón de toneladas para hacer el carboneo durante la eventual campaña. Por si fuera poco esto, sus espías visitaron en más de una ocasión la dársena  cartagenera donde se arbolaban dos acorazados y un destructor a punto de su botadura para la Armada española . Los rotativos sensacionalistas de la cadena Hearst establecieron  un lobby ante el Gobierno de Su Graciosa Majestad para impedir que los astilleros ingleses no vendieran a los españoles ni un barco más. Habían creado atmósfera, una atmósfera antiespañola, habían comprado voluntades en Madrid y,expertos en la guerra psicológica, esparcido el humo de la confusión aprovechando el atolondramiento y la impericia o falta de preparación de algunos círculos allegados a los ministerios de Madrid. En una palabra, sabían bien  los que se traían entre manos los robustos muchachotes del norte , según lo plasmó muy bien en aquella crónica memorable desde Paris contando cómo fue el Día de la Capitulación el ínclito Bonafoux para sus lectores del Progreso, en franco contraste con los diplomáticos hispanos, llenos de señorío  y de cachaza, pero aturdidos y desainados.


    Advierte una antigua conseja: Defenderse del peligro es de hombres y meterse en él de brutos, porque la prudencia es guarda de la vida y la temeridad correo de la muerte. Los nueve oficiales mentados ( Claudio Alvargonzález, comandante del torpedero “ Azor”;Manuel Somoza, del “ Ariete “;Francisco Arderius, ayudante del almirante Cervera; Antonio Rizo, comandante del “ Rayo “; Francisco de la Rocina, del cazatorpedos “ Terror “; Fernando Villaamil , jefe de escuadrilla, y Diego Carlier, al frente del “ Furor “) no eran unos bisoños. Tenían las suficientes horas de navegación como para saber que, al comprometerse a una lucha desigual frente a un enemigo más poderoso, rolaban hacia una muerte segura.
   Así se lo comunicaron al ministro del ramo, Moret, en cablegrama dirigido al presidente del consejo de ministros. El propio almirante Cervera estuvo a un paso de ser fusilado porque era refractario a una ofensiva abierta contra el comodoro Sampson. Cervera le había pedido a Villaamil, que era el hombre de confianza de la Reina, con la cual se comunicaba en clave a través del jefe de alabarderos, general Calderón, que tornara a España. Éste declinó una invitación que hubiera supuesto el  salvar el pellejo.
   ¿ Por qué lo hizo ? Hay en la vida de cualquier hombre de honor motivos más altruistas que la propia vida. Él se unió a la expedición para impedir que España se desangrase en una revuelta revolucionaria. Y, sobre todo, porque amaba a su Reina fervientemente. Las relaciones que sostuvo el marino con Doña María Cristina hoy son un enigma que intrigan a los historiadores. ¿ Se amaron en secreto ? Nada tenía de extraño que el apuesto y simpático “ lobo de mar “ asturiano, un hombre bondadoso y muy galán, que en los bailes de Zamboaga partió los corazones de las alegres tagalas y que era el terror de las mulatas  cuando estaba destinado de guarnición en el apostadero de la Habana, y cuyos asuntos amorosos trascendían al pueblo allá en aquellas romerías gallegas de Seijo o en las fiestas astures de la Regalina de Cadavedo , hubiera tocado la fibra más entrañable del soberano corazón  de La  Rubia. Doña María Cristina le invitaba a palacio cuando el capitán de corbeta regresaba de sus travesías y un verano lo pasó enteramente en su compañía en San Sebastián. Sea lo que fuere, de todas formas se oculta detrás de esta relación que la mayor parte de los biógrafos enmarcan en una simple afección platónica, una bonita novela romántica, que por el momento no ha sabido, porque no pudo o porque no quiso, o, porque, en pudiendo, no quiso ni supo contar el cine español. He aquí un buen guión para una buena película, que yo brindo al Ojopipa. Mas, ¡quia!. Andan deslumbrados por lo del hundimiento del Titanic y otras cursilerías. El amor que siente una reina, doblegada por el infortunio, que no puede fiarse de nadie, hacia el mejor de sus vasallos: un capitán de corbeta asturiano. Un fin de raza. Villaamil, abante y con esta cruz por delante...                                                                                                                                                                                              
                              * * *


     En el mismo brete de incomprensión se vieron, cuando las altas instancias les hicieron el vacío, el artificiero Bustamante, que patentó la carga de profundidad  - y que estuvo con el propio Villaamil en la ratonera de Santiago de Cuba, al pié del cañón, al pie de la muerte, nunca mejor dicho - y el artillero González Hontoria, padre de la cañonera. Por lo que respecta a nuestro héroe que había comandado el acorazado Doña Berenguela recién salido de la Escuela de Náutica ( el acorazado era un buque de alto consumo y mucha aguada, muy arduo de pilotar y vulnerable en su lentitud) era partidario de un navío resistente y a la vez veloz. Fue por esto que diseña el destructor. El fue su inventor.
   Cuando el almirante Cervera solicitaba a los diputados que tuviesen a bien arrumbar los barcos de madera, materia combustible y se pronuncia por un paulatino tránsito tecnológico de la tracción de sangre, al remo o eólica - con la que había escrito páginas gloriosas nuestra marina - hacia la mecánica, a la cual seguiría la eléctrica y la termonuclear por la cual andan ahora los norteamericanos, estaba ofreciendo una receta contra la indefensión endémica de nuestras costas, porque solamente puede ser libre aquel país que se siente seguro dentro de sí mismo.
   El ofrecimiento del valiente marino ( fue él quien, habiendo cablegrafiado a Madrid dando cuenta de que todos sus hombres estaban copados sus hombres careciendo de combustible y de munición, recibe el incomprensible mandato de salir a toda costa, y el quien por toda arenga antes de hacerse a la mar pronunció aquellas palabras de Pobre España... Pobre España y se enrolla al cuello un escapulario de la Virgen del Carmen) quedó desatendido. En la neblinosa mañana tropical del 3 de julio de 1898 leva anclas y en su nave capitana, la María Teresa, ante la estupefacción del enemigo que no podía dar crédito a sus ojos, se lanza contra la escuadra yanqui que bloqueaba la boca, a tiro seguro, y en la esperanza de ofrecer cobertura de sotafuego al resto de la formación ( Vizcaya, Oquendo, Cristóbal Colón, Plutón , Terror. Furor) y abrir una brecha de escapada. Dio  ejemplo. Porque las leyes de la mar establecen que en caso de naufragio sea el capitán el último por la borda y el primero en presentar batalla cuando se produce un ataque.
     Villaamil era el hombre de confianza de Cervera en toda la estrategia, que no fue un desastre en términos reales sino autoinmolación para salvar el prestigio y el honor de todo un pueblo, y para ahorrar la efusión de más sangre o mayores zozobras. Cuya fue la idea de, en vista de la inferioridad de condiciones , burlar el acoso norteamericano, yendo a aportar en Santiago, no en La Habana , cuyas aguas eran vigiladas por el grueso del dispositivo naval gringo. Durante unos días mantuvieron a raya con tan sólo unas baterías de cañones arqueológicos fundidos en 1724 y con un alcance de tres millas a los americanos. Hizo lo imposible y hasta el último momento mantuvo alto el prestigio de su pabellón. Había dado ordenes al izar la señal de levar de salir en hilera  pisando la estela de la nave capitana y navegar gritando: VIVA ESPAÑA.


   Aquellos oficiales sabían lo que se traían entremanos. Habían captado al vuelo las intenciones que se fabricaban en Madrid de una salida airosa del gran tremedal cubano, cubriendo las espaldas del honor del país, aunque para ello fuese indispensable el sacrificio de un puñado de valientes.
    El prestigio, por lo que se refiere a don Fernando, les venía de lejos. En 1885 cuando se presenta en la rada del puerto de Ferrol al mando del primer destructor, Carrick Castle,  todo el país se sume en una explosión de júbilo. Había sido comprado a los ingleses por la cantidad de cien mil pesetas, lo cual era un fuerte desembolso para aquellos tiempos Era su invento. Bajo la toldilla del buque se siente dueño de su propia obra, aunque de vez en cuando, en medio de la alegría, una nube de tristeza vela sus ojos, como si adivinase  el trágico y heroico destino que Dios le tiene reservado en bien de su Patria.
   Hubo fiestas en toda Galicia. Llueven sobre el capitán aclamaciones y peticiones de recomendación. Es un hombre caritativo y generoso. A la pobre mujer de un pescador, enferma del estómago consigue que la opere una cirujano amigo suyo en la Corte. La `paciente sana de su mal y desde aquel día muestra su entusiasmo por el marino, cuyo retrato luce a la cabecera de su cama junto a un cromo de la Virgen del Carmen. Algunos hasta lo tienen por un santo. No era un santo en el sentido mentecato y misticoide de la palabra sino un español de bien , que ayudaba a sus semejantes y se daba cuenta de la pavorosa cuestión social , de la miseria e ignorancia que vivía el pueblo. Los pobres de Castropol y los de Serantes todo le conocían por sus espléndidas limosnas. No había necesidad que don Fernando no socorriese. Su esposa, doña Julia, que le fue fiel hasta la muerte, como saben serlo sólo las mujeres de los hombres de la mar españoles, y miraba  para otra parte cuando la gente le llegaba con chisme de tal o cual aventura amorosa de su marido. Porque sentía pasión por las faldas. Y era un tanto mocero.
   Tan estricto y severo como era a bordo ( en todos los barcos en los que sirvió se le tenía por un oficial que no admitía confianzas ni rechiflas de la marinería, guardaba las distancias y gustaba de almorzar solo en su camarote ) en tierra su talante se transformaba en locuaz y dicharachero. Tenía ese sentido del humor y esa jovialidad - Oviedo viene de  Jupiter Jovis, que en el nominativo quiere decir tonante y en el genitivo latino se identifica con la idea de jovialidad - idiosincrásica y ese señorío que es prelativo a sólo unos pocos nacidos en Vetusta.
   Ya de cadete había adquirido fama de gran bailarín. En los bailes de Zamboaga, allá en Filipinas, era el número uno. En los saraos de palacio, la reina doña María Cristina solía echar con él un vals. En la zona del Occidente asturiano todavía queda memoria de alguna correría del donjuán legendario, a la que difícilmente se resistían las mujeres, una prerrogativa como otra cualquier que sólo Dios da. Y no había romería ni fiesta de rumbo por aquellos arcádicos parajes en los valles escondidos, cabe los brazos de la cruz de algún humilladero o la ermita de la aldea perdida que no contase con su presencia:
    - Hale gustado la moza un poco de más la moza al Señor de Serantes.


    - Esu echáse di ver por como se acaramelaban en el agarruo.
   - Pues habrá la madre de andar con uellu (ojo). Que las consecuencias vienen de nueve meses.
   Pelillos a la mar. Para captar ese ambiente lúdico orgiástico que sólo conservan Asturias y Galicia, como un remanente de aquella España mítica del medievo, pletórica de fuerzas y llena de ganas de vivir y de gozar, finiquitada con las guerras de religión y la reforma y la Contrarreforma protestante que rematan en la austeridad castellana, es preciso releer  los cuentos de Palacio Valdés y de Clarín, ambos amigos personales del héroe de Santiago de Cuba, y sus acompañantes en las romerías y arreboladas de los tiempos de folixia. Esta quizá sea una de las razones por las cuales entusiasma tanto el Principado. Porque en él se conservan tradiciones y costumbres perdidas en el resto de las regiones españoles.
   A todos aquellos que se las ha pasado el tiempo de cortejar parece que la recuperan cuando se plantan en Pajares. Hermosa provincia, legataria del sentimiento framontano del romancero.   
  
                                                         * * *
   Siguiendo la ruta que marcaba su estrella y el epígrafe que subraya el blasón de su casa solariega “ Villaamil, abante y con la cruz de san Andrés por delante “, en su capacidad de director de la Escuela Naval es comisionado por la Reina para que se haga cargo de un buque escuela para el entrenamiento de los guardiamarinas en seguimiento y procura de los trazados cartográficos señalados por los descubridores portugueses y castellanos. Con motivo de los fastos del centenario colombino de 1892 se le nombra capitán del “ Nautilus “ para que dé la vuelta al mundo.
   Es su hora magna. La goleta zarpa del puerto de Cádiz en olor de multitudes con quinientos guardiamarinas a bordo, y un destacamento de oficiales, suboficiales y cabos de mar. Los vigías se encaraman de las vergas. Se escucha el pito de los contramaestres. El serviola de proa efectúa las señales heliográficas. Izánsen las señales de levar. Se repiten  escalonadas las órdenes del capitán, que van rebotando como un diábolo que baja rebotando desde la torreta de mandos hasta la sala de máquinas.
   - Avante toda.
    Suenan los aires de la Salve marinera. Siempre le profesó una tierna devoción a la Virgen del Carmen. Moriría aferrado a su escapulario.
    La ciencia de navegar es un arte que sólo se aprende en la brega: la caña del timón, a la mira de la vara del bauprés, manejando driza y cebadera, porque el marino no nace. Se hace sobre la marcha. Es una técnica y una jerga conseguida a fuerza de soledades, mucho sufrimiento, los hielos del polo, las calmas chichas de los mares del sur, y experiencias inigualables de aquel que hizo de su oficio, el de arar las olas en pos del rastro de espuma de las semitas maris ( los senderos líquidos), una vocación sublime conforme al aforismo de D´Anunzio “ Vivir es aleatorio. Navegar, indispensable “.


    El marino suele ser un hombre diferente a los demás. Mira para las cosas desde otra perspectiva. Villaamil se siente realizado anímica y profesionalmente. Pasa largas horas en cubierta dirigiendo todas las operaciones de ruta y las maniobras constantes en un velero, donde no hay un sólo minuto de descanso a lo largo de las veinticuatro horas del cuadrante. Durante los períodos de asueto escribe poemas y también esboza algunos apuntes de lo que luego será un gran libro, escrita con prosa viril, llena de desenfado, y esa palabra justa y escueta que siempre parte de todo aquel que ha mandado alguna vez un barco.
    “ Viaje de circunnavegación de la corbeta Nautilus “se publicó en edición restringida el otoño de 1893. Es un relato de aquel viaje tras las huellas de Elcano y de Magallanes. Si éstos invirtieron en la carrera tres años menos catorce días, los pupilos del Señor de Serantes derrotaron por todo el hemisferio sur durante dieciocho meses. No tuvieron tantas bajas. Sólo una. La del cabo Esteban Letamendía que cayó del palo de trinquete mientras se realizaba una maniobra de izada del velacho a los pies del segundo oficial de guardia. El autor  describe en su carga de tristeza y de dramatismo y con trazos maestros el momento en que sucede la desgracia: “Yo sentí el golpe terrible que produjo el infeliz al destrozarse sobre cubierta y , desgraciadamente, no lo confundí con otro ninguno. En el transcurso de mi carrera había oído ese golpe varias veces que no se parece a ninguno y que no puede olvidarse jamás.. Al día siguiente se dispuso arrojar al mar el cadáver del pobre Letamendía con las salvas de ordenanza y las formalidades prefijadas para estos casos. Toda la dotación subió a cubierta y cuatro cabos de mar condujeron al féretro, que iba sujeto a un lastre, hasta la toldilla, mientras el toque de la campana de proa anunciaba que un compañero de viaje iba abandonarnos para siempre. Rezamos todos con la cabeza descubierta y los ojos arrasados en llanto... Observé lo mucho que sufrían los compañeros que aguardaban un balance para echar por la borda el cadáver con su correspondiente lingote sujeto a los pies. Y yo dije al segundo comandante ocultando mi triste emoción:
   - Que rompan filas...
     Desde entonces es una tradición dentro de la Marina de Guerra este viaje de instrucción alrededor del orbe que completan en el  clíper  Juan Sebastián Elcano los cadetes de la Armada. El libro que escribió este gran navegante es hoy un tesoro bibliográfico porque no sólo aquilata una particularísima visión del mundo desde el puente de mando de un buque escuela sino una narración ilustre de sabrosas peripecias al socaire de la metopa de aquel insigne navegante de Guetaria muerto en la mar en 1526 ( parece ser el sino de los grandes navegantes a los que la mar reclama para sí) cuya leyenda decía “ primus circumdedisti mihi “. Los guardiamarinas de Elcano, de acuerdo con una costumbre consolidada en la vida española todos los años “ pisan la estela “ de sus predecesores.


   La vida pertenece a los idealistas y el amor a los soñadores. Por eso, cuán grato resulta releer al cabo de más de un siglo las anécdotas de aquel viaje.  La aurora austral, espectáculo incomparable que tuvo la suerte de contemplar la dotación del “ Nautilus “ cerca de la Polinesia. A apoteósica recepción en Auckland. Los estragos que hicieron los jóvenes cadetes en el corazón de las colombianas en Cartagena de Indias. Las fiestas de sociedad en Sidney y aquella señora australiana, esposa del embajador inglés, que le declaró al comodoro hispano su amor, declaración empañada de tristeza. Porque anota el escritor la siguiente observación: “ Por primera vez en mi vida sentí que ya no era un niño “.
   Y en Argentina y en Uruguay pusieron como aquel que dice la plaza boca abajo. La acogida en España fue no menos triunfal. Cuando el navío , doblado el cabo Machichaco, y navegando en demanda del Golfo de Vizcaya, da vistas a San Sebastián. Una cañonera  en cuya antena luce el paño carmesí del pendón real sale a recibirles. Es la propia reina doña María Cristina. El “ Nautilus “ lanza al viento las veintiuna salvas de ordenanza. Se arrían sobre y petifoques que vuelven a izarse coincidiendo con el estampido del ultimo cañonazo. Se baja la escala de una de las escotillas y por ella desciende el comandante para ayudar a subir a la misma Soberana, acompañada de su primogénito, el rey Alfonso XIII.  La Reina pasa un día embarcada con sus marineros. Tenía una predilección muy particular por “ su “ Villaamil. Luego, el agasajo en los jardines del Palacio de Miramar        Aquel año del centenario colombino ¿ sería el año del romance entre la reina de España y su oficial de marina, su bravo comandantín ovetense ? La discreción no permite  elaborar más allá de los rumores , del arcaduz de la oreja, el manantial  de los chismes y las estafetas que van y vienen con correos de lo que sucede y no sucede en el mundo, por más que a veces caer en los brazos de la murmuración sea algo inevitablemente inherente a la condición humana.
    Es cierto que sus visitas a palacio se hicieron más frecuentes, lo que suscita no sólo las habladurías de mentideros y tertulias sino también la envidia de los mezquinos, de aquellos que sufren lo indecible ante el éxito ajeno. ¿ Acaso es esta privanza regia el motivo en virtud del cual Villaamil no es ascendido ?  Era un hombre egregio, un militar brillante. Querido y popular. En Seijo ningún quince de julio faltaba a las fiestas de la Virgen del Carmen. El , gran devoto de la Estrella del Mar y Socorro de navegantes, era el encargado de hacer la ofrenda floral a la Patrona. Toda la aristocracia de Europa se daba cita en las monterías en su finca de Romancos ( Guadalajara ).


   Todo el mundo lo quería. Su fama ha traspasado las fronteras. El 26 de abril de 1898 el diario londinense Daily Mail en un despacho de su corresponsal en Madrid escribe lo que sigue:” El comodoro Villaamil , que manda la flota de torpederos, es un oficial de gran energía y de conocimientos científicos, de valor y determinación. Sólo cuenta cincuenta y dos años de edad y tiene gran experiencia en el mando de torpederos. Como hombre de ciencia, sus escritos sobre el arte de guerra naval le han conquistado una reputación europea. Su espíritu es tal que, de ser vencido, no sobrevivirá a la derrota. Y cuando hizo su célebre voto a la Virgen del Carmen, antes de zarpar, diciendo esto mismo, su patria se dio cuenta de que no fallaría en su promesa...”
    Así fue. No faltó a su palabra. Cuando los negros nubarrones se formaron sobre el horizonte de España y saltó la sorpresa de la declaración de guerra por parte de la república de EE.UU. , pidió audiencia con la Reina.
   - Majestad, quiero el mando de un buque.
   - ¿ Está usted loco ?
   - Quiero ir a la guerra.
   De esa manera conjuraba los rumores sobre su privanza y hacía honor a su fama de valiente. Pero, sobre todo, se ofrecía como víctima para salvar a la Corona y garantizar el futuro de la dinastía. Hombre inteligente se había dado cuenta lo mismo que Cervera que esa era la única forma de supervivencia. Sabedor de que el gobierno norteamericano había colocado topos en Madrid, que había comprado escritores como Blasco Ibañez y de alentaba los movimientos republicanos , separatistas y nihilistas como la “ Mano Negra” y amparaba a terroristas como a Angiolillo y Malatesta e intrigaba para derribar a la Monarquía, dando un paso al frente, dijo: adsum ( aquí estoy dadme un barco) Se trataba de un acto de heroísmo para contrarrestar tanta torpeza, tanta infamia y comportamiento ambiguo, la conducta solapada. Y heroica fue su muerte. Se hacía cargo de que con el estallido de un nuevo siglo se impondría un mundo nuevo, con un poder distinto. En el que las guerras se hacían por encargo, a modo de una boda por poderes en la cual el novio sería una tapado, un poco la Bestia Sin Rostro de la cual hablaría Churchill. Por eso se presentó voluntario y a pecho descubierto ante los que sólo saben la cara en los “ westerns”. Quiso ir en derechura contra la carabina de Bufffalo Bill.
   Su actitud aquella mañana del 3 de julio de hace un siglo tuvo algo de aquel personaje del cuadro de Goya. Un hombre con la camisa blanca y el rostro desencajado que ofrenda su pecho a las balas del piquete de fusilamiento.
   El “ Furor “  fue el último de la fila, pero nada más tramontar la dársena recibe fuego de mortero que deja una vía de agua. En vez de echar el ancla e izar bandera blanca, el comandante ordena irse a toda máquina contra el “ Indiana “ pañol partió la andanada certera. Hizo varios disparos pero el cañón de 15 milímetros carecía de ángulo de tiro suficiente para alcanzar al acorazado agresor. Tampoco pudo alcanzar el objetivo  porque zozobraría a los pocos minutos de recibir a estribor la andanada, pero el bravo Villaamil buscaba el abordaje. Trató de hacer de su barco un torpedo, un proyectil viviente.


   Francisco Arderíus, su segundo, que sobrevivió a la terrible agresión, aunque quedó manco de un brazo y las dos piernas tronzadas lo vio morir. “ Estaba en el puente en mangas de camisa. Llevaba sobre el pecho las medallas y escapularios que le había dado su mujer a guisa de detente, bala. Pataleaba de rabia y miraba para el enemigo como si quisiera desafiarlo. En cubierta yacían unos cuantos cadáveres. Algunos marineros se habían lanzado al agua y trataban de ganar la playa a nado. Muchos eran acribillados por las ráfagas de ametralladora ; los yanquis seguían haciendo sobre nosotros desde el  Indiana . Un marinero se ha puesto el chaleco salvavidas pero se llega a él y le dice: no sé nadar mi capitán. Entonces, quedate  - le contesta con una triste sonrisa porque incluso en esos momentos no perdió la sangre fría ni el sentido de humor - que más vale morir a bordo que con las ranas. Nuestro buque estaba hecho una boya y seguían tirando. “ Don Fernando - le dije- ¡ qué inhumanos son ! “. “ Sí “, contestó. Ya no le volví a ver más. Junto a mí yacía el cadáver del fogonero Tomás Manzanares”.
   Arderíus fue recogido casi exangüe por un bote del  Gloucester junto con el marinero de segundo Carlos Boado. A pocos instantes de la operación de salvamento, el Furor el único de los buques de la escuadrilla española que no quedó embarrancado, lo cual dice mucho de la pericia de su comandante, saltó por los aires con el pañol, los torpedos, la caldera, llevandose para siempre a aquel gran capitán español que quizá hubiera merecido mejor suerte o estar al servicio de mejor bandera. Su maniobra para no encallar y burlar  el acoso rival - otro gallo les hubiera cantado de haber estado artillado su buque con piezas de alcance y de una coraza más resistente - puede ser calificada de libro.
   La pluma se estremece de pavor y de indignación ante tamaña heroicidad  - ¿ inútil? -. Llegado el caso, España no vacila en ofrendar en holocausto a Moloch a sus hijos mejores, para que los otros, más mediocres y segundos, puedan seguir viviendo de las rentas. Su muerte hace pensar en aquellos versos de Cristóbal de Castillejo, otro soldado alistado en los tercios de Flandes, cuando ve caer a sus compañeros en derredor y diezmada toda la compañía durante el asedio de Viena por el Turco:
          ¿ Quién te engañó, Castillejo,
        Estando tan bien en España.
        A venirte en Alemania
        Para dexar tu pellejo
        En tierra ajena y extraña ?
        No me engañara esperança,
        Ni apetito de favor
        Ni deseo de privança,
        Mas engañóme el amor;
        Y éste dio causa al yerro, porque amó
        A su rey demasiado,
        Con lo cual se han engañado
        Otros muchos como yo


Al capitán asturiano también lo engañó el amor. Esa mentira excelsa por la que merece la pena vivir y morir. Porque significa creer en algo. El evangelio lo afirma tajante:” el que busca su vida la perderá y el que la pierde la ganará “. Y no hay cosa más grande que darla por los demás o en aras de un ideal. Por eso el escudo de la casona de Serantes sigue mostrando su blasón sin tacha bajo la cruz de san Andrés: Villaamil, abante y con esta cruz por delante.
   Quizá sea un presagio nada ominoso y lleno de esperanza sobre el futuro de esa cruz que defendieron tantos valientes, que sigue estando regada con la sangre de los mártires, feraz semilla de bienandanza para este país, pese a los tiempos que corren. He aquí un hidalgo que murió por algo. Su “ Villaamil abante “ se complementa con aquel otro grito del cocinero de Cajigas qu´inda etoupes. Son dos formas de mostrar su disconformidad contra la injusticia. La de un oficial y la de un ranchero de La Habana. Pero, al fin y al cabo,¿ qué más da?
 
Millán SACRAMENIA ARTEDO
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
        
             EDUARDO ZAMACOIS :
      LA NOVELA DEL PRISIONERO
por ANTONIO PARRA GALINDO
 
  Martín Santoyo era un mozo sin tacha. Labraba la tierra y atendía un molino en la comarca seguntina de Guadalajara alta. En el riñón de Castilla. Por la heredad de sus mayores pasó el Cid camino del destierro valenciano a ganar su pan. El paisaje es recio allí, áspero y desolado como el alma de los que lo habitan, pero noble y definitivo sin medianías ni contrapuntos. Tiende al extremismo y a la unilateralidad. En su pueblo era conocido bajo el cognomen del “ Aceñero “. De una fuerza física fuera de lo corriente, como demostraba al juego de la pelota en las partidas de los domingos después de misa. Nadie atizaba tampoco al chito con tanto poderío ni era capaz de arrojar la barra tan lejos como él.
  Esta temible energía de sus musculos la contrarretaba Martín con las mansedumbre de su caracter, el sentido del honor, la lealtad a carta cabal y un estricto espíritu religioso que le había ganado nombradía de santo, porque, cuando iba a arar, caía de rodillas cuando escuchaba el son de las campanas del Ángelus o en medio de la trilla detenía el rodar de la yunta por la parva y se ponía a rezar el rosario. Su devoción hacia la Virgen frisaba los bordes del fanatismo.
  No obstante lo cual jamás había salido de su boca una palabra más alta que otra. El molinero era la vera efigie de la paciencia. No juraba, no bebía ni fumaba, carecía de vicios. Amaba a una mujer: Agueda con la cual estaba próximo a casarse. Se querían. A Santoyo sus padres le habían enseñado a ir de frente y a caminar en linea recta. No es este un consejo del todo recomendable. La vida, tan complicada, con sus recodos, derrumbaderos y cuchillares tajados a pico no permiten siempre esa estrategia del camino llano. Las almas talladas de una sola pieza 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
I
            ALBERTO INSUA
        TESTIGO  DE CARGO
En 1898 un español culto y sensible, de patriotismo acrisolado, no podía vivir ni exterior ni interiormente como un británico, como un francés, como un tudesco. Alguno diría en europeizarla. En cambio, el inglés vivía aun en el epílogo de la era victoriana. No podía pensar ese español sino en salvarla , en renovarla. La España del 98 para todo español consciente y honrado era una patria dolorida, desmembrada y exhausta; el francés sentíase content de lui même, no obstante sus temores de una nueva invasión teutona y el alemán disponíase alegremente a conquistar el mundo. Entre los españoles sólo podían estar contentos los niños sanos y los hombres necios. Todos los demás sufrían, temían, vivían tomándose el pulso, aunque Silvela proclamase que éste había dejado de latir...”


Cuando Alberto Insúa redacta este iluminado párrafo al comienzo de sus Memorias ,< Mi Tiempo y yo >, quizás intuyera que al cabo de un siglo acabase siendo ninguneado por cierta crítica tan apasionada como veleidosa , inexacta y sectaria como olvidadiza e indecorosa, pero con toda seguridad debía de tener el presentimiento de que sería el manual de referencia para que las generaciones venideras de españoles tuviesen testimonio de primera mano acerca de qué es lo que ocurrió aquel 15 de febrero del Año el Desastre.
El autor galaico-cubano el día de la derrota no estaba en los toros como otros , fumándose un Murias en un palco o una tagarina si asistía al espectáculo desde los tendidos de sol, ni luego empezó a despotricar contra esto o aquello llevado por un sentimiento trágico de la vida, o se ensimismó en acartonadas prosas elegíacas, ni practicó el desmelenamiento desesperado o cínico. Estaba en pleno ruedo. Fue testigo de cargo del hundimiento del , de su voladura controlada, del amor y la simpatía siempre latente entre españoles y cubanos, a pesar de lo sangriento del litigio y de las diferencias políticas .
El desenfado criollo y la saudade gallega le libran a Alberto Insúa de caer en  los despropósitos y aberraciones que cometen muchos de los llamados escritores de la Generación del 98. Porque es el que mejor toma el pulso a la situación desde el humor, las ganas de vivir y la belleza de sus escritos que aun siguen suscitando en el lector una sonrisa entre melancólica - la melancolía del perdedor que siempre es una forma de conseguir el triunfo frente al agresor arbitrario, fanfarrón,  algo bestia -y picarona.
Insúa y Bonafoux, un cubano y un portorriqueño, son dos nombres indispensables, porque contemplan los acontecimientos pese a su cercanía con circunspección, encuadran dos ángulos de visión ineluctables para saber la verdad sin tercerías o correveidiles más o menos vicarios. Nunca se les va la mano. Ambos son don escritores de raza. Dos criollos de vuelos cosmopolitas- vivieron en varios países y hablaban idiomas- aunque incomprendidos por el otro literato de inclinaciones parroquiales, petulante y pastueño, inconformista hasta la autoflagelación por más que  castizo. Insúa tiene toda la raza de Larra y es un hombre que corrió mundo.
David venció a Goliat y de la honda de un escritor genial puede salir el proyectil que haga pupa en el ojo del cíclope al cabo de las décadas. Porque el garbo de la palabra nunca muere. No hay quien la detenga. Es la venganza del débil . ¿ Quién se acuerda de quien eran Lee o MacInley a estas alturas, salvo los historiadores y algún que otro forofo de la nemotecnia histórica ?Pero los anales no se olvidarán tan fácilmente de las semblanzas grotescas que de sus personas hace el novelista nacido cubano, recriado en Galicia y español hasta la médula, cuyos libros tienen esa carnalidad y sabrosura tropical, tal que parecen escritos a la sombra de una ceiba habanera. Su humor es sutil, casi inglés.
TESTIGO DE CARGO
Así describe el amarre del en el muelle de La Habana frente al famoso Morro:


       <<Asistí a la entrada del barco en compañía de mi hermano Waldo, que llevaba su cintita española en el sombrero y con el tío Leopoldo, que, por estar la tarde fresca, se había puesto un chaqué de casimir color tabaco y unos pantalones de “todos tenemos “. Hacia las tres de la tarde nos dirigimos al puerto, no sin hacer escala en el Café de Cajigas, donde don Leopoldo de Cisneros, mientras consumía jamón con pan y varios vasos de vino, afirmaba que el “Maine” era un cascarón de nuez.
---¡Qué gentío y cuántos negros !-murmuró el tío Leopoldo con gesto de desdén aristocrático que me hizo reír.
Pasó el “Maine “ frente a mí. Recuerdo perfectamente el espectáculo de su oficialidad y tripulación en traje de gala y ocupando en solemne formación la cubierta. Girando por la banda de babor fue cercándose a un crucero nuestro que arreglaba sus calderas desde hacía un par de años, en la ensenada de Casablanca. Y allí fondeó ni muy cerca ni muy lejos. En seguida, uno de los remolcadores cargados de gente adinerada y curiosa, que habían salido a esperarlo, se adelantó dominante. Era el “Sussi”, famoso en el puerto, que conducía al personal del consulado yanqui. Un hombre alto y robusto dando al aire los faldones de su chaqué, iba de pie en la popa, arqueando el pecho, que cubría un chaleco amarillo de franjas verdes, inolvidable. Era mister Lee. Muchas personas le reconocieron:
--- Ese verraco es Mr. Lee, dijo mi amigo el cocinero.
Yo cerré los ojos para no ver aquello, pero mi amigo , el cocinero gallego, crispada la boca y tendido el puño derecho en dirección del acorazado, exclamó con el mejor acento de su querido Orense:
--- Qu’inda etoupes, porco. ( Así revientes, cerdo).
Yo no sé si lo dijo por el barco o por el orondo Lee, mientras una vocecita aguda, como el quiquiriqui de un gallo joven, gritó varias veces desafiante:
---¡Viva España!
Reconocí la vocecita de mi hermano, y entonces yo, con los ojos llenos de lágrimas, me puse a gritar también:
---¡ Viva España! ¡Viva España! >>    
Aquel grito de viva España de un niño de quince años con vocación de escritor y la exclamación o el improperio del cocinero gallego del Café de Cajigas con su voz de Esténtor deben todavía de seguir resonando, magníficos, contra el cemento del Morro habanero. No se ha extinguido su eco de protesta contra lo que en puridad fue un atropello del Derecho Internacional.


En unos cuantos párrafos jocundos, con aticismo , digno de un Jenofonte y no sin  rechifla, se denuncia una canallada sobre la cual los cronistas poco avisados habrán de pasar como sobre ascuas. Además fueron una maldición contra los propios interesados, porque trajeron mal fario. Reventó el  destructor, al que Insúa vio llegar magnífico y prepotente empavesado de banderas de colorines en su arboladura,” que contrastaban con el negror bituminoso del casco “, formada su tripulación bajo la tolda y el puente, días más tarde, lo que fue pretexto para que el gobierno de Estados Unidos le declarase la guerra al Reino de España, ordenando el bloqueo naval del almirante Sampson, “el encargado de reducirnos a cenizas”, reventó el corazón del representante del gobierno de Washington hechas trizas sus coronarias, y Hearst, el magnate de la Prensa norteamericana y de la cadena más importante de periódicos en la Unión, principal instigador de aquel conflicto por motivos económicos - una especie de CNN de las linotipias - moriría arruinado después de haber sido una especie de Rey Midas, y, para más inri, de aquellos mambises apoyados y financiados en su lucha por los ancas cuyos nombres eran Martí, Antonio Maceo, Máximo Gómez y  Calixto García, paladines de la causa de Cuba Libre, que tanto se parecían y en el fondo amaban a aquellos soldaditos vestidos de rayadillo que combatían en la manigua, tuvieron un esforzado sucesor en Fidel Castro, una figura revolucionaria señera y que para bien o para mal, quieránlo o no sus enemigos, guste o no guste, ocupa él solo las primeras páginas de lo que ha sido la política del mundo en la segunda  mitad del siglo XX.  Con el barbudo perorando consignas de revolución anticapitalista en la tribuna a sus antiguos mentores les ha salido un grano.  He aquí que un descendiente de gallegos, digno albacea de Simón Bolivar y de Maceo, ha sido capaz de subirsele a las barbas del gran coloso estadounidense. El Destino, lleno de contradicciones y de sarcasmos, con frecuencia se venga exaltando a los humildes y confundiendo a los prepotentes y encumbrados, como bien canta el salmista.
EL NEGRO QUE TENÍA UN ALMA BLANCA
¿No será que el sortilegio del cocinero del Café Cajigas ha cumplido su amenaza ? Qu´inda etoupes.  Este galleguiño, al que en cada frase, en cada caída se le subía, alma arriba, toda la retranca de Puente Deume y las Rías Baixas, es uno de los personajes mejor caracterizados en la amplia novelística ( más de treinta libros entre obras de ensayo, novelas, guiones cinematográficos , comedias, amén de incontables ensayos periodísticos ) del autor del Negro que tenía el alma blanca, el texto más conocido aunque desde nuestro punto de vista no el mejor logrado de Alberto Insúa.


 Hijo de Waldo Insúa, propietario de uno de los tres grandes periódicos con que contaba la capital de la Perla de las Antillas a fines del siglo pasado, “ El Eco de Galicia “, empezó a oler a tinta y a plomo y a sentir la seducción del “duende de las imprentas “ a los doce años. En el rotativo paterno hace sus primeras armas como periodista y aprendiz de poeta. Su obra resulta ineludible para hacerse a una idea de lo que se les pasaba por la cabeza a los hombres que lucharon a una lado de las trincheras, que aguantaron el hambre, las penalidades y carestías del bloqueo naval llevado a cabo por la poderosa escuadra de Sampson. Allí salta ciertamente el patriotismo acrisolado, pero tal sentimiento no es incompatible con el buen humor, la tolerancia y la comprensión para con los mambises.
La guerra de Cuba, tal y conforme la narra Alberto Insúa fue un guerra que dentro del dolor por la sangre derramada y las penalidades se conservó la dignidad y la cabeza alta. No fue una guerra de exterminio.  Las páginas de este novelista cuajadas de ternura y de sano humorismo así lo refrendan. El español, sobre todo el gallego, sabe ser valeroso hasta el heroísmo, cosa que extrañaba y desconcertaba a los propios gringos, pero conservaba la serenidad, y sabía reírse de sí mismo. Ante la misma muerte parece estar de coña. Es capaz incluso de mostrarse fanfarrón como prueban aquellos versos- él los llama ripios- que el joven alevín de periodista publica en el órgano de la comunidad de emigrantes gallegos de La Habana y que logran pasar la censura un tanto bondosa de su padre, el director, porque él mismo confiesa que durante aquella primavera y aquel verano en que duraron las hostilidades no estaban los ánimos para jácaras, sino para “ sentir hondo y pensar profundo”. Rezaban así:
 Un soldado de Castilla
      vale por ciento yanquinianos
      y cada español se almuerza
      sus catorce americanos.
      Del Iowa y del Montgomery,
       hemos de hacer picadillo
       para darle a MacKinley un sabroso guisadillo
A la vista del contexto estratégico y del equilibrio de fuerzas , se coteja que tales fantasiosos ripios no pueden salir sino de la imaginación calenturienta de un fogoso adolescente hábil en el manejo de la sátira y de la hipérbole. Harían mal algunos historiadores en tomarlos al pié de la letra, porque de antemano todos sabían que aquella guerra contra  tan poderoso rival había que darla por perdida, pero España contra las cuerdas y a costa del valor inmenso y de la sangre de los mejores de sus hijos , para pasmo de sus enemigos seculares, los que la detractan y la denigran, sigue siendo un misterio, a veces saca sus mejores registros, y echa el resto. Fue el pueblo que produjo Numancia e inventó al guerrillero.


Como ha demostrado bien en un artículo reciente en la tercera de ABC Carlos Seco Serrano a España no hay que achacarle responsabilidades en aquella crisis. No actuaron limpio los americanos ni se atuvieron a las cacareadas reglas del juego. No hubo fair play, sino avasallamiento, conminaciones, ingerencias y toda una manera de ser que se ha puesto de manifiesto a lo largo del devenir de los últimos tiempos en los anales del Pentágono: la política de la rosa y el mazazo, lo que ellos denominan the carrot and the stick. Ellos inventaron el jingoísmo. No podía ser de otra forma en una nación tan belicosa recién salida  de la Convención de Jefferson y de las cacerías de indios de Bufalo Bill y de las caravanas del Lejano Oeste con sus vaqueros a caballo que sólo parecen profesar una religión: la fe en la fuerza bruta, en el acoso y en la violencia como gran partera de la historia.
GENEROSIDAD YANQUI Y MAGNANIMIDAD CON EL VENCIDO
Ese jingoísmo lo disfrazan de corduras y de razones. Es su cara amable de sano muchachote de California. Debajo está siempre la pistola. Aquello fue un “ manos arriba “, “un atraco a mano armada “ y una partida de tiro al blanco. España  contra aquellas torticeras exigencias ( primero, pidieron la autonomía, luego, reclamaron la venta, y en ultimo término enviaron las cañoneras) no tuvo otra opción , para salvar la dignidad que es lo último que un hombre o una nación madre de pueblos debe perder ,que defenderse, aún sabiendo que aquel sacrificio sería un acto de inmolación.
Cuando aquella infausta mañana del 3 de julio de 1898 la flota de Cervera sale al encuentro del “Iowa “, “Oregon” y  del “Brooklyn “ y se convierten sus barcos - el “ María Teresa “, “ Vizcaya”, “Furor” y “ Colón” - en blanco de las andanadas de la escuadra estadounidense al apostadero en la bahía de Santiago, es consciente de que lleva a sus hombres al matadero, pero eran las ordenes de Madrid. También quizás se diera cuenta Cervera de que la muerte de sus marinos no sería inútil sino una gran acto de servicio a la patria. Los propios hombres de Sampson quedaron maravillados del coraje y dignidad de aquellos marinos. Terminada la batalla, los norteamericanos con admirable humanidad que les honra ayudaron a los supervivientes. Se largaron botes salvavidas y estachas, mientras en la playa  los náufragos eran acogidos entre aplausos y muestras de apoyo por los propios mambises. Los isleños de la Cuba Libre, los de Daiquiri, Guantánamo, y los de Chino Viejo ayudaron en las tareas de rescate.
En honor a la verdad, el comportamiento del gobierno norteamericano , que quizás tuviera mala conciencia por haber desencadenado una guerra sucia, en la victoria fue magnánimo. Váyase lo uno por lo otro. Supo ser generoso como sólo pueden serlo los yanquis en múltiples caos.
Como consecuencia de la guerra de Cuba en los Estados Unidos, donde el jingoísmo es casi una forma de ser, hoy se mira a los españoles con gran respeto dentro de la suspicacia y el desdén con que hay para todo lo hispano, después de los de Siboney. Fue también que gracias a la guerra de Cuba que los cubanos no siguieron la suerte tal vez de Puerto Rico p de Filipinas.


 Aquellos soldaditos fueron repatriados en los barcos del Marqués de Comillas, aquel catalán naviero  que dicen que murió como un santo y que se arruinó después de lo del desastre, desde Miami, Nueva York o Boston. El regreso debió de ser impresionante. La mayoría de los mozos no guardaban ningún rencor al antiguo enemigo y se mostraban alegres de haber podido volver sanos y salvos, aunque algunos tocados por la malaria y otras enfermedades tropicales.
CANCIONES.
Hay que acudir al cancionero popular para saber cuál fue la reacción de los españoles de cara al  común infortunio. Pues se hicieron de tripas corazón, y al ver a los quintos que volvían sonrientes y  agitando sus pañuelos desde cubierta, maltrechos pero vivos y cantando, se hizo celebre aquel remoquete de más se perdió en Cuba y vinieron cantando. O, abundando en lo mismo, otra coplilla que he escuchado yo alguna vez en mi pueblo segoviano, que alude a las penurias, a las levas y a la pavorosa sequía de aquellos veranos de fin de siglo, causante del hambre y la miseria, y pide protección y amparo  al Santo Cristo:
    En Cuba tenemos guerra.
      Llevan de España la flor.
      Y, si no llueve, Dios mío,
      ¿qué será de nos ?”
Puede afirmarse categóricamente que en aquella hora amarga de España la Corona estuvo a su altura. La dignidad de aquella dama enlutada, la Reina Regente, firmando el final de las hostilidades y arrostrando con augusto semblante las consecuencias de una guerra y una derrota que nunca buscó la Corona es algo que ha quedado para la historia plasmado en los archivos de las filmotecas, de la misma forma que su sucesor en el Trono , el Rey Juan Carlos , el día 12 de febrero, rindiendo homenaje a las victimas de los dos lados de la ultima guerra colonial en Cavite y al arrojar al Pacífico, el océano que baña Las Filipinas, descubierto por Magallanes y que guarda entre sus aguas los restos de tantos españoles, pronunció una frase lapidaria ante el presidente Fidel Ramos:” hemos de compartir el futuro y la esperanza “. Esta comunión en la esperanza, recogiendo las enseñanzas del pasado, es la piedra clave que acompañe a los fastos del 98 librándolos de un talante excesivamente derrotista, unilateral o sectario, y puede servir para conjurar los fantasmas y los demonios familiares que regresan al grito de que el 98 no es un proceso al que haya que dar por terminado.
Entonces habría que sacar de las cajas de las imprentas el fantasma de este personaje de Insúa, el cocinero de Cajigas para que lanzase aquel grito estentóreo que todos escucharon aquella tarde de febrero de hace cien años en el malecón  habanero :Qu´inda etoupes, porco.


Aunque está en un buen gallego, incluso mejor que en castellano, todos lo entenderemos. No fue un insulto en toda la regla, fue el grito telúrico del ataratxu vasco o del ijujú céltico.
Y esto vive Dios que puede ser así. Por miña nai...
   Fin del primer capítulo del serial LOS OLVIDADOS DEL 98
 
 
 
 
 
 
II
TRES DE JULIO DE 1898
 
 
                    
 
 
l
            
Para distinguir al buen escritor del mediocre no hay más que fijarse en la sindéresis que separa en su obra la potencia y el acto. Ese río que fluye, indomeñable siguiendo una trayectoria misteriosa, como la vida misma. Nadie podrá alcanzarlo . Presenta dos fases. Lo que se propone y lo conseguido. Ahí yace la piedra angular del arte y del estilo. Pero el estilo es el hombre Compatibilizar sendos estadios es lo más difícil. Luego está lo que los franceses denominan la verve, una especie de unción estilística que mantiene vivo el interés y sella la impronta psicológica, el <> vital de todo creador, único e incontrovertible, en el arte, por constituir su primordial impronta estética. Conviene precisar este matiz a la hora de estudiar la Generación del 98, a la cual se dio en denominar el Segundo Siglo de Oro de las letras castellanas.


  La habilidad de recursos, el despliegue y el contraste de trayectorias, esa vena oculta que permite caracterizar a todo buen libro; aquel que deja entrever más que demostrar, y en el que es más importante el material implícito que el expreso. En cualquier texto hay que ahondar en la vena oculta. Porque lo que está arriba es igual que lo que está debajo. Un macro cosmos es correlativo de equiparación con un micro cosmos. Si se compaginan en perfecto equilibrio ambas realidades, tendremos  capacidad de convicción y de seducción. La regla explica la razón por la cual hay libros que se nos caen de las manos, mientras otros atrapan de tal modo la mente del lector hasta el límite de tener que ser leídos de la cruz a la bola. Es la magia de la Gran Literatura - el poder de absorción - que no han logrado ni el cine, ni la pintura, ni la propia música: la posibilidad de vivir otras vidas, una a una, y a solas, de avizorar otros horizontes.
   El literato de raza es un mago que conjura a los abismos, reta a los cielos, abre en cada nuevo título las cajas de Pandora de lo maravilloso.
MEMORIALISTA
   Sólo la lengua de Quevedo , tan rica y poliédrica, verdadero bosque enmarañado y ubérrimo, porque , mientras no se demuestre lo contrario cada español cualesquiera lleva dentro un autor de dramas y de comedias, un novelista en ciernes, puede permitirse tales lujos ofreciendo al indagador estas perlas escondidas como las que engastan las cerca de ochocientas páginas del libro <>. Alberto Insúa es un gran memorialista, al estilo de los grandes escritores anglosajones ( Pepys,De Foe, Wolf).Su lectura resulta todo un hallazgo a la hora de poner en perspectiva los hechos acaecidos en 1898, para seguir la peripecia ocasional y anímica de un cubano errante al que los acontecimientos aciagos de la primavera y verano de aquel año echaron de su isla. Rodó su cuerpo por múltiples países: España, Francia, Inglaterra, Moravia, Italia, Brasil, Uruguay, Argentina. Su alma, empero, quedó varada allá en Cuba.
LO INEVITABLE
“Mi patria grande es España; Cuba, mi patria chica “, solía decir utilizando una terminología puesta en boga precisamente por los literatos catalanes de la Renaçença


(Verdaguer, Prat de la Riva, Pi i Margall). Luego este cubano errante y trans terrado habitó únicamente un solo suelo y un cielo único que da acogida a todos los apátridas, el de la Literatura. Es una ciudad mágica de la que nadie te puede expulsar. El ostracismo de los sueños es el mejor y más seguro de los ostracismos. A él pueden llegar sin pasaporte y sin necesidad de visa todos los ciudadanos del mundo peregrinos de la verdad y de la belleza, los letraheridos, conservando cada uno su acento y su aire cosmopolita. Y de ese aire universal que le sobra a él es de lo que adolecen la mayor parte de los escritores de su grupo. Valle será muy grande y genial en lo suyo, pero os volveréis locos al traducirlo al inglés. Alberto Insúa que no era nada localista, al igual que Maeztu o Ganivet, se manejaba con facilidad en ese idioma y en el francés. Los del 98 se dividen en “ estilistas”, en “ lineares “ y en  “ castizos “. Insúa, que practica una literatura diáfana sin truculencias, perteneció al  segundo cupo. No era preciosista, como Valle Inclán, ni deja correr su pluma descuidadamente y al desgaire, como si al escribir lo hiciese con las manos en los bolsillos a lo Baroja.
   El creía en el poder de la palabra como vehículo de mejora y de transformación de los pueblos, y terapia balsámica para curar los estragos de las guerras, un mal que  él da por inherente al género humano y en consecuencia inevitable. Viene a sostener que el genio de la guerra y el del pensamiento son dos fuerzas concomitantes y paralelas que intervienen en la promoción de los progresos científicos, la revolución de las costumbres y dan pábulo , mediante las luchas sociales, para bien o para mal, a los cambios irreversibles. ¿ Será verdad que la fuerza bruta es la gran comadrona de la historia?
   “Para mí la Literatura, con una ele grande, es una de las grandes fuerzas humanas, impulsoras y definidoras de los pueblos”.
   Es un lujo del idioma, el buque insignia de una generación, pero ya casi ni se acuerdan de él. No lo conoce nadie siendo el más cosmopolita, en franco contraste con el aldeanismo y ese efectismo de los que impostan la voz y que se calzan el coturno surrealista, se colocan de puntillas, para alzarse en jefes de fila, y que alcanzaron mayor nombradía entre nosotros, pero que, vertidos a idiomas extranjeros, se desinflan. Son las servidumbres de la púrpura, el peaje que tendrán que pagar los estudiosos del idioma castellano, donde “ unos crían la fama y otros acarrean el agua “, por más que de gustibus non disputandum est .En buena medida, todo este tema está pidiendo a gritos segundas lecturas y una revisión allí donde se refracta tanto espejismo de relumbrón.
   Claro, que el propio Insúa reconoce sus limitaciones y se instala en la modestia que es la mejor garantía del oficio:<<Yo no soy más que un literato en lengua española que ha escrito medio centenar de novelas, varios miles de artículos entre 1905 y 1948. He hecho un poco de teatro . El cinematógrafo, el sonoro y el silente, ha difundido varias versiones más o menos arbitrarias de mis novelas... No pretendo incluirme en la pléyade de escritores contemporáneos de nombradía universal. Lo que se entiende por fama es algo muy relativo. El mundo asiático, el africano o el pólinesico ignora a nuestros autores. Después de todo, ¿ quién sabe en la China quien es Bernard Shaw ?>>


Nacido en La Habana en noviembre de 1883, hijo de un pontevedrés de la parroquia de San Pelayo de la Estrada y de una cubana de Camagüey , y educado en el colegio de los jesuitas de Belén, centro , donde al correr de los años, iba a inscribirse como alumno Fidel Castro, y con los Escolapios de Guanabacoa, por su sangre corrían las dos posiciones de la tesitura que enfrentó a separatistas y españolistas. De esta fusión sale un resultado ecléctico donde se concilian las dos almas. Nadie más autorizado que Insúa, un liberal pero ni exaltado ni retrógrado, para evaluar este proceso que empieza en 1878 cuando Carlos Manuel de Céspedes da en Yara el primer grito de independencia y termina en Santiago de Cuba cuatro lustros más tarde. Por la rama materna - el abuelo secundó el alzamiento de Céspedes - Insúa tuvo parientes que murieron mártires de la causa . Pero ambas posturas de las dos vertientes familiares estaban abocadas a un compromiso. En la obra de este autor se armonizan sus dos sangres.
CANCIONES.
<>. Así explica el autor de “ Cabecita loca “cómo fuera posible el que aquella guerra, en la cual estaban latentes por debajo de las grandes proclamas de libertad fuertes intereses económicos y especulaciones macropolíticas, no fuese una guerra de grandes odios. Después del desenlace no se registraron represalias ni venganzas sangrientas. Cuando la isla dejó de ser española, los propios cubanos , ya fueran blancos, negros o mestizos, no hostilizaron a los peninsulares vencidos, y, salvo en algún caso aislado, se impuso la norma de la convivencia. 
Las negritas manejadoras o ayas de las familias los coloniales seguían tarareando al subir a la guagua aquello de:
 Chupa la uva,
  Suelta la caña
  Coge la maleta
  Y vete pa España.
Pero había algún que otro patriota ruidoso que el día de Nochebuena requebraba de amores a la causa despachandose a su gusto con un villancico contra los laborantes (así se llamaba a los partidarios de la independencia) ante el portal de Belén por las vísperas del 98:
   El que diga que Cuba se pierde,
   Porque Covadonga se venere aquí,
   Es un pillo, traidor, laborante,
   Canalla, farsante, granuja, mambí.
   Iberos venid, cubanos, llegad.
   Y veréis a la Virgen de Regla el manto que lleva.
   ¡Qué española va!


   La esclavitud había sido abolida en la colonia en 1870, pero en Cuba nunca hubo necesidad de que un B. Stowe escribiese la <>. La figura del negrero brilla por su ausencia en nuestros anales. La epopeya por la independencia dio pie a una etopeya llena de ritmo y canciones. El frente estaba en el campo donde combatían los insurrectos contra unas tropas españolas, no muy bien pertrechadas y poco entrenadas para los combates en la manigua - gran parte de las bajas eran causadas más que por las balas del mambí por el mosquito Anofeles que inocula la malaria- y de esa manera se ahorró el sufrimiento a la población civil. Puede decirse que sólo hubo represión cuando el gobierno de Madrid envió al general Weyler, una decisión desacertada porque, como bien apunta Insúa, era un español que , al nacer, se equivocó de siglo.
INFORTUNIO
   Mientras en el bando de los peninsulares todo era infortunio (la sustitución por Weyler de Martínez Campos, la muerte a manos del terrorista Angiolillo de don Antonio Cánovas en el balneario de Santa Águeda , con lo que no se dio muerte a un hombre solo, se mató un sistema político de convivencia, las indecisiones, titubeos  y falta de comprensión o la simple incompetencia de algunos de nuestros tribunos), sobre las manos de los contrincantes llovían las cartas de triunfo. Conscientes de su superioridad estratégica y apoyándose en un cuerpo de espías que intrigaban en Madrid, estaban mejor preparados los estadounidenses para hacer un despliegue, primero de guerra psicológica, y después de su poder naval omnímodo. Con una dotación de barcos artillados con poder de fuego contundente y fuera del alcance del ángulo de tiro de las baterías españolas.
En Washington habían hecho bien sus tareas. Su política, fundamentada en la doctrina Monroe y voceada por el jingoísmo de la nueva prensa amarilla que acababa de hacer presencia en el mundo, como verdadero “ cuarto poder “, fue desarrollandose gradualmente conforme a un esquema preconcebido. No dejaron ningún cabo suelto. Daban una de cal y otra de arena. A los sublevados de la Manigua, chorros de dólares, armamento ligero y pesado, y una base de operaciones en Tampa. A los españoles, promesas y buenas palabras, que, en un momento dado, se convertirían en conminaciones, calumnias. También practicaron el soborno.


 Todo estaba bien preparado. Los americanos entraban a por uvas. Lo del “ Maine “fue una estratagema inspirada en  las guerras de Troya” de la que Sampson supo sacar partido, envalentonando primero  a los españoles, porque la voladura del acorazado daba a entender que la escuadra de Estados Unidos tenía también flancos débiles, para ordenar al grueso de su flota  la retirada en bajo perfil hacia Guantánamo. Los gringos hicieron acto de presencia sólo cuando tuvieron viento favorable y certeza de que la armada que comandaba  Cervera iba a caer en la encerrona . La astucia fue su punto clave. También la logística. Y el Destino... Eran dos mundos los que se enfrentaban. El católico, heredero de la cultura clásica, y el luterano calvinista, defensor de una moral utilitaria, pero imbuido a su vez de un sentido de trascendencia mesiánica, basados en argumentos de La Fayette y de la revolución Francesa. El idealismo medieval, candoroso y bonachón, se presentaba como conejillo de Indias ante la maquina inexorable, fruto de la ciencia positiva y carente de sentimientos.
HÉROES Y NOMBRES DEL CALLEJERO
Fatalidad fue el asesinato de Cánovas, porque, a decir de este autor, “ hubiese defendido mucho mejor Cuba y su talento y competencia podría haber ahorrado a España amarguras y evitado la desesperación , precisamente algo de lo que fue incapaz de hacer Sagasta “. Según Alberto Insúa, Madrid no estuvo a la altura de las circunstancias. Los políticos y los periódicos alternaban la fanfarronería con el pesimismo y no supieron encarar el asunto de una forma sensata.
 Las noticias tardaban en llegar bastante tiempo, en algunos casos, hasta una semana. La “ Ilustración Americana “ era el único diario que tenía allí a un hombre destacado, pero el peso de la información corría a cargo del “ Diario de Marina “, el gran periódico habana y el “ Eco de Galicia “, dirigido por el padre del novelista. Don Waldo se arruinó como consecuencia de la pérdida de la isla. En cumplimiento de la letra de la copla que cantaban las negras manejadoras que cuidaban de los niños de las familias españolas de la colonia, que más que una canción era un presagio, “ hubo de hacer las maletas y volverse para España, después de haber malvendido sus pertenencias y cerrado el rotativo del que era propietario.
 A su regreso a la patria, escribió y publicó un libro a sus expensas de más de quinientas páginas, que no tuvo fortuna, porque se lo rechazaron los editores con la excusa de que “ Cuba no vende “. Este imponderable aceleró la muerte del padre escritor del insigne novelista . En situaciones difíciles o de peligro, España se entrega a la fatalidad o al escapismo de esconder bajo la arena la cabeza, como el avestruz. Eso  es cierto: aquí del desastre o de la grandiosa gesta de la conquista, que ha mantenido a nuestros poetas y dramaturgos mudos desde Ercilla para atrás, nadie quería oír hablar, por lo que  no se comprende cómo no fue explotado por el cine o la novelística  tema tan sugerente. ¿O es que la historia han de escribirla eternamente los vencedores ?  La heroica batalla que libraron los marinos hispanos frente al coloso yanqui - Lazaga y Villaamil quedando sepultados en las aguas de la bahía -  recuerda ala Iliada. Conserva todo el pathos de la tragedia griega. Fue un holocausto. El honor y la hombría fueron inmolados en la pira funeraria para expiar los pecados de un pueblo. Estuvieron frente a frente la gallardía y el sentido del deber   contra la chapuza y la incompetencia .


 Eulate, que perdió un brazo en la refriega, y el propio almirante Cervera, desnudo y mal herido, tapando sus carnes con la bandera española subió a bordo del Brooklyn para rendirse y entregar la enseña y el sable ante el almirante norteamericano que se mostraba conmovido e impresionado. No habían hurtado el cuerpo a las balas. Supieron defender la bandera. Los dos primeros ganaron la laureada a título póstumo. Habían acreditado con su propia sangre el prestigio que va unido al nombre de la armada española. Cuando España ingresó en la OTAN, los aliados no ocultaba esa admiración al orgullo navegante de una de las escuadras con más  solera en el mundo .Pero la gloria y la admiración a los redaños de todo un país fue conseguido tan sólo por unos pocos.
EL HONOR DE LA ESCUADRA INCÓLUME.
Se ha criticado al almirante Cervera por dar la orden de salir a dar batalla. Durante la II Guerra Mundial la escuadra italiana se rindió con armas y bagajes y no libró un solo combate, entregándose a los americanos en Sicilia. La hazaña de los marinos españoles del 98 si para algo sirvió fue para corroborar la solera y un prestigio inherente a nuestros hombres de mar, muy por encima de la incompetencia ,  y la insensatez de nuestros políticos, o las “ bolas “ o despropósitos de nuestras plumas galanas. Los marinos hipanos desde  Don Pascual Cervera con sus capitanes , Concas y Díaz Moreu,  hasta el ultimo serviola, el más humilde grumete del escalafón ,todos estuvieron en sus sitio.  Al morir con las botas puestas, rescataron el honor y la dignidad de una nación atolondrada y cansada. Gracias a ellos, esa dignidad y ese prestigio, sobre todo, al otro lado del charco, entre los pueblos de nuestra estirpe, sigue incólume.                                               El Ejercito de España también supo escribir páginas gloriosas: Vara del Rey, el Cascorro, Cabo Noval, aquel asturiano, un soldadito de nuestra fiel infantería, que, copado todo un sector, a costa de su propia vida y atrincherado en un blocao, salvó a cien compañeros lanzando contra el enemigo bombas de mano. Eloy Gonzalo o el “ Cascorro “, un madrileño nacido en la Inclusa de la Corte, defendió su fortín con una lata de gasolina . La posición en llamas y bajo el ataque mambí, la machada del infante permitió el repliegue táctico de toda su compañía. Estos apellidos insignes - Noval, Cervera, Villaamil, Vara de Rey, Eloy Gonzalo-, paladines epónimos, nombres de una gesta en una guerra que perdimos pero en la cual la honra de todo un pueblo quedó a cubierto, debieran de significar algo más para las generaciones venideras que meras referencias en el callejero de Madrid.
Pero este olvido, voluntario o inconsciente, forma parte del acervo de grandezas y servidumbres de la hispana idiosincrasia, que a veces tiende al papanatismo con lo de afuera en menoscabo de lo propio, obvía lo que verdaderamente tiene importancia y endiosa lo que es fútil, sabe ser héroe en un momento dado, pero casi nunca en la convivencia diaria. La idea quedó reflejada en el “ Cantar de Mío Cid “ sobre aquella frase tan lapidaria: Dios,¡ qué buen vasallo, si oviese buen señor !


Y el cocinero de Cajigas, simpático personaje del libro en que Alberto Insúa narra la pérdida de Cuba, plantea la cuestión en estos términos:
<< A ese Sagasta rapulo io el tupé >>(A Sagasta le rapo yo el flequillo)...Por miña nai..
                                 
M. SACRAMENIA ARTEDO
 
 
 
                                 Fin del segundo capítulo del serial Los olvidados del 98      
 
 
III
   LA MUERTE DE CANOVAS O LA FATALIDAD
 
                                                                                             
 


      Oprimidas detrás de su coselete de piedra coronada de torreones y de almenas de sus murallas medievales, las ciudades se proyectan hacia afuera. Esta es la época de los planes urbanísticos, los trazados a cordel, y de los ensanches. El crecimiento de la población - la familia clásica a fines del XIX, para compensar el esquilmo de las epidemias, de la mortalidad infantil, y las muertes de las pobres mujeres de sobre parto se defendía a fuerza de proles numerosas y exageradas, hacían falta brazos, y era un núcleo fuerte - la nueva mentalidad higiénica y los deseos de cambio, así como el aliciente de que las armas recién descubiertas habían anquilosado y vuelto obsoleto el concepto de ciudad/fortín determinaron en toda Europa el derribo de los cascos viejos , de los perímetros murados, de casas hacinadas, corralas y falansterios, que sólo habían servido para fomento de la claustrofobia, la promiscuidad y la endogamia.
Hubo lugares de España como en Madrid donde la fiebre del desescombro condujo a perpetrar atropellos urbanísticos. El antiguo vado con su mota se perdió para siempre y de la antigua muralla moruna ( almudaina)  sólo quedaron algunos lienzos en la Cuesta de la Vega. En descargo, empero, de aquellos ediles, que piqueta en  ristre, arrasaron no pocos monumentos y enclaves que databan del tiempo de los austrias, hay que decir que estaban hartos del “ agua va “, de los pasadizos oscuros, como aquel que había en el callejón de los Irlandeses, cerca de Puerta Cerrada, donde una noche oscura mataron a un teatino, el cual, apurado de una necesitad física, bajó a hacerla en plena calle, y por allí rondaba un amador galante, algún Don  Diego de noche cortejador que espiaba el balcón de su dama, y, que, tomando por un rival en sus amores hundió el puñal en cierta parte del fraile mientras éste exoneraba mansamente su vejiga, que estaban hartos de aquella vida chirle y buscaban aires de renovación urbanística. Fue por aquellas fechas , a raíz de la Exposición Universal de París de 1888, que fue construida la Ciudad Jardín. Gracias al Marqués de Salamanca en la zona de Serrano y de los bulevares, Madrid dejó de ser el castillo famoso del que habla Moratín o el pueblón manchego incómodo , y  empezó a parecerse un poco a París.
El alumbrado público , la entrada en las casas de luz eléctrica, para sustituir al velón de estearina, las lámparas de petroleo, la candela de esperma o el modesto  candil, dispersaron al personal. Esto supuso una innovación tremenda. Con luz y gas en cada piso, la gente se hizo más independiente, y empezó pensar por sí misma. Luz y taquígrafos. Antaño , nadie se desmandaba; todos estaban recogidos en torno a la mesa camilla o haciendo rueda cerca del fogón de carbón y leña, amarrados a una disciplina a un concepto patriarcal de la existencia. Era difícil despintarse, pero quien más quien menos empezó a entrar y salir a los espacios abiertos. Se construyeron plazas y glorietas. Esta dispersión física de los ensanches afecta señaladamente a la mentalidad y condiciones de una vida nueva en el finiseculo.


Los bailes de candil de Marquillos el Verde o de San Isidro se convirtieron en verbenas y en kermeses. Antes nadie hacía deporte. Los ricos cazaban. Los pobres simplemente le daban al naipe en chiscones y tabernas - las cartas han constituida el deporte nacional - pero esta preocupación por la higiene es cosa reciente. Desde que los griegos inventaron las carreras pedestres y hacían correr a sus atletas en el estadio, se olvidaron de los mitos apolíneos del Discóbolo o de las impresionantes  curvas de la Venus de Fidias, teniéndose el culto al cuerpo por paganizante y sincretista. Esta es una tradición moruna, que tapan el rostro de sus mujeres y lo cubren de capisayos y de refajos, y todas aquellas carnes que Roma mostraba tan ostentosamente. Pero también es inercia árabe la dosificación del esfuerzo, porque el Corán prohibí hacer deporte y manda a los creyentes no gastar energías en cosas inútiles, si no es por servir Alá. España heredó tales convencionalismos muslímicos naturalmente.
A lo largo del Medievo las mujeres se tapan y se recogen. Seguían utilizando los afeites y se daban pócimas para mantener la piel blanca y el cutis terso, pero la belleza estaba en el alma, espejo del alma, en la compostura y el continente, y no radicaba en la disposición o hermosura de los miembros corporales. Eso se quedaba para las mulas hacaneas, las yeguas de Flandes y para las esclavas. De dueñas era el recato y la compostura. La moda , como el gusto, es algo objetivo y baila en el reflujo de los tiempos, en el vaivén de las costumbres pasajeras.


Roma había implantado la costumbre de exhibir a las esclavas que traían los centuriones, como exvoto de conquista, de sus correrías por Numidia - de allí eran Cleopatra y Nefertiti, diosas de ébano de la Antigüedad - o al otro lado del Rin, y a sus efebos en la catasta, una especie de almoneda de la carne, donde el que más pujaba adquiría los derechos sobre el cuerpo del esclavo, y ahora hay algunas pasarelas de la moda y de la fama que recuerdan por su sincretismo a la catasta romana, donde los tratantes de esclavos exponían a la curiosidad lujuriosa los cuerpos más despampanantes. El cristianismo, con su fuerza incoercible, y que vio cómo algunas de sus vírgenes tuvieron que someterse al tormento de los lascivos ( A Santa Inés un ángel del Señor defendió en la catasta de los deseos de un viejo libidinoso de Pompeya, y a Santa Lucía le hizo crecer los cabellos de su cuerpo que ocultaron, también en la catasta o bohordo del mercado de esclavos, pudorosamente) hizo mucho en pro de la dignidad femenina. Los santos Padres descubrieron que la fuerza de atracción más poderosa de la mujer, que cuanto más esconde más sugiere, está en el recato. Todo era cuestión de rango, según aquella mentalidad; porque, aunque no faltaran Mesalinas, mientras la plebe descubría sus encantos, los patricios tapaban a sus mujeres con el velo de las nupcial de las vestales. A través de Bizancio, esta costumbre pasó a los árabes.
El furioso hedonismo de nuestros días revierte a los de la Roma del Bajo Imperio. Cuando a mí , periodista a palo seco, me llegan las imágenes  - el pan de cada día televisivo - de la Pasarela Cibeles con sus contoneos , manetos y desplantes, que esconden tras su aparente inocencia un sustrato más o menos lascivo, de esas bolitas, espigadas y anorexia, pienso en la catasta del Coliseo, y también en aquella tía asturiana de una de las modelos que ahora más se cotizan, que era un virago de tronío, mujer más desconcertantemente perversa que pude conocer en aquella Central, años 60, endogámica y donde “ uno tenía que amar por dos”, como decía Clarín, y donde ellas elegían a los novios con reglas de cálculo. Que Dios perdone a aquella lamia de cintura de avispa y ojos flavos que estudiaba Filosofía y Letras por la faena que me hizo. Los años le vuelven a uno más tolerante con las miserias humanas. La colada del tiempo abrasa todas las manchas por inmundas que fueren, aunque siempre quede un estigma. Mientras, sigue la feria de vanidades y continúa el desfile por la pasarela/catasta triunfante. Cuerpos gloriosos, apariencias esplendentes. Sexo sin seso. Noli me tangare. Todo tiene un precio y una tasa. Es la dinámica de los tantos por ciento y de los corretajes
Vinieron los ingleses y abrieron canchas de tenis y campos de fútbol. Aquella sociedad española, al expirar el Siglo, estaba ansiosa de novedades. Colgó en el perchero los antiguos hábitos misoneístas y se hizo de vanguardia. Todo entraba por los ojos hasta la publicidad. La guerra con los Estados Unidos fue determinante de un cambio en el que interviene la eclosión periodística y la publicidad. En Madrid se publicaban hasta quince diarios por tales fechas. La primera publicidad que se registra en la prensa de la corte son parches de tapsia para el resfriado, el chocolate Matías López, cordiales contra la disnea y para adelgazar, miriñaques y corpiños, y  también se anuncian gimnasios para cultivar el músculo los caballeros. Las mujeres aun no practicaban deportes, aunque todo se andará. Mostraban una gran preocupación por su físico. Ya no es sólo la cara lo que vale. También la figura. Hay que vigilar el tipo. La gente se vuelve de repente como más sensual.


Eran los nuevos tiempos y había una obsesión por la higiene. Los españoles se lanzan a la vorágine del confort. Por la Cibeles empezaron a verse los primeros automóviles. La fotografía remata en verdadera obsesión .Es un invento mágico. Todo el mundo quiere retratarse. El retratista, heraldo de las ciencias empíricas, ocupa la plaza de mago. Cuando llegan a los pueblos con sus viejas cámaras de daguerrotipo al hombro, el trípode y la alcuza para conservar el agua de veneno y los manguitos negros de funcionarios, el mandilón de menestral, causan sensación y se les hace corro para ver cómo trabajan. No habrá para comer pero todos se retratan...A ver un pajarito, un pajarito. Hay que posar de tiros largos para la historia. Mandar la foto al novio que está sirviendo al Rey o para que conste en los anales de la vida familiar. Todo empezó a ser un poco más diferente a partir de entonces. Los cambios empezaron a ser irreversibles.
Se derrumban las murallas de Jericó. Caen los postigos que tenían casi todos nombres de Virgen o de arcángeles - Puerta del Socorro, Puerta de la Anunciación, Puerta de San Miguel - y algo vale que en Toledo durante aquella fiebre urbanística dejaron intacta la Puerta de Bisagra. Fueron pocas las ciudades medievales las que se salvaron. Avila representa la gloriosa excepción a los estragos del ensanche.
La cosa tuvo sus aspectos loables. Otros horizontes y otros aires. Se busca el contacto con la naturaleza. Mayor libertad de movimientos y de costumbres. Es decir: apertura. Vivía como de estreno. Pero toda aurora comporta un ocaso. La ligereza o la inconsciencia con que los ediles e ingenieros municipales echaron  mano del cartabón y la plomada para hacer el trazado de nuevas ciudades, como tiradas a cordel, llevaba aparejada la destrucción de lo viejo. Eso equivale en  a un sacrilegio. Muchas de las ciudades españolas habían sido establecidas durante la colonización romana. Ya se sabe que para Roma - así lo pone de manifiesto Tito Livio en su tratado de A Urbe condita - toda ciudad era fundada tras haber consultado a los arúspices, escudriñado  el vuelo de las aves, probado la calidad de las aguas, calibrado las montañas, aspirado el aura a los efectos de observar la salubridad de sus aires, y con arreglo al veredicto de los sabios y de los sacerdotes se profería el veredicto si un emplazamiento era fasto o nefasto. Era la fundación de una ciudad una ciencia y un arte a par de un rito sacralizado.


Cualquier fundo, cualquier villa, cualquier quinta residencial, de acuerdo con la mentalidad romana, era tributaria de una divinidad ancestral a cuya tutela estaría concatenada de por vida. En él se erigía el ara en loor de las fuerzas telúricas inmanentes o divinidad tutelar, que brindaría a todos los que moraban bajo su alero una protección particular frente a los demonios que acechan, el infortunio que sitia a los mortales. Mansión viene de  manere ( lo que permanece, lo que es eterno) y es de la misma raíz que la “ madison “ francesa, la “ manor  house “ del hidalgo inglés, o la masía catalana ,y contextúa lo que se alza para la eternidad. En este contexto latino, la “ domus “empadrona no sólo a los individuos en un momento dado, sino también a los que allí habitaron y a los que habitarán, porque la casa romana era algo más que el habitáculo. Era un vértice de encuentro con las fuerzas telúricas del más allá, el nudo de conexión entre el caos - lo oscuro, lo siniestro, la nada sideral- y el cosmos creado por los dioses que a su vez moraban en el Olimpo.
Toda vivienda y toda calle tendría que tener algo de sagrado, como tabernáculo de pervivencia de los ancestros residentes, y numen de protección y cobijo para los moradores. Era un Olimpo en miniatura, recinto sacro que rompe la homogeneidad del mundo, punto de contacto entre la carne mortal y el espíritu inmortal a través de las divinidades familiares que para los paganos sincretistas eran básicamente tres: manes, los muertos de la familia; lémures, que protegían contra duendes y trasgos y las enfermedades del ganado; penates, los encargados de la buena fortuna.  De ahí que los soldados romanos fueran supersticiosos antes de arrasar una ciudad, porque esta destrucción entrañaba pelear con las fuerzas obscuras y una inversión de valores: la vuelta al caos. Traía mal fario. Cuando regresaban de sus campañas debían de purificar su cuerpo en las aguas lustrales del Tíber. Este terror a los fantasmas familiares y a los espíritus domiciliarios ha sido heredado por los ingleses, que tienen pánico ante las casas encantadas y a la guestia,( ghost, hoste, o Santa Compaña), y no derribarán un edificio aunque los aspen. Arreglarán, rehabilitarán, reformarán, recompondrán hasta lo indecible de la chapuza .Eso les encanta. Pero tirar nunca ¿ Por qué ? Nadie puede enfrentarse a los espíritus sin quedar contaminado de repente.


Ahora bien,¿ los manes, lémures y penates de un condominio o apartamento del West Side neoyorquino o de un octavo piso en el bloque de un barrio de Móstoles  a ver quién es el majo que los encuentra ? Modernidad implica movilidad, desarraigo. La dispersión crea labilidad e independencia, nuevos conceptos democratizadores. Los centros de poder, el “ axis mundi “empieza a desplazarse desde Europa a la América del Norte. Antes este se concentraba en manos del Trono y del Altar. Ahora se habla del pueblo soberano, pero detrás del pueblo soberano , que nada sabe ni nada   dice , tan tornadizo que puede ser mártir y chusma a la vez puesto que  lo que pide es que le dejen vivir, influenciable y  maleable, están los nuevos ricos, los magnates de los Trusts o monopolios y de la Bolsa, banqueros, caciques, amos del cotarro, fabricantes de algo en exclusiva.
Dicha desproporción  inequitativa en el reparto de los bienes era un filón de rencores y de enconos por la lucha de clases. Marx había escrito ya el “ Das Kapital “ y la revolución de octubre estaba llamando a las puertas.  Las guerras que ellos proyectan y a la mucha gente que ellos hacen morir no son por conceptos altruistas - patria, fe, o por la defensa de una idea - sino porque andan en juego  zonas de influencia o existen intereses económicos en liza .Poco le preocupe que la riqueza esté mal repartida o que se den desigualdades terribles. La destrucción del régimen zarista  había sido un acto calculado y sopesado científicamente.   Lo terrible es conocer a estas alturas es que Lenin tenía sus padrinos en Suiza y en Chicago y que tanto el comunismo primero como el fascismo más tarde fueron una vacuna con la cual  el Sistema demostró su salud de hierro librándose de anticuerpos comprometedores, porque los nuevos demiurgos del dinero parten de una premisa:” Con tal de que no mueran muchos de nuestros chicos,  la guerra y la revolución, si no es en nuestro patio de atrás o en nuestro cuarto trastero, es una fuente divisas, puntal de nuestro poder, porque, si otros se arruinan y se matan entre sí, nosotros seremos formidables”. La guerra había dejado de ser un acto heroico, como la veníamos entendiendo los españoles, para convertirse en un diagrama de ecuaciones matemáticas, producto de laboratorio como la concibieron los yanquis Se encuentra entreverada con la política que también se concreta en algo científico con una dialéctica de masas.
Los cambios bañan todos los ámbitos , por lo que se hace imposible el hecho aislado y se advierte una interdependencia ineluctable de las ideas con los hombres y de éstos con las cosas. Empieza el “ Women Power “ de las sufragistas británicas que consiguen la igualdad de derechos en las urnas, y, cuando la mujer se manumite recabando una cierta autarquía, saliendo del fogón y de la crianza de los hijos, y puede tener ideas propias, colocarse fuera del hogar y ganar sueldos. La faz del mundo empieza a ser distinta.


Aun no había hecho acto de presencia el arquitecto Le Corbusier con su concepto de casa como artículo de consumo que desacraliza en cierto formo el hogar evaluado como sancta sanctorum, y lo convierte en objeto de especulación dineraria o en una mercancía, que traerá aparejada el inmenso negocio de las inmobiliarias como base de la economía moderna. La funcionalidad y la secularización de la vida van a ganarle la partida con su pragmatismo a las nociones estéticas o religiosas. Todo se vuelve laico, deja de ser misterioso. Durante la eclosión noventa y bochista empieza la dispersión. Lo que había sido centrípeto se torna centrífugo. Es el cambio de la España rural a la urbana.
Es un salto en el vacío. Algunos cayeron en el lodo. Porque los bajos fondos y las condiciones infrahumanas de explotación en que vivían las masas irredentas cobran carta de naturaleza en los primeros siglos del maquinismo .La ciudad que había sido en la época medieval eje del comercio, de la administración y del saber, pasa a unidad de consumo y de oportunidad. Baroja nos presenta a Madrid en “ La Busca “ como campo de Agramante de lucha por la vida. Pero la capital española no es una excepción a la regla. Experimenta el mismo proceso que había experimentado las megapolis cosmopolitas - todas ellas creación de fines del pasado siglo -:Berlín, Viena, la ciudad de los suicidas, el París de Zola que conoce niveles de pobreza y de abyección escatológicos, el Londres de Dickens, o el New York de las “ sweats shops “, catorce horas de trabajo al día por un cuarto de dolar. Aunque las comparaciones sean odiosas y no valga el aforismo de “ mal de muchos... “ resulta una capciosa anfibología mantener que España vivía una pobreza extrema. Las penurias y carestías afectaban al mundo civilizado en los comienzos de la era tecnológica. Hay que leer “ Germinal “ de Emilio Zola o “ Berlín Alexander Platz o haber contemplado un cuadro de Hogarth donde se ve a los mendigos y a las prostitutas borrachas expirar en pleno Strand londinense para hacerse a una idea de las condiciones de vida. Nueva York era un sitio terrible, donde la primera generación de emigrantes que llegaban esperanzados a la Isla de Elis en busca de un futuro mejor que en Europa no alcanzaba los cuarenta años de vida. Otro tanto puede decirse de la conquista del lejano Oeste, donde San Francisco era una ciudad sin ley. Ver la famosa película de Charles Chaplin “ La Quimera del Oro “.


En España, aunque ahora algunos pretendan olvidarlo, es un país del que dicen los autores que tiene la cultura perfecta. La pobreza ha sido aquí más llevadera. Muy malo han de darse las cosas para que  falte un cantero de pan o un tiento al vino de la bota. Y el sol de España, pese a nuestros agobios y aflicciones continuaba luciendo. El torero de aquella hora Lagartijo, El Califa, amo de todos los ruedos, el indiscutible maestro. La muleta del insigne diestro cordobés remataba faenas con arreglo a los cánones más exquisitos en el arte de Cuchares en los alberos compensaba a los taurinos por los bajonazos y revolcones con que nos atropellaban los miuras de la bien encastada ganadería gringa. Los toros del presidente MacInley  con la cuerna poderosas de sus acorazados nos empitonaban a hecho porque iban al bulto. Pero todavía quedaba Lagartijo para ser consuelo de nuestros lutos en aquellas  horas sangrientas, cuando se nos helaba la sangre con los cablegramas que llegaban  de Santiago y de Cavite, y tantas madres, tantas novias, tantas hermanas o esposas de los que servían en los destacamentos ultramarinos se vestían a negro y las campanas de los templos repicaban a muerto. Se había perdido todo, menos Lagartijo. La fiebre taurina alcanzó grados increíbles pero no era sino una forma de evasión a las persistentes zozobras.
   A la matonería jingoísta de lo s rotativos de la cadena Hearst y su xenofobia intransigente nuestra prensa respondía en idéntica clave de jactancia, porque el orgullo español no permitía otra cosa. Pero la procesión iba por dentro. No era más que una estratagema para vocear periódicos en Gran Vía o en la Rambla de Cataluña. Porque España entera estaba sumida en la psicastenia. Se esperaba a Weyler como el mesías salvador de Cuba. Pero el general de origen prusiano que se había distinguido del lado isabelino en las guerras no resultó más que un anticlímax.
   Se había producido un acontecimiento literario que revolucionó cafés y mentideros literarios. Un oscuro maestro de Plasencia acababa de publicar unos versos - “ El Ama “ y el “ Cristu Benditu × que resultaban de una tersura y originalidad sin precedentes. Los poemas olían a flor de jara y estaban embalsamado del aura de las brisas de las dehesas de la España profunda. En los juegos florales de la Ciudad Condal el oscuro literato se llevó la flor natural. Era un poeta del pueblo, que de él provenía y a él llegaba.
   En carta fechada en enero de 1896 a su amigo Mariano de Santiago Cividanes, seminarista en Curia ( luego se salió ) apunta el poeta de Guijo de Granadilla el siguiente testimonio:Cuando se acabará esta guerra, nadie puede predecirlo, ni el mismo general en jefe. Pero desde que Weyler llegó , es lo ha cierto que ha tomado muy favorables rumbos, y que adelantan bastante para una solución satisfactoria a nuestras armas. El que diga más que esto o dice cosas que no sabe, o no sabe lo que se dice, y para que no creas otra cosa que te digan . Y si hay un seminarista que tenga ahora más y mejores noticias de la guerra que yo, que me lo diga. ¡ Y eche usted digas !. José María Gabriel y Galán.”.


La voz de Gabriel y Galán es una voz representativa , aunque olvidada de la generación que nos ocupa. Esta misiva revela el estado de crispación y de impotencia del español de a pié ante la crisis, pero transmite la preocupación del pueblo, con sus anhelos de paz , por la vuelta a la vida arcádica y rural, lejos de los cabildeos y sofocos de la alta política. El bondadoso maestro nacional de Guijo de Granadilla representa la dignidad herida, la cordura y la honradez de Juan Español, que es el que padece las consecuencias de la campaña de Cuba con estoicismo: levas de quintos, arbitrios, tasas y la carestía de vida.
   Cuando vienen mal dadas España se ensimisma. Busca la solución del “ beatas ible “ horaciano. Fue lo que hizo fray Luis de León cuando es acusado por la Inquisición y tantos otros: Góngora, Quevedo, Pereda o el propio Unamuno con su fórmula de “que inventen ellos “. El “ Solitario de salamanca “ fue buen amigo de este vate del terruño. Ambos escritores se cruzan una intensa y elocuente correspondencia, cartas que por otra parte son un dechado de ponderación, verdaderamente antológicas del género epistolar. Son una antídoto de presencia de ánimo y de longanimidad en medio del cúmulo de desventuras nacionales, cuando otros se desahogaban con el esperpento, el desquiciamiento o la tea incendiaria.
   La muerte por asesinato del primer ministro, Antonio Cánovas del castillo, en 1897, debió de ser una mazazo a toda esperanza. Se seguía con ella la tradición desgraciadamente trágica del magnicidio, abriéndose un catalogo negro que ha segado la vida a tantísimos españoles. La herida sigue sin cerrarse. Pero no es un mal español. Pertenece al mundo contemporáneo. Es fruto del nihilismo que se había iniciado en Francia en las últimas décadas decimonónicas. Precisamente una año antes caía abatido por los disparos de otro terrorista italiano en Lyon el presidente de la República francesa, Carnot. Se trata de una de las realidades siniestras de nuestros días de carácter global. Hay veces que el destino parece que se obstina en machacar duro mostrándose por encima de la razón y de los buenos deseos. La aparición del asesinato como arma de disuasión política sería un regreso al caos, a la región de las tinieblas. Por desgracia , esas densas sombras que empañan la convivencia democrática siguen ahí aferradas al horizonte. Es por eso que algunos  han dado en creer que no es cuestión concluida ésta del desastre del noventa y ocho. España, sin embargo, país mágico y que guarda la clave de recursos eternos, está claro que saldrá adelante. Sabrá resarcirse.
 
                                                  * * * * *                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   III
 
     


             RAMON Y CAJAL ,
                 EL DESQUITE
 Santiago Ramón y Cajal representa el desquite, el único consuelo en medio del desastre. Cuando en 1899 el famoso histólogo es invitado a dar una serie de conferencias en la Universidad norteamericana de Worcester sobre sus descubrimientos relacionados con el funcionamiento de las neuronas - hasta Cajal  los estudios frenológicos consideraban al cerebro humano como una inmensa red eléctrica; después de Cajal, los científicos empiezan a evaluarlo como una terminal de ordenador, en la que las células operan a partir de combinaciones binarias - y recibe un cheque por valor de seiscientos dólares, estuvo, en aras de su inmenso patriotismo, de devolver el giro a los interesados. Sin embargo, mejor aconsejado por el Ministro de Fomento, opta por aceptar la invitación. Su presencia en los Estados Unidos, pocos mes  es más tarde de la firma del Tratado de París con sus onerosas estipulaciones para España, que más que las clausulas de un tratado parecen las conminaciones de un “ diktat “, va a lavar la imagen de su ensangrentado y confuso país por causa de la derrota.
   En la calva de Don Santiago y en su aspecto adusto y cetrino - se trata de meras apariencias - brilla la voluntad de vencer al destino aciago. Nuestro médico insigne es un rebelde del trabajo oculto y ponderado. Encarna la fe ciega en el ser humano, más allá de los imponderables de la política. Es el símbolo de la revancha de la paz del laboratorio frente a los desaguisados y sufrimientos sin cuento de las trincheras. Se cree que en los cerca de cuatro lustros que duró la campaña de Cuba perecieron alrededor de doscientos mil españoles.
   El mismo, recién ascendido a capitán y encuadrado en las filas del regimiento Tomasseti, que había combatido algunas algaradas carlistas por los montes de Aragón, pidió ser enviado a la isla antillana. Podía haberse quedado apaciblemente en Madrid, gozando de un empleo en capitanía, pero prefirió marchar a combatir como disponible forzoso en la manigua en el destacamento de Nuevitas.
   Al poco de llegar a La Habana el joven oficial, se produce un incidente lamentable, pero típico de la situación de corruptelas en que habían caído algunos mandos del Ejército - no todos - con ánimo de lucro. El habilitado general de la tropa, en connivencia con el enemigo, se había fugado a Tampa, en La Florida, con todo el dinero de los fondos reservados: los pluses, las masitas, las pagas de los oficiales y suboficiales, el dinero de armamento y construcción. Todo. Ello supuso que muchos de ellos, los que no hacían cocinas ni trapicheos, y se habían resistido a meter la mano en la cajón, hubieron de pasarlas muy estrechas.


   En este grupo estaba el capitán de Sanidad. Las penurias que tuvo que pasar por la falta de soldadas - corría el año 1874 - y las injusticias de las que era testigo, al ver que en el rancho cuartelero los mandos comían a cuerpo de rey y a los soldaditos se les servía bazofia, le pusieron en el brete al joven aragonés a elevar un parte por escrito a la superioridad denunciando los abusos. Nunca lo hubiera hecho. Estuvieron a punto de formarle consejo de guerra. Esto y el haberse negado Cajal a formar parte en un contubernio de conspiradores que querían “ dar un golpe “ frente al gobierno de Madrid le valieron la enemiga de sus compañeros. Pero el aragonés, hombre de una sola pieza, y que estaba Ambato de ese sentido de la libertad y de la  justicia que ya mentaba Gracián en sus escritos - que para libre Aragón , se sentía capaz de hacer la vista gorda ante el abuso y la tropelía se granjeó la enemiga de los poderes fácticos.
   El general Grau ordenó publicar un escrito injurioso en la prensa habanera, pidiendo fondos para una colecta en favor del capitán Ramón y Cajal, que se hallaba  impecunio y destituido pobrecito... No tiene dinero. Otra queja por escritos, pero en España este tipo de informes a quien corresponda, y de las reclamaciones al maestro armero, malo será que no acaben en la papelera. Se le acusó de indisciplina y de rebeldía, la peor impugnación que puede hacerse contra un militar, y los altos jefes estuvieron a un paso de expulsar del Ejército a uno de sus oficiales más eximios, y uno de los que con más pundonor ha llevado en la guerrera las estrellas blancas de capitán de Sanidad, el que, años adelante, contribuiría a adelantar en las investigaciones frenológicas sobre las neuronas, el que sería un pionero de la bacteriología, puesto que se supone que los hallazgos del médico hispano fueron determinantes a la hora de acorralar a la temible espiroqueta sifilítica.
   Dijo que el cerebro trabaja como un ordenador, en el cual las células se ensamblan o se separan a partir de los colores - Cajal las consiguió aislar al microscopio mediante una impregnación de crimato de plata - y su sentido de la justicia y de la responsabilidad eran también una computadora, por lo que contaba las verdades al lucero del alba y caiga quien caiga. En medio del estelionato y del peculado que le rodeaban y la infame corrupción, supo ser un funcionario egregio y modélico. Los soldados rasos lo querían, pero su postura frente a las demasías y arbitrariedades de arriba le hizo un hombre con fama de arisco entre la oficialidad y los jefes de alta graduación. No era un hombre incómodo, sino leal a su Rey a quien servía y al país que le pagaba.
   Fue destinado a un batallón de castigo que operaba en plena ciénaga, el Fuerte Santa Catalina, un lugar insalubre, donde enfermó de tuberculosis y de paludismo. En la desarbolada enfermería del sector y a pesar de haber caído él nada más llegar con fiebres organizó un hospital de campaña. Allí volvió a resplandecer el tesón baturro de este maño que jamás daba su brazo a torcer. De nuevo denunció los abusos, sobre todo los de un comandante y de un brigada que cada vez que entraban de cocina se hacían ricos a costa del estadillo de los pobres soldados a los que sisaban en la comida, embolsándose  gajes y corretajes del condumio.


   La malaria hacia estragos causando en las líneas españolas más bajas que las balas de los de la partida de Chino Viejo. Don Santiago, muy enfermo, tuvo que ser evacuado a Puerto Príncipe, pero, restituido a su antiguo destacamento, una vez lo dieron el alta, allí seguía el comandante rival, que no le perdonaba el que el renuente  “Matasanos “ le hubiese puesto en evidencia. Terne en sus convicciones, el médico  le hacía poco caso. Aprovechó el largo tiempo de espera para aprender inglés, lengua que llegaría a dominar perfectamente. Sintiéndose fascinado por los colores del trópico - la pintura le había fascinado desde niño - desempolva las acuarelas y se dedica a plasmar en lienzo sobre todo los verdes que percibe su retina en la manigua. La importancia del cromatismo en el espectro celular y embriológico sería luego uno de sus más importantes aportaciones a la Medicina y la triaca contra las epidemias que han venido azotando a la humanidad desde su inicio. Los estudios cajalianos ayudaron  a los internistas de ambulatorios y dispensarios durante la gripe del año 17 y la que a principios del siglo hiciera estragos en la población de Valencia, de cuya universidad fuera nombrado catedrático de Anatomía en la poco antes.
   Cajal forma parte de una gloriosa tradición que honra a la Medicina española y que en inmunología ha dado nombres como Jaime Ferrán , discípulo de Pasteur, a quien se debe una vacuna contra el morbo o rabión colérico, o el mahonés, Buenaventura Orfila, el padre de la Toxicología, médico de Napoleón, gracias al cual la muerte por envenenamiento, tan común en la Edad Media, dejó de ser una bonita coartada para quitarse de en medio al que estorba, sin correr graves riesgos para la justicia, quedando tan sólo como un lance de intriga en los episodios de las novelas policíacas. Agatha Christie no hubiera sido novelista sin el arsénico. Después de estas eminencias que ha dado España al mundo, los forenses, los psiquiatras y los epidemiólogos pueden trabajar más a gusto.
   Y es que ellos son - Santiago Ramón y Cajal , muy señaladamente - el anverso de esta medalla del 98, que tuvo sus aspectos positivos.
   El tesón de este baturro de Huesca ( nació en Petilla de Aragón el primero de mayo de 1852, pueblo de la raya navarroaragonesa), que se mantuvo firme en sus convicciones de redimir a España a través del trabajo honrado y no con trapisondas ni jactancias se combina con el poderoso intelecto del malogrado Ganivet, quien funge como el gran buque insignia , el gran pensador cosmopolita, no castizo, de todo el grupo, y que tampoco se arredró en la denuncia de los males nacionales. Ganivet, otro gran funcionario, al igual que Cajal, alzó la voz contra el cohecho, el peculado , la venalidad o el favoritismo de la administración del estado. Tampoco le hicieron demasiado caso y el gran literato granadino acabó tirándose a las aguas heladas del Vilna cuando apenas contaba con la Edad de Cristo. Su suicidio sólo comparable al de Larra fue el del avisado funcionario, fiel a sus convicciones, que se resiste a las seducciones de la adulación más propios de logreros y advenedizos  que de un servidor leal a la administración española. Y funcionarios fueron también Villaamil, Eulate, Pascual Cervera y todos los soldaditos que murieron en las charcas  de Cuba con el nombre de la Patria en los labios. Ellos lavaron el nombre de España frente a los corruptos, los desaprensivos, y los que en todas las situaciones críticas  de este país, - que ya han sido unas cuantas y todas ellas suelen generar con el cambio de tortilla millonarios y nuevos ricos -  al pairo del río revuelto, se mueven sólo por el quillón y por el estelión, la robla, el alboroque y los devengos. Rematando en estraperlistas.


   A Santiago Ramón y Cajal le libró de la desesperación su determinación a sobrevivir, y por supuesto, el microscopio, aquel microscopio marca “ Varice “ del que no se separaba día y noche. Detrás de la lente convexa empezó a columbrar las maravillas de la célula cerebral, todo un microcosmo, trabajando a partir de los embriones. En el Fuerte Santa Catalina contrajo el paludismo y la tuberculosis. Se pasó la mayor parte de la campaña de Cuba en la enfermería, no ya meramente como sanitario sino como paciente. Pero dicen que la ciencia y el amor a la literatura es un revulsivo contra la depresión y ya decía Dioscórides que la mejor higiene del cuerpo es la del alma( por eso los libros son a veces un antídoto contra las enfermedades ya que la búsqueda de la Piedra Filosofal garantiza a veces longevidad ) le ponían a buen recaudo de los gérmenes , del mosquito Anofeles, de las coces de los mulos embastados con la munición del destacamento de montaña en el que servía, y de las coces aún peores de aquel comandante que le tenía hincha. Del nombre de este rijoso mílite no guarda memoria la historia, aunque se sabe que intentó matar a Cajal ordenando que el botiquín se convirtiera en caballeriza. Eso  le salvó. Cierta noche hubo un “fregado”. Los mambises hicieron carne contra los asnos y las mulas de carga durante el ataque. Sus disparos no causaron entre los soldados de aquel regimiento ninguna baja.
   Don Santiago fue repatriado a España en mayo de 1875 as bordo del buque “ España “, que luego nos lo hundirían los norteamericanos. Venía enfermo de tifus y con las fuerzas muy quebrantadas a causa de la insalubridad de los marjales y trochas cubanas, pero con el espíritu incólume, orgulloso de haber aprendido a conocer mejor y amar a España, deseando su mejora y redención.
   A su regreso prepara oposiciones y gana la plaza de catedrático de Anatomía de la Universidad de Valencia. Años más tarde, por el mismo sistema concursa a la de Fisiología en la Central. Ya le tenemos instalado en una casita que se compra en cuatro Caminos. Desde su ventana contempla el paisaje velazqueño de carrascas y tamujales. Al fondo, encopetadas con sus tocas de nieve, las cumbres del Guadarrama. El viejo profesor , veterano y superviviente insigne de la guerra de Cuba, combina sus clases en las aulas destartaladas del edificio de la Calle Ancha de San Bernardo o las dependencias del clínico de San Carlos en Atocha con sus investigaciones. De chico quiso ser pintor, pero su padre, don rufo, le secuestró los pinceles. Esa inclinación por el arte de Apeles renace en plena madurez. Don Santiago encuentra solaz a las pesadas cargas de su labor científica ante el caballete y la paleta donde mezcla los colores. ¡Ah, los colores !. El cromatismo es patrimonio de la luz y de la vida. No hay más que asistir al parto de un niño o ver nacer a un arbolito.
   También escribe. Encuentra inspiración literaria hurgando en el venero inagotable de la infancia allá en sus correrías y andanzas de chico por los tesos del Pirineo aragonés: Panticosa, San Juan de la Peña, y el Ayerbe de sus amores. Así se gestan sus “ Charlas de café “ y publica a sus propias expensas, por 3000 pesetas , <>; son casi dos mil páginas de texto ilustrados con ochocientos grabados originales, dibujados por él mismo. Fue un fracaso editorial en aquel entonces, pero hoy es libro de cabecera y de consulta en las facultades de Medicina, porque nadie ha conseguido  superar a Cajal en la rama de la Histología.


   Entre tanto llega el fatídico Año del Desastre. Los españoles inconscientes y embrutecidos por una política irresponsable y narcotizante de “ pan y toros “, asisten incrédulos a la desaparición de su poderío naval que suponían inviolable. Santiago de Cuba de Cuba y Cavite en Filipinas son dos hitos negros que ponen el finiquito al orgullo español. Los barcos yanquis hacen carne y pueden bombardear impunemente y fuera de tiro a los barquichuelos españoles armados todavía en madera, que sólo cuentan por defensa con el pecho de sus valerosos tripulantes porque los cañones son inservibles en aquella guerra de técnicos contra idealistas .
   Se pierde el ultimo florón de Cuba y en Filipinas todavía un puñado de valientes, el batallón de Manila, sigue atrincherado en su posición cuando ya se había firmado el Tratado de París. Apercibidos de que es inútil la resistencia arrían la roja y gualda y ponen fin a su numantina resistencia y entregan la plaza a los filibusteros de Rizal.
Los soldaditos de dril, los últimos de Filipinas, que fueron mal vendidas a los gringos, vuelven a casa. Muchos de ellos a morir a causa de las enfermedades tropicales.
   Es la ruina, la demostración de nuestro acabamiento y decadencia. No podemos superar a la civilización que acaba de vencernos. Pero , cuando esto sucede he aquí que los mismos yanquis se ven obligados a llamar a un oscuro catedrático de la central para que hable en Worcester y en Nueva York de una serie de descubrimientos maravillosos en el cerebro humana que él acaba de realizar en el cerebro humano. Cajal representa entonces el símbolo de nuestra revancha, una esperanza y una certeza de que el genio español no ha muerto, que aun podemos enseñar cosas al mundo. Este es el motivo de la gran popularidad que tuvo el Cajal catedrático, el Cajal literato y escritor, el Cajal patriota, en un tiempo en que la ciencia estaba enquistada en nuestra patria en centros muy escasos y enquistados. El consiguió abrir puertas y ventanas logrando así que la atmósfera viciada se renovase y entrase por los resquicio un rayo de luz, una brisa nueva. Por eso el premio Nobel que le fue otorgado en 1906 fue un poco el desquite de nuestra derrota. Ningún otro premio Nobel ha sido más justo ni más unanimemente celebrado a un español.
   Fue un hombre célebre . No un español famoso. Dijo que la célula, el maravilloso protagonista de la vida, se recata obstinada en la doble invisibilidad de lo pequeño y de lo homogéneo. Entró en ese colmenar de la Naturaleza , arcano de los misterios y clave de los enigmas aun por desvelar, con una clarividencia reservada a unos pocos elegidos. En verdad el gran histólogo fue un elegido, uno de esos españoles que nacen cada quinientos años, pero que recompensan por las amarguras que a veces van concomitantes al mismo hecho de ser y sentirse español.
   “ Amigos míos, mis jóvenes discípulos - decía Don Santiago en una de sus últimas lecciones magistrales - amemos a España, aunque no sea más que por sus inmerecidas desgracias... No soy yo un sabio, sino un patriota; tengo más de obrero infatigable que de arquitecto calculador... Mi fuerza fue el sentimiento patriótico; mi norte, el enaltecimiento de la toga universitaria; mi ideal , aumentar el caudal de ideas circulantes por el mundo”. Así hablaba Cajal en Zaragoza. Este maño , enjuto  de carnes y elevado de espíritu, que pensaba alto y vivía frugalmente, representa la fuerza del héroe anónimo y anegado que con sus descubrimientos al microscopio borró en parte el mal sabor de boca que dejaron los reveses militares y la incompetencia de muchos de nuestros periodistas y políticos.
¡ Santiago Ramón y Cajal, cuán grande español !
 
 


 
Millán Sacramenia Artedo
 
 
 
 
 
 
 
 
 
            Fin de la cuarta entrega del serial LOS OLVIDADOS DEL 98
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
                                                                ********
                                                                  ******
                                                                     ***
                                                                       *
 
 
 
 
 
 
 
 
 


   En marzo de 1896 A..  Ganivet publica en Helsingsfors ( Helsinki) “ Granada la Bella “, un libreto de 94 páginas. Está dedicado a su madre, doña Angeles García  Siles de Ganivet. Está obra, redactada en treces días, del 14 de febrero al 27 del mismo año, resulta su testamento literario, un libro de cabecera para conocer el pensamiento, a ratos proféticos y repleto de pasmosas clarividencias, del poderoso intelecto regeneracionista del que había de convertirse en el buque nodriza de todo el Noventa y Ocho. La ironía, la compasión, el garbo y amenidad y el acrisolado sentido estético trascienden las páginas de este opúsculo lleno de amor a su patria grande: España. Y a su patria chica: Granada.
   Precisamente, una de las soluciones que da el autor del “ Idearium Español “ y de los “ Trabajos de Pío Cid “ aquí para solucionar el pavorosa problema del centralismo, que no es en puridad español, sino de importación napoleónica, es la resurrección de la ciudad y del municipio como garantía del buen entendimiento político y de la convivencia entre los diversos pueblos y etnias que componen el rompecabezas , pasa por la revitalización de las ciudades, centro de saber, de actividad mercantil y eje de las ideas. Puede decirse que la España de las Autonomías fue entrevista con mucha anticipación por el escritor y pensador granadino.
   Pero también advierte de los peligros a los que puede conducir el proceso de revisión del pasado, y que también se está cumpliendo: la desintegración del castellano. España vive desde hace siglos un conflicto interno no resuelto entre litoralidad mediterránea, cantábrica y atlántica, y meseta. El misticismo castellano y el escepticismo andaluz, de carácter centrípeto, andan en pugna con la España ribereña. Las espadas siguen en alto y no se le ve salida al túnel. La nación tendrá que modernizarse pero sin perder su mismidad, su inmensa capacidad creadora, en el torbellino.
   Viene a proponer un tratamiento de choque  para cicatrizar la herida que sangraba desde hace mucho tiempo: la educación del pueblo. En esto coincide con Joaquín Costa,El León de Grau  del que sus enemigos decían que había leído demasiados libros, y que hacía girar su filosofía en torno a una frase:” aquí todo es cuestión de escuelas “. A ninguno de los dos les hicieron demasiado caso, pero ambos próceres hundieron el escalpelo para cauterizar la herida por donde más sangraba: la dejadez, la abulia, y esa altanaría fatalista que nos viene de los austrias y que condensó Machado en la frase de “ Castilla desprecia cuanto ignora “. Como no hay enemigo pequeño, los desdenes son muy peligrosos tanto en sociología como en política.
    Por eso atinan con tan admirable precisión en su prognosis.
  Sorprende al exhumar el texto de esta pieza ensayística, encuadrada en el humanismo, la tolerancia y la añoranza con la que vibra la pluma de Ganivet al evocar desde el Norte helado y desde la bruma o “ tyman “ ruso los patios de naranjos y los cármenes de su Granada nativa, comprobar la actualidad que late en todas estas reflexiones. Parecen escritas antes de ayer y fueron redactadas hace más de un siglo.
   Es que el genio no tiene hora, ni edad. Carece de longitud y de latitud, al trascender las imposiciones del tiempo y del espacio. Goza de perenne lozanía como el agua de las fuentes del Avellano y de la Salud, que vierten al Darro y al Genil desde los cerros de la Alhambra, en la que él soñaba.


   “ Granada la Bella “ compendia una serie de reflexiones muy de propósito para estudiar la problemática hispana ahora mismo. Con cordura, con circunspección, sin aspavientos ni alharacas, imbuidas de sensatez patriótica, aunque Ganivet sea muy crítico sobre todo con los estamentos que han fomentado la torpeza, el caciquismo, la superstición, la cursilería, el alma fanática de Caín que con frecuencia se apodera de los resortes del país agarrotándolo. Sus apóstrofes a la clase gobernante, a la que responsabiliza de la mayor parte de los despropósitos merecen un alto para hacer meditación y también para entonar un “ mea culpa “.
   He aquí una gema engastada en este libro que es todo él una perla de clarividencia, de sosiego y de ponderación:
   En el comienzo de este siglo España ha atravesado días muy duros; ha tenido que hacer frente a una invasión; y los que dieron la cara no fueron en verdad los doctos. Esos pasaron todos el sarampión napoleónico y en nombre de las nuevas ideas se hubieran dejado rapar como quintos e imponer el uniforme napoleónico. Los que salvaron a España fueron los ignorantes, los que no sabían leer ni escribir “.
   El fraile o ese hombre con cara de fiera que extiende los brazos ante los mamelucos que lo fusilan en el cuadro de Los Fusilamientos de Moncloa son para Ganivet los mártires del desgobierno secular. Son estos héroes anónimos los que dan el callo, cuando fallan las altas instancias o se anquilosan los supremos resortes, que, o bien se fugan al extranjero, o bien se uncen al carro del vencedor. El pueblo español, ignorante y sufrido, posee un sexto sentido para navegar en las aguas revueltas de estas situaciones críticas. No resulta fácil engañarlo.
   Sin partir del dogmatismo papanatas ni de la ingenuidad de creer que en otras partes atan los galgos con longaniza, el diplomático granadino pone en circulación la sugerencia de que el pellejo enfermo de la nación española conserva todavía anticuerpos capaces de inmunizarlo contra los gérmenes patológicos de nuestro organismo, no con paños calientes, ni tampoco a base de escarmientos y enmiendas drásticas sino mediante la reflexión y la autocrítica.
   Aunque, como todos los de su grupo, se pregunta sobre el “ finis Hispaniae “ en alta voz, y lanza un grito de angustia ante la posibilidad de que el cúmulo de desgracias hayan puesto a este país de bruces sobre el abismo y al borde del finiquito, el pesimismo de Ganivet ( quien presiente ya su suicidio en el que influye no sólo el despecho de una mujer desamorada sino también la derrota de su patria ante los norteamericanos ) no trasciende a sus escritos. Parece que aspira a una metempsicosis o regeneración moral a través de un mecanismo de defensa interior que nos aparte de los demonios familiares y de esa serpiente antigua de la discordia civil.
   La base de tal regeneración estaría en renglón con la restauración de la vida comunal porque es de la ciudad donde aquí han emanado libertades e iniciativas y ese talante foral que se desenvuelve bien en la autonomía mancomunada, pero nunca en el estrecho marco de lo tribal ni en las rivalidades de campanario.


   “No hay nación seria donde no hay ciudades fuertes. Porque ellas son centro de ideas y vínculo de futuro... Yo me enamoro de la plenitud de fuerzas de las ciudades libres”, declara  Ángel Ganivet para más adelante confesar que la restauración de la vida política en España pasa por la de su vida comunal, “ porque el ciudadano tiene fe en su nación, pero mucho más en su ciudad”.
   Leyendole nos invaden sentimientos conciliadores, sobre todo al estudiar nuestra decadencia que él, parafraseando a Maculay, atribuye a la desgana, la indolencia altanera y el orgullo que se atisba en algunos personajes retratados por Velázquez   que exhiben un orgullo postizo. En el óleo, por ejemplo, que plasma el semblante del Conde Duque de Olivares, a lomos de un caballo que hace corvetas y que se va a la empinada, con una mirada tan soberbia y campanuda, se barrunta ya su próximo traspiés , porque el soberbio alazán era un poco flojo de remos y se derrumba al brincar por encima de la zanja.” Nuestra caída era irremediable. Habíamos abarcado mucho más de lo que permitían nuestras propias fuerzas”advierte.
   Se había roto el equilibrio al desparramar brazos que sostuvieran el imperio, y no quedaba otra opción que el repliegue, la vuelta al centro. Y el centro , el canon y la medida del equilibrio interior lo halla Ganivet en la reconstitución urbana. Maneja una idea medieval, precisamente la que dio pábulo al origen de la burguesía, sin abandonar el modesto plano de las ideas generales, porque los apodícticos triunfalismos, según él, fueron siempre funestos, hasta tal punto de caer “ España subyugada bajo el peso de los hombres decorativos “.
   Propone, por tanto, arrancar desde la base y empezar por abajo. “ Si un labrador ve su campo plagado de malas yerbas no las elimina a cañonazos. Llama al escardador “ Es un regeneracionista. No un subversivo. Con su cordura y sensatez  desarma cualquier planteamiento complicado o sibilino. Todo es cuestión de escuelas, improperaba Costa desde los escaños del Congreso. La reforma de la vida nacional pasa por acometer la traída de aguas en mi pueblo, crear unas condiciones de vida más decorosas y agradables en el barrio donde vivo, postula el granadino.
   Pero a renglón seguido se pregunta a sí mismo sobre si España es una nación, o tan sólo un hospicio a la vista de sus estaciones de ferrocarril destartaladas, la abulia oficial, la existencia chata y zaragatera de las provincias, la rutina que todo lo carcome, la gazmoñería de algunas bellas.
   A este respecto hay que decir que Ganivet fue un buceador en las profundidades del misterio del Eterno femenino. Ensalza el carácter abierto y la vida libre de las finesas, que ya conocían las relaciones prematrimoniales, dando al erotismo un sentido práctico y nada trascendente, pero tampoco nada morboso, cuando las congéneres españolas vivían encastilladas en sus hogares siguiendo los prejuicios  de la rutina del harén  moruno. Considera como algo irremediable el movimiento de liberación de la mujer y su emancipación. Sin embargo, pone en guardia contra los excesos de un feminismo que desposea a la mujer precisamente de su condición femínea.
   El genero de las personas no viene a ser más que un accidente. Sin embargo, violentar las normas de la Naturaleza, querer ir más allá puede poner a la sociedad peligro. Cualquier extremismo es nocivo. No a la pata quebrada y en casa . Pero tampoco el amor libre, ni la disolución de la primera célula social: la familia.


   Conocedor del paño del país en el que ha nacido con el que recubre sus miserias y del pie que cojean los bueyes con los que hemos de arar formula la advertencia de que, dado el carácter fogoso de la hembra española, sojuzgada y vehemente, el río amenaza salirse de madre. La inercia puede desquiciar el “ statu quo “ derivar al otro lado del péndulo. Doña Inés se despoja de tocas y jubones y se lanza fuera de las tapias del convento para buscarse la vida. Parece que Ganivet estaba profetizando el destape. La libertad de costumbres de la mujer hispana aventaja ahora a la de las nórdicas.¡ Qué difícil es aquí el ten con ten !
   No hay término medio. Este es el país del o no bebes o te azumbras. O delante de los curas en la procesión con el Santísimo. O detrás del clero,  a trompazos.  Estos vaticinios resultan los pronósticos acertados de un sociólogo, bien emplazado, que maneja datos con sensatez  y que está viendolas venir. Guardan correspondencia con el entramado del cañamazo demoscópico ,ese espejo al lado del camino al cual aludía Balzac y  que ha de tener instalado todo buen escritor en su gabinete de trabajo. Al fin y al cabo el hombre moderno se está convirtiendo en mera estadística, un número en el inmenso bombo donde se mueven las fichas de las reglas de la causalidad y de la causalidad o de las Leyes de Hont.
   Puso en guardia contra las extralimitaciones de los agentes de la cosa pública y parecía estar barruntando la trágica hecatombe de la guerra civil. Aboga por las mejoras de vida de aquellos españoles en los niveles de la irredención. Predicó a favor de la igualdad de derechos de la mujer y luchó contra su discriminación al tiempo que amonestaba contra los peligros de su cosificación en la catasta o feria de vanidades que sobrevendría. Porque el sexo puede ser una forma de enajenación que puede llevar a la tiranía del sexo por el sexo y del poder por el poder. Se trata de un medio. No de un fin.
   Asimismo, sus juicios sobre el porvenir del castellano tampoco tienen desperdicio . Los emite al evaluar la obra de su paisano Pedro Antonio de Alarcón. Dice concretamente:”El <> es un cuadro de la naturaleza bordado en la Alpujarra. Será un poema en prosa cuando los españoles olviden escribir el castellano; esto es: muy pronto “.
   El dictamen resulta un augurio cierto a la vista del rumbo que cobran los acontecimientos, y que reclaman una revisión de los grandes genios literarios que tuvo la literatura española en su hora más amarga. A decir verdad, sin embargo, no se registraba desde el Siglo de Oro otro momento tan singularmente fecundo. Ni un haz de primeras plumas tan brillantes como las de esta ocasión. Por más que no se comprendan ciertas pretericiones oportunistas ni las parcialidades que condenan al olvido a algunos de los representantes señeros de la generación.
   La prueba más fehaciente , al hilo de la polémica que mantiene Menéndez y Pelayo sobre si hubo o no hubo ciencia española alguna vez, lo  basa Ganivet en este torrente desbordante de literatura. Los escritores suelen ser como la punta del iceberg de la vida interior de un pueblo. El 98 demuestra que España en medio de sus langores y estridencias de agonía estaba viva.


   Hubo, por tanto, ciencia pero la ciencia española ha sido una ciencia especulativa. No empírica, ya que ésta , o se daba por de contado, o se sobreponía como un apéndice invisible. El concepto está en plena revisión sobre todo a partir de la nueva imagen con que los historiadores del grupo de Oxford están presentando a Felipe II, que no tiene nada que ver con la Leyenda Negra. El se trajo a los mejores pintores de Italia, auspició como mecenas a los mejores botánicos, a los matemáticos, geómetras , arquitectos, nautas, etc.
    El misticismo, según demuestra nuestro autor, es uno de los predicamentos del entrañamiento con las facultades del intelecto. Porque el asceta hispano, aduce, empieza menospreciando las cosas de la tierra, para terminar, mediante proceso de extrapolación ,encariñándose con el mundo y  amando a las criaturas, como espejo en el que se mira la divinidad.” Por donde venimos a dar con el arte puro y universal que idealiza al héroe y al mendigo, al santo y al bandolero”.
   Inventar, entonces, ¿ para qué ? Que inventen ellos. Unamuno lo tenía muy claro y quizás no consiguió hacerse entender, pero los escritores didácticos del 98 - no los modernistas - se arriman todos a la ubre de la riqueza interior, y de esa anarquía fruto del individualismo español. Lo que ocurre es que a un hombre al que la sangre le pide pelea es muy difícil tenerlo doce horas encerrados en un laboratorio o mirando por un telescopio.” Existe una ciencia española porque no es como las demás. Nuestra ciencia está en nuestra mística hasta el punto , que cuando algún sabio español, como Servet o Raimundo Lulio, ha hecho un descubrimiento, lo ha hecho incidentalmente, en una obra de discusión teológica o filosófica; porque nuestra naturaleza repugnó siempre la ciencia de segundo orden que ha venido ahora a ocupar el primer lugar “.
   Se piensa con la cabeza, pero se cree con el corazón. Por eso, España es país de contrastes. La armonía no es duradera a nivel de grupo. Es muy difícil que se mantengan sólidas las amistades o las asociaciones de cualquier tipo. En cambio, aquí las órdenes religiosas no fracasan. Abundan los agnósticos y los que no creen  ni en su camisa, pero a la Virgen de su pueblo que no se la toquen. Las concepciones de índole cultual, siempre a horcajadas entre lo sagrado y lo execrable, lo ancestral y lo blasfemo, pueden aquí resultar tabúes. Los principales institutos religiosos de la Contrarreforma nacieron en España. De la misma forma que el cenobio es griego, el monasterio - cartujos, camaldulenses, benedictinos, cistercienses - medieval presenta una ascendencia francesa e italiana, el convento sale de matriz española.
   Hay una serie de palabras, observa Ángel Ganivet, de origen castellano, intraducibles o que han pasado tal cual a otros idiomas. Entre ellas: convento, guerrilla, pronunciamiento y meneo. Se refiere a ese movimiento de caderas , prelativo únicamente a la mujer española, que es algo camaleónica y sabe conducirse como nadie, luciendo palmito y caderamen por la catasta. Al atávico sentimiento golpista de algunos generales durante el pasado siglo. A la facilidad de tirarse al monte por menos de nada. O a la sopa boba y la sinecura conventual. Y que hay nos las den todas. A lo que se aspira mayormente es a vivir del Estado o a costa de la beneficencia. Grande y maravilloso país es España. No se parece a ningún otro .Cicatero y generoso. Insociable y partícipe a un mismo tiempo. Berroqueño y duro como un quejigo o como el sílice de sus montañas y tierno como un recental de sus majadas. Siempre, insólito.


   A este pueblo hay que amarlo, aunque no nos guste. Ello es la receta que ofrece a las generaciones venideras el máximo augur, la mente mejor amueblada, que diría Emilio Romero, del Noventa y Ocho. Por todos lados nos dan caña. Nos damos caña  a nosotros mismos. ¿ Por qué así ?. Mientras soñaba en las cumbres del Mulhacén , sede de ventisqueros perpetuos, y sentía nostalgia de Granada allá en Finlandia. Escribe en la remembranza pero aún bajo la convulsión del horror de esos ojos fulminantes del chispero que en el cuadro de Goya desafía altivo a las balas del piquete de Murat y que parecen escupir rabia, una rabia de siglos, la cólera de un sabio analfabeto con los brazos abiertos al martirio, o el gesto del fraile del cerquillo que agacha la cabeza pero no se abate ante la insolencia, la prepotencia ni el fulgor de fuego fatuo que impregna esa gran obra de arte del genial baturro de Fuentetodos, y quien para colmo luego resultó ser un afrancesado.
   Todo eso ocurrió una oscura noche de primavera en Madrid. Pero el escritor granadino contempla - no es un escritor del instante, sino global, llevado del deseo de acaparar el tiempo largo - parece mostrarse angustiado de ominosos presagios, como si supiera de antemano que la sangre de aquel pueblo ignaro aunque leal no habría d ser la última que se derramase en aras de la defensa de la libertad, siempre tan española, porque este es el país de la real gana. Las brujas del miedo elevan el vuelo a lomos de las antiguas escobas desde el paisaje en desolación de un aguafuerte goyesco.
   Ganivet, el máximo representante de esta generación, era un filosofo. Los otros, sólo estetas de relumbrón. Unamuno, Maéztu, Benavente, Machado no hacen sino perseguir la ruta marcada que a empujones marcó el gran ideólogo. Ya que existen muchos Noventa y Ochos. Lo milagroso es que un pueblo con una tasa de analfabetismo tan pavorosa ofreciese este tan granado plante de enormes pensadores, de novelistas como Baroja, y de poetas como Rubén Darío.
   El de ahora, a cien años vista, puede ser más trágico. Porque , aunque no hay analfabetismo tan literal, el de ahora puede resultar más peligroso.
 
Millán SACRAMENIA ARTEDO   
 
 
 
 FIN DEL QUINTO CAPÍTULO DE LA SERIE << Los olvidados del 98>>
 
                                                               ********
                                                                 ******
                                                                    ***
                                                                      *      
 
 
 
 
 
 
(VI)   EL GRAN BONAFOUX
*** Un profeta que llegó desde la bella Borinquen


*** La mente más lúcida y la lengua más viperina de un olvidado antillano que honra la historia del periodismo en lengua castellana.
Por Millán Sacramenia Artedo
 
  
 
    Es por antonomasia el gran olvidado de toda la pléyade. La mente lúcida, la voz de profeta  clamando en el desierto, la pluma mejor tajada y la lengua más viperina pero no falaz. El gran auténtico. El gran ausente. Su nombre injustamente olvidado - Luis Bonafoux y Quintero- honra la historia del Periodismo en el idioma castellano. Resulta con Insúa el máximo representante de esta hora. Al igual que el cubano, este portorriqueño de Guayama, es de los que estuvo allí para  contarlo. No escribe de oídas. Hizo la mili en infantería en  Islas Filipinas( Manila). No le hurtó el cuerpo a las balas de los blocaos, ni lo que es peor al aguijón de los navajazos en la pululante colmena madrileña. Que más que colmena ha sido siempre un avispero los moscones con alas de zángano siguen zumbando. ¿ Que habrá que hacer, Dios Santo ? ¿ Candar el sepulcro del Cid con Siete Llaves o espantar los abejorros de la colmena de Cela, con sus abejas reinas, su resplandeciente e incombustible nómina de <>, << intocables >> ocupando el trono sito en las celdillas del colmenar ?. Es un aviso contra tanto dislate. La cultura española quizás se merezca otra cosa mejor. Pero Bonafoux, un genio, la flor de jara que alza su corola en el albañal, nos reconcilia con ella. Al fin y al cabo, hay que aceptar , resignados, que estos son los bueyes con los que se ha de ir a arar; estas son las cestas con las que hay que salir al coso, de mimbres muy ajustados. Constituye un honor el decirse periodista, después de haber elevado el sublime antillano a este humilde menester a la categoría del arte grande. Porque la pluma vencerá siempre a la espalda. También saldrá airosa de su combate con el engreimiento y la ignorancia de los mentecatos. Bonafoux da lustre a la profesión.
   En medio del marasmo y la debacle del zafarrancho español a fines del pasado siglo, este criollo sale a partir una lanza por los pobres, los humildes. Por el vencido. Fue el único corresponsal español que contó las sesiones del proceso Dreyfus y estaba refugiado en el Café Saint Lazare de París cuando la chusma irrumpe como en un baile de máscaras tea en ristre para pegar fuego a las sinagogas de media Francia y se agolpa enfurecida contra las tiendas regentadas por hebreos dispuesta al saqueo. Contó para los lectores del “ Heraldo “ aquella noche de los cristales rotos y de los cuchillos largos del verano del 98 en París.


   Bonafoux estuvo con Zola y con los judíos aquella vez. Hoy hubiese estado de parte de los palestinos. Porque con aquel humor caustico que le era característico recuerda con los libros de los psalmos davídico en la mano que Israel no necesita defensas humanas, porque es el pueblo  que cuenta con el respaldo divino. No puede cometer la torpeza de caer en la vulgaridad de jugar a gran potencia, ni pasar de víctima a verdugo. Siendo prosemita sin tapujos y sus crónicas a favor de Zola, a punto de ser linchado por la multitud, han quedado ahí para los anales eternos, como un gran profeta de los de su raza, diría que no es bueno para el porvenir de este planeta partirlo en dos bandos. De ellos y nosotros. Más bien, todos juntos y unidos. No queremos hacer escatología milenarista. El verdadero judío no suele presumir de esta condición que es como segunda naturaleza. El espiritu de Israel está en la vida y en la historia. Es la historia y es la vida misma. Es el amor sin garantías.Es el sufrimiento y la búsqueda. Se esconde en la sabiduría  y en los libros. Tiene que ver poco con los convencionalismos humanos.
   A Celine le ocurrió algo parecido. Por eso resulta egregia y señera la personalidad de este corresponsal y gacetillero, levantando su voz en favor de Zola cuando formuló su famosa frase  de “ Yo acuso “, cuando entonces ni en Madrid ni en París se daba ni media tagarnina por un judío. Hoy Bonafoux lo más probablemente es que enristrara la pluma como una adarga temible para defender la causa de los palestinos que a pedrada limpia se defienden del fuego a discreción de las falanges antidisturbios del ejército israelí.
   Estaba inmerso en ese sentido histórico, que sabe ver más allá de lo que está delante de las narices, y del “ hic et nunc “, el aquí y ahora de la actualidad desbordada en su propia espuma cegadora que no permite visionar el tiempo con claridad, que caracteriza a los periodistas con olfato, a los prosistas de raza, y a los profetas, asistidos siempre por ese “ quid divinum “, que los alza por encima de la ramplonería y mediocridad del humano solar.
   No calla jamás ni sufre ancas de nadie. No se refugia en la frase hecha de los que andan en el regosto de la mecedora, nadando a favor de corriente. El nirvana se convierte en apatía. Luego remata en abulia y a continuación se desatan las furias nacionales. Porque no se supo prevenir, porque la gente se entrega al optimismo acomodaticio, o se aparta a verlas venir, atrincherado detrás del adarve de la falsa calma, esgrimiendo con frases manidas, como “ aquí el que aguanta gana “, la flexibilidad de vértebras del lamerón áulico o del lechuzo, o del sibilino que goza con sus escarceos de funámbulo o en los juegos malabares.
   Fue todo menos un manso y un pastueño o un pancista de los que están viendolas venir. O esos aristarcos del no te lo decía yo. Siempre refractario, caústico. ¿Qué es lo que ha dicho usted ?. ..Pues yo de entrada me opongo. Esa era la “ Víbora de Asnieres “, pero sólo mordía al que tenía  que morder. Abogado de las causas perdidas y temido en las altas instancias. No fue perdonado en su desparpajo o su desfachatez . Hoy el nombre de Bonafoux sigue suscitando fobias y furias después de muerto. Le condenaron a galeras y las altas instancias crearon en torno a su persona una conspiración de silencio. Sellaron su tumba con el lacre del olvido. Lo pusieron en la lista negra de los malditos. Y hasta hoy. Sin embargo, es uno de los más grandes periodistas que tuvo España en el siglo XIX y principios del presente.
   No era un monárquico pero , cuando muere Isabel II en el exilio de Paris en 1904 escribe una crónica preciosa sobre esa mujer a la que llama la “ españolaza “. Se publicó en “ El Imparcial” y constituye una verdadera pieza antológica.


   Al mambí cubano le hablaba en castellano neto y a los peninsulares les tildaba de “ pardilllos “ e ignorantes. El capitán general de la Isla de Puerto Rico lo declaró persona non grata, y tuvo que salir de su patria escoltado por la policía. Tenía ideas nihilistas y se carteó con el famoso anarquista Malatesta al que refugió en su casa en París, siempre trabajó para periódicos de derechas y ridiculiza a los socialistas de Pablo Iglesias y a los krausistas. Era lo que se dice un pura sangre. La vera efigie del periodista químicamente puro, notario de la actualidad, oráculo  y fiscal del poder político. Es así como ha de ser el periodista en democracia. Lo otro es tongo. Puro fascismo.
   Aquí se pasa con una celeridad temible , siguiendo por ese tenor de la frase convenida, aun a fuer de sonar vulgar, pero que define plenamente al español, del tiempo de no me jodas a la época del nos ha jodido mayo; nos ha jodido pa vino. Hay un tiempo para ilusos y un tiempo para asqueados, y como de vuelta. Los que dan en no creer en nada se alternan con la hueste de optimistas a ultranza y de los empedernidos del futurismo.
   Francisco de Quevedo estudia mejor que nadie el atavismo en su “ Hora de Todos “. Aquí se pasa del entusiasmo, en el sentido que tiene la palabra ( en griego εvθyσiασμωσ quiere decir endiosamiento ) a la psicastenia más morbosa del ánimo por los suelos. Este es un país de eufóricos y de deprimidos. Bonafoux, que arrojó un balde de agua fría contra aquellos exaltados que pensaban que sería cosa hecha meterse a los gringos en el bolsillo, con aquella sentencia suya, que debería estar en las antologías de la Historia del Periodismo “ cavemos, cavemos... más tumbas para nuestros soldaditos “ pertenece a ese glorioso cupo de clarividentes que honran nuestras letras: los Quevedo, los Larra, los Mariano de Cavia.
   Los hay que, siguiendo la corriente y bailándoles el agua, consiguen enriquecerse. Devengan pluses, corretajes y millones. Publican, aguantan, alcanzan un nombre y el reconocimiento de los cenáculos. Brillan en los salones y todo el mundo les llama oráculos a estos herederos de la tradición picaresca de Rinconete y Cortadillo. Son los héroes de quita y pon. En una profesión donde se suele cosechar bastante caspa y pobreza sin contemplaciones, ellos, utilizando la formula alquímica del que “ aguanta, gana “han sabido encaramarse a la cucaña y en lo alto del mayo permanecer. Son ricos. Han encontrado en este ecléctico viendolas venir la piedra filosofal.Y esta piedra filosofal es un canto muy rentable. Les tocó la china. Y a ella se aferran, naturalmente.
   La lisonja y la adulación sibilina suele dar réditos a corto plazo. Pero, bien miradas las cosas en su justa perspectiva, puede llevar a los pueblos al despeñadero y a que esto acabe igual que el Rosario de la aurora. Si el 98 es importante y digno de ser tenido muy en cuenta, es porque precluye algo todavía más trágico que el desastre naval: la hecatombe del 36. Hombres insignes como Bonafoux, con su aparente descaro, con sus boutades, pero imbuídos de ese amor patrio de los ultramarinos, porque en su juventud había pertenecido en Puerto Rico a una agrupación de signo tradicionalista que se llamaba “Partido Radical Españolista Sin Condiciones “, es precisamente lo que parecen intentar evitar: el baño de sangre que vendría más tarde con sus instancias y constantes llamadas a la cordura y a la reflexión, su abominación de la corrupción política, del cinismo, de los espadones siempre dispuestos al golpe y a la conspiración. Del político del pronunciamiento y ahí me las den todas, con la mano muy larga, que mete la mano en la caja de los caudales públicos. Del periodista recién salido de la madriguera del Fondo de los Reptiles, algo lechuzo y lamerón.


   El pobre Bonafoux, que convirtió su vocación literaria en una especie de lábaro, en un crismón laico donde cabían sólo los olvidados de la tierra y los vapuleados de la vida, todos aquellos que sufren persecución por la justicia. Se pasó la vida emborronando papel con miras desinteresadas y altruistas. Porque tenía un alto concepto de su vocación a la palabra. No aspiraba a una canonjía en Compostela o en Toledo. O a una covachuela. Nunca le hicieron Subsecretario. Ni tuvo un sillón en la academia. Vivió en escritor. A veces tuvo que pignorar su biblioteca para pagar a los acreedores.
   Sólo cosechó golpes y sartenazos, algún que otro reto a duelo. El destierro y la infamia. Siempre estuvo fuera de juego, pero marcó muchas dianas de golpe franco. Porque por estos tesos son los mejores los diletantes. Ellos acaban metiendo el gol del cojo. Lo mandaron a bogar en  galeras teniendo por cómitres al silencio y al olvido, pero el refractario e impertinente colonial siguió esgrimiendo su pluma enfurecida por la injusticia, la arbitrariedad y el despropósito. Hoy día podría ganar batallas después de muerto si fuesen reeditadas algunas de sus prosas.
   Y no le importaba que en ese avispero que eran las redacciones de los periódicos de Madrid, lo tildasen de golfo sus detractores: “ Yo he nacido en el Golfo... El Golfo de México, quiero decir , señores “.
   No se cansó de embestir y de patalear, cantando las verdades del Barquero. Como era muy friolero, aún en pleno verano se paseaba por Gran Vía con el cuello de su gabán de alpaca alzado para cubrir las orejas. Tal que parecía un recién ordenado de epístola a punto de empezar a cantar el evangelio desde el atril. Clarín, que sostuvo con Bonafoux una de las polémicas más brillantes de los que se guardan memoria dentro del esplendoroso momento literario español en las postrimerías del pasado siglo, pinta así a este ultramarino que se convirtió en una auténtica pesadilla para él: Bonafoux...¿Quién es ése ? ¡Ah. Sí! Es el pollo que lleva la solapa de su gabán   hacia arriba en plena canícula. Parece un subdiácono que se prepara a cantar la epístola”.
   Epístola, evangelio, prefacio y hasta la calenda. Todo eso se pone a cantar con su bien timbrada voz de barítono y su tajada pluma en la coral del Parnaso, en los bancos del Ateneo, los veladores del café de Chinitas. Porque repicaron gordo y sonoro en aquella clamorosa reyerta librada entre dos colosos del arte de bien decir, desde las columnas del “ Madrid Cómico” por parte del famoso critico ovetense, y desde las del “ Español “ desde las que se explayaba no dejando títere con cabeza el nativo de la bella Borinquen. Aquel duelo de titanes  hizo las delicias de la España de la Restauración.
    Ambos mostraron la agudeza, el ingenio y la contundencia de los escritores con cacumen y que tienen algo que contar. Ninguno de los dos era lo que se dice un manco. Pero tampoco un criminal. Por eso, la sangre no llegó nunca al río y aunque estuvo en trámites un duelo, y hasta se habían designado los padrinos, el lance en el campo del honor nunca se consumó.


    La verbosidad y aparato de Luis de Bonafoux, al que empezaron a llamar desde aquella fecha con un sobrehúsa acaso descomedido << La Víbora de Asnieres >>, “ boulevardier “ ( barriobajero) no paraba en barras, ni se hacía de pencas. A lo largo de aquel intercambio de opiniones, porque el asunto fue más allá que el libre y franco contraste de pareceres, al borde de perder las buenas formas, ganó la lengua española. Allí fueron ellas. Durante el cañoneo y fuego a discreción sonó el famoso violín clariniano de cuerdas bien afinadas y solemnes. La replicaba  el violón del antillano con sus contrapuntos maravillosos y sus filados increíbles, con un poco más de sal gorda, y si se quiere más castizo y barriobajero. Formaban un dúo a contrapunto bien afinado ,y un poderoso orfeón. Porque tanto el uno como el otro eran los mejores escritores de aquella hora. En el fondo se admiraban y hasta se querían
    Bonafoux dominaba no sólo el castellano sino también el inglés, que lo hablaba como un yanqui, y el francés en argot. Era el maestro de la frase acerada que salía como una cerbatana a boca de cañón, que manejaron sus antepasados indios con pericia. En su pueblo, Guayama cerca de San Juan , habitaban los igorrotes. No era judío. Era un criollo, mezcla de café con leche y de amerindio. Su nariz en forma de patata, cuenta en uno de sus libros hoy inencontrables - como por ejemplo, “ El Carnaval “, “ Bilis “ y “ Clericanallas “- le libró de ser linchado cuando estaba en su mesa del Café Saint Lazare describiendo el horror de las manifestaciones antisemitas que acontecieron y la chusma asaltaba las tiendas de los hebreos o la emprendía a bastonazos con cualquier individuos que por su semblante tuviese pinta de judío. El pabellón nasal de Bonafoux no era ganchudo .Su porte bohemio no tenía nada de rabínico, aunque fue acusado de recibir dinero de los Rothschilds durante la vista del caso al famoso capitán al que se envió a un penal de la Isla del Diablo, inculpado de alta traición y de connivencia con una potencia extranjera..
   Él, que defendió a Emilio Zola con tanto ahínco en el affaire Dreyfus y fue el único corresponsal lúcido y con visión de futuro en el grupo de periodistas españoles en la capital gala, porque , aparte de un gran escritor y periodista, era un historiador de la noticia, hasta el punto que a la luz de un acontecimiento y de sus concomitancias particulares se sentía con capacidad de prevenir el inmediato acontecer, acuñó una frase que le honra: de judíos y de mosquitos, mejor no hablar. Porque la gente se irrita y empieza a trompazos. O se arrasca. El antisemitismo es una comezón irracional muy pegajosa. Brota cuando la Humanidad ha perdido la paz consigo misma. Es muy peligroso signo por el que se barruntan desgracias “.
   Y no barruntaba mal el avisado cronista. El 98 fue el preludio de las grandes conmociones revolucionarias de principios de siglo, que abocaron a la revolución de octubre, y a las dos guerras mundiales , amén del sangriento conflicto del 36. Para la historia mundial esta ultima centuria ha revestido las características de una hecatombe. Moloch bien que se ha ensañado mostrando sus  fauces ensangrentadas.
   No han sido un millón de muertos, ni dos. Sino muchos centenares. Hombres y mujeres de muchas razas.  Plúrimes en su procedencia nacional y étnica. El largo proceso a aquel oscuro comandante del ejercito francés de una   “ caserne “ parisina envenenó a Francia dividiendola en dos mitades. Fue como una alcaloide disolvente, que traía ominosos presagios de enfrentamiento civil. No es bueno que un país viva pendiente de un nombre y de un proceso. No es bueno obsesionarse con judíos. Dejad que los niños se acerquen a mí... O - lo que es lo mismo - dejad que éstos vivan. No saquemos las aguas del río de madre. Eso lo dijo Cristo. Los grandes escritores se encuentran atravesados, aunque profesen el ateismo, de ese sentido trascendente del Alfa, que pide perdón y esperanza para sus congéneres. Que ven mucho más allá de lo que está delante.


   La clarividencia de este criollo fue, por ende,  mesiánica. No ya tan sólo cuando dispara sus dardos más envenenados contra el personal de las altas instancias políticas, en las que se muestra atrabiliario y a ratos parcial, y a veces chistoso. Por su humor negro sentó plaza de bromista. Como a  Quevedo al que algunas antologías engloban en la categoría de jocoso, a Bonafoux le endilgaron el sambenito de irónico, cuando era la seriedad, el sarcasmo y la cólera en persona. La cólera revestida de pontifical hace que el genio a los ojos del vulgo aparezca como un chistoso o un loco. De ahí que llamen a los grandes maestros del arte  del buen decir “ humoristas “.
   Madia España asistió entre alborozada y admirada el ultimo de los grandes duelos literarios entre Leopoldo Alas y la “ Víbora de Asnieres”. El torneo fue un combate de titanes en el que se enfrentaban los dos mejores  periodistas de la restauración. Un violín de registros claros y un contrabajo de sones profundos  recrearon al mundo hispánico desde Pajares a Cádiz y desde Madrid a Guayaquil. Aunque aquello  tenía todos los visos de bronca de taberna, degeneró en obra de arte. El antillano acusaba al catedrático de Prima ovetense de tunante y de plagiario. Las palabras más duras que se han pronunciado contra la Regenta, una novela aparecida en 1884, que revolucionó todo el catarro de las letras, y que exasperó los pechos de la clerigalla, puesto que al parecer Clarín se apoya en un hecho real, los amores entre un canónigo y su dirigida espiritual, las pronunció un anarquista para tranquilidad de los obispos y de neos. No se sulfuren.  
   - Ana Ozores no existe. Es una copia tosca de Madame Bovary. Sólo refleja la cursilería y la histeria de la mujer española, que se lía a lo tonto con un cura.
   Bajo el pseudónimo de “ Aramis “, Bonafoux se despachaba contra la obra del catedrático astur desde las páginas de un periódico monárquico y de derechas, “ El Español “:
   - Esa novela de casi mil páginas es atroz . Leyéndola me he sentido el Job de la Literatura. Clarín roba a Flaubert y no sabe como acabar.
   Se hartó el heterodoxo de Borinquen de chillar. Decía que no sólo la famosa novela, que alguna crítica otorga el título de “ la mejor novela en castellano después del Quijote” era un hurto con nocturnidad y alevosía en el jardín del “ monstruo de la novela decimonónica “  Flaubert, escrito en una prosa lamentable y plagada de galicismos, sino que también su mejor cuento Pipá lo había clavado de otro cuento escrito por Fernanflor.  En el ínterin soltó algunas verdades de a kilo,
como la que caracterizaba a la heroína epónima de la mujer  española burguesa de la Restauración
de histérica y cursi, que acreditan el profundo sentido de penetración, su ojo clínico para diagnosticar los males de la sociedad que veía ante la lente de su cámara. La pluma bonafouxiana es como una radiografía.


   Y desde entonces, cuantas   regentas de quita y pon, histéricas , cursis y retorcidas, que nunca sabrán zafarse de su educación sentimental, ni echar fuera a la colegiala de las ursulinas que llevan dentro de sí. Son las regentas que amamos , odiamos y que al final de la vida nos hacen reír. Incontinenti y sin pretenderlo , Bonafoux concede a su enemigo la virtud de la penetración psicológica, que es precisamente lo que hace al gran novelista. En su personaje definió el escritor ovetense el prototipo de hembra  española. En los años 60 los bancos de la Complutense acogían el “ culo mollau “ de no pocas regentas. Ahora se mueven y contonean por la pasarela o conducen  los programas de alcahuetería y entretenimiento de la caja cursi. Ellas son cursis, ñoñas e histéricas. Nunca se acabarán en este país las regentas, tan volubles, a las que saber lo que quieren y que piensan será mucho pedir.
   Su autor, herido en lo más vivo, sangraba por la herida. Un ultramarino había tenido la osadía de atentar contra el monstruo sagrado de la critica, odiado y temido en los ambientes literarios  de la Corte. Le había dicho que su “ Regenta “ un trabajo que al concluirlo a los 33 años le llevó a exclamar cuando se lo envió a los editores: << acabo de dar a la estampa una obra de arte >>.
   Clarín se tomó su tiempo en contestar . Después de todo, se hace la misma pregunta que muchos
en Madrid: ¿ Quién es ése Bonafoux ?                     
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 

 

 

 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario