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lunes, 21 de marzo de 2016

PASSIO DOMINI NOSTRI IESUCHRISTI


 

Se quejaban de que la Passio según Mel Gibson el cineasta que había sabido captar en sus tomas todo el pathos que arranca de la pluma de los cuatro evangelistas estaba ribeteada de crueldad. Por lo visto, tres personas habían fallecido de schock en diversos cinematógrafos del planeta. Oh boy. Era de nuevo la voz de Belial que se alzaba desde las losas del Lithostrotos. Crucificarle. ¿No oísteis? Ha blasfemado. Si eres hijo de dios baja de esa cruz. Ja jaja ja y los gritos de las turbas resultaban un contrapunto o las voces anteriormente escuchadas preteridas y derrotadas de los escribas y de los fariseos. La saña del grito. La rebeldía ante la historia que ellos pretendían construir como siempre con una sarta de hechos consumados poniendo cuñas y diferencias – es lo que supieron hacer siempre- entre el cristo histórico y los evangélicos. Separar a las naciones, sembrar de cizaña las naciones. Volcar todos los carros.

Y ya se sabe. A carro vuelco y ni quito ni pongo rey pero ayudo a mi señor todos son carriles. Era la eterna monserga que echaban por televisión pasándonos la pluma por el pico. Decían:

       -El invento es nuestro. Es la maquina de la verdad la que está en nuestras manos. Os vais a enterar de lo que cuesta un peine, coleguitas.

       -¡Habrase visto!

       -¿Qué?

       - No me retruques, burcieras.

Y había que filmar furores y que retratar funerales para que se cumpliera la frase hecha de “estamos buenos”.

       -Eso no es una frase hecha. Es una profecía.

       -Lo que tú digas

Por lo visto no tenían otra cosa que hacer que mondar momias y entregarse a las disquisiciones inanes. Explotaban el morbo como nadie. Dijo un inglés:

       -They rule by the law of fear and terror[1]

Pero he aquí que todo esto no eran más que las consecuencias del doble lenguaje. Servían a dos señores. Estaba claro. Era la nueva semántica de las dos mitades. La del yin y del yen. Habían escrito previamente todos los formularios y vivían en su pagoda rodeados de una corte de humo de incensarios. Nos lavaban el cerebro con sus monsergas. Nos aturdían la cabeza. La gente escuchaba la lista de desastres como el que escucha llover. Se había acostumbrada a su ración de cicuta en cada diario y tal es así que si no le daban el postre de bajas de nuestras guerras globales – Irak era un referente macabro de edificios que saltaban por los aires y de chiitas que salían en camilla los cuerpos destrozados al sol de las riberas del Eufrates y del Tiflis y de plañideras tapadas que se golpeaban el pecho o la cabeza con desesperación ante los deudos fallecidos. Eran carne joven y todo tenía un aire dantesco y apocalíptico.

Se había acuñado la frase de ejércitos de la concordia lo que no dejaba de ser un contrasentido los ejércitos y cohortes son para la guerra y no salen a campaña sus legiones para repartir rosas sino para dar palos. Una mentira por tanto. Lo que antiguamente se denominaban tropas de desenganche ahora eran formaciones de avenencias que combatían la desavenencia a cañonazos pongamos por caso en Afganistán. No se hablaba del enemigo. Los que estaban al otro lado de la trinchera eran los violentos. Paz significaba en realidad guerra en la nueva jerga. El muevo lenguaje.

El gran hermano era un señor de luenga barba partida que portaba ora chistera ora turbante y montaba en un caballo blanco. El nuevo matamoros se había pasado a la otra calle y era el mito santiaguista redivivo en versión de fiesta dúplice o matacristianos.

-       Eso es un montaje. Mirad que blanca tiene la chilaba ese morito. Cómo cabalga al trote cochinero qué blanco tiene el alquicel. Parece un fantasma. Es una visión.

-       Se parece a Jesucristo. Un Jesucristo al revés que empuña un kalashnikov predicando el odio y la reconquista de Granada.

-       Ahí hay mucho adobo. Es un buen lanzamiento publicitario. ¿Quién es don Ben? ¿De quién es hijo?

-       De don Laden.

-       Pues a ese don Laden sólo lo conocen en su casa a la hora de comer.

Había hecho aparición aquel anticristo entre noticias inquietante sobre cambios climáticos, mutaciones genéticas, alteraciones de la linfa y el aura. Se conoce que los diseñadores de imagen habían hecho su labor de campo y se habían leído bien la última parte del NT. Y rodaban películas porque el thriller también vende con títulos como Apocalipsis now and Apocalipsis when? Una lazada para cazar incautos y áteme su Merced la mosca por el rabo.

El ángel negro descendiendo a la piscina probática había agitado las aguas y las cristiandades andaban revueltas. Por los rincones de Cuniculandia proliferaban las bandas que llamaban del Este que se dedicaban a desvalijar pisos y segundas viviendas y asaltaban a los pensionistas cuando salían de los cajeros con su magra mesada en el bolsillo. Llenaban la penillanura de chiringuitos de carretera y allá donde había rastrojos y alguna tenada construyeron puticlubs y burdeles adonde iban a desfogarse palurdos y había turismo sexual a encontrarse con las visitadoras y bajaban desde las Galias. La actualidad era una perenne crónica de sucesos y hasta se vio una vez en tales antros a un espástico de tullida minusvalidez. También los disminuidos físicos tenían derechos al alterne y a los favores sexuales y contrataban a una beldad rusa para subir un ratito. ¿Cómo lo haría? El cliente en cuestión llevaba un fámulo o johny que empujaba la silla de ruedas. Era lo más chocante que vi en mi existencia. ¡Dios mío cuantísimos pecados!

El ayudante de campo por lo visto tendría que asistir a la operación y hacer las voces de mozo de cuadras como cuando mi abuelo iba a la parada a echar la yegua al garañón y había un experto que coronaba a lo largo de tan aparatosa faena embrocando el miembro del garañón en su lugar. Y en la barra un forajido se lamentaba sin cesar de llorar y de que ninguna daifa le hablase en su lengua.

       -Todas son rumanas.

       -Las rumanas la chupan con ganas

Cadalsos y cadáveres. Los mitómanos se ponían las botas. El esperpento lo daban a calderadas. Y en Guantáno torturaban y venían de aquella cárcel penitenciados luciendo el traje de rayas y andando penosamente esposados y maneadas sus extremidades superiores e inferiores como si fueran acémilas en pasto caminando con dificultad a causa de la pihuela que impedía el libre juego de las piernas.

Pero los reos no eran pasados por las armas como corresponde al código de justicia militar. Los sentaban en la silla eléctrica o les ponían una inyección letal.

El enemigo escogió a posta la celebración del quinto centenario de Isabel de Castilla para afirmar que España había dejado de ser católica.

A ese callejón sin salida habíamos ido a parar con los embustes de las tres culturas y el papa propter metum Judeorum se palpaba los fondillos de su sotana. Él tenía miedo a perder la prestamera. La silla apostólica tenía que contemporizar y el proceso de canonización de la reina santa quedó bloqueado.

Era vidente que habían puesto en la silla del pescador a uno de su cuerda o que el usurpador era un grande bribón con muchas ínfulas. En las altas esferas se había apagado la llama del cenáculo aquella que decían novio a los primeros apóstoles a hablar en lenguas de fuego. Hombres de poca fe. ¿Por qué vaciláis? Aquel miedo, aquellos respetos humanos depararon la confusión de babel. La familia arrastraba un estigma destructivo y los hermanos andaban poseídos por la falta de amor. Fámulo traía mal fario y desgracias terribles. Mejor que no te acerques majo.

       -Barrujo Arije, tu mujer padece un cáncer de tiroides.

       -Ay dios mío que habré hecho yo a dios- gritaba desconsolado como un nuevo Job.

Y la casa se deshizo y la familia se murió y llegó el sembrador de las discordias y arrasó sus campos de sal pero Barrujo paciente y resignado movía la cabeza con pena de sí mismo murmurando entre dientes tan sólo:

       -Él me lo dio. Él me lo quitó

Tal vez tuvo mala suerte. Algún antepasado que él desconocía debió de cometer un pecado tan horrendo que atrajo la enemiga del señor. Resignación Barrujo Arije y el pobre Barrujo bajaba la cabeza mientras sus dedos pasaban las cuentas de su rosario. Toda aquella cargazón de desgracias contra su pueblo la verdad que no era cosa normal pero dicen que los caminos de Yahwé son inescrutables y en sus designios misteriosos Él debe de hacerse otras cuentas. Sus números van por otro cómputo diferente.

       -Alguien te hizo un hechizo.

       -¿Al nacer?

       - Sí, al nacer. Sería que mi madre se cayó de la burra y por eso.

       -Por eso ¿qué?

       -Que yo viene al mundo con un dedo de más.

Había que acatar la norma y someterse a los designios de los flamines del Tercer Nivel. Los del Tercer Nivel. Esos eran los culpables. Los nuevos sacerdotes de Apolo aquel domingo de ramos se dedicaban a predicar el mestizaje y el colonialismo del revés. Saltó una bomba en un piso de Leganés  murió un GEO y los que estaban dentro se inmolaron. Oh que historia más peregrina luego unos desconocidos entraron de noche en su tumba y esparcieron sus restos por todo el cementerio, un nuevo episodio de los métodos sarracenos al menos es lo que quisieron contarnos los de la televisión llevados de la mano de los expertos y propaladores de consignas del Tercer Nivel. Se suicidaron todos musitando oraciones fantásticas y con las suras del coran en los labios al grito de Alá es grande. El personal volvía a tener bastante miedo. ¿Habría que creer a aquella historia o ponerla en adobo como lo del caballito blanco de Santiago o el alquicel flotante del Hijo de Laden? En cualquier caso muy fuerte  semejante caso de suicidio en manada entre recitaciones sagradas.

Estaban en un tiempo de subversión de las conciencias, tiempos solidarios y poco caritativos en que habían venido los que vendían viendo en cápsulas. Bastaba con soplar los odres de neptuno y tomar viagra. Se reían los buhoneros de las azules cápsulas romboides de la falta de ganas. Sois todos unos impotentes.

       -Pero qué es este cachondeo oigan.

       -Belial que se descojona.

Aquel domingo de ramos laico se hizo una foto en el castaño joven que plantó recién llegado a habitar la casa vestido de nazareno. Le caía bien la túnica sagrada pero estaba un poco gordo. El cíngulo de la hermandad lo había comprado en una tienda de objetos religiosos cerca de Mayor. Imágenes y lamparillas y rollos de  cortes de tela para hacer hábitos de todos los colores. Los pardos de san Antonio, los morados de Medinaceli, los azules de la Virgen los negros de la virgen de los dolores. Esas prendas se las ponían los que salían de presidio o los que se libraban de una enfermedad en los años de posguerra. Madrid era muy santero y estos negocios que un día tuvieron su áquel iban de capa caída. Como es natural.

Siempre desde niño le tenía afición a las procesiones semana santeras y salir detrás con los pies descalzos acompañando al paso. Era domingo de ramos y se puso a cantar la passio en la esquina de las descalza. Tenía una hermosa voz de diacono. Un argentino se le quedó mirando y le ofreció una limosna.

       -No, gracias

Vestido de nazareno sentía con más fuerza su fracaso, el exilio interior de que era objeto, las puertas que se cerraban. Sin embargo el timbre de su voz lanzan a los aires embalsamados de primavera de la tarde de abril el mensaje perenne urbi et orbi. Estaré con vosotros hasta que haga falta. Era un mensaje políticamente incorrecto. Los hijos de Belial se revolvían indómitos llevados por todos los demonios. El hijo de Julián Marías escribía artículos incendiarios contra estas manifestaciones públicas de fe callejera que cerraban el camino de la estación. ¿No corren tiempos laicos? Y lo que apuntaban los detractores y renegados es que los desfiles vistosos les recordaban el franquismo y no había derecho. Sencillamente era algo obsceno. Y las víboras asomaban su mortífera cabezota triangular por entre los tallos que ocultaban sus madrigueras.

       -Dalas en el cogote. Esos reptiles con plumas de mujer ningún derecho tienen a vivir. Descabeza a la serpiente. Es para lo que viniste al mundo.

Escribía bien de las procesiones pero la bibliotecaria de Logroño escribía en el foro insultos contra él. Era una laica de derechas muy comodona y algo buscona de amores tibios o narcisistas por Internet. Las soflamas y las amenazas anticristianas estaban de moda en aquel Madrid profano antiguamente rompeolas de las Españas y ahora aparcadero de gentes llegados de todas las partes del planeta, batiburrillo de todas las etnias y razas. Pero era así como lo querían, según va dicho, los agentes del Tercer Nivel Subrepticio que ya no lanzaban minas por debajo de los muros de la ciudad universitaria. Se limitaban a predicar el mestizaje y a limpiarse las posaderas con la roja y gualda. Los copinos se desgañitaban desde los micrófonos de los curas ya ve usted. Había que envenenar al pueblo. Y un heredero de Mendizábal creo que era vice tataranieto se emborrachaba en el bar de la rumana que la chupaba con ganas según decían detrás del mostrador. Los apóstoles del criollismo al revés habían regresado.

Largaban sus sermones mediáticos y políticamente correctos en forma de planchas. La pasión de Cristo caía fuera de los predios previstos por el nuevo orden. Pertenece a la orbita de la iglesia prevaticana y los judíos de Jolivu le negaron producciones y hasta amenazaron con matarlo. Había que pagar el portazgo a los amos de la venganza y del ultraje a la cruz. Si eres hijo de dios desciende de la cruz.

Las carcajadas sonaban diabólicas desde el gólgota y se esparcían desde el valle de Josafat hacia todos los rincones del planeta. Pero como se atreve ese hombre.

       -Os ha llevado la contraria. Es vuestro verdugo. Vuestra maldición.

       -Antisemita

       -Hijos de Anás y de Caifás. Los nazis no acabaron con vuestra simiente perversa. Por eso andaréis errantes por el mundo.

Se recogió en su cuarto y por la señal de la santa cruz cantó en latín: “Passio Domini Nostri Jesuchristi secundum Marcum”.

Sonó en su labio la narración del evangelista como un desafío a las fuerzas oscuras que buscaban el desquite por el deicidio cometido aquella tarde en el Monte de las Calaveras. A las tres cuando iba por el pasaje doloroso e inclinato capite emissit Spiritus[2], escuchó un rumor e n el jardín. Eran las palabras de perdón. El verdadero holocausto. No hubo otro.

Pero estamos en un tiempo en que se cumplen ciertos amargos designios. España es la princesa de los tristes destinos. Estamos copados. No hay salida en el club de los poetas muertos. Dentro de lo malo le embargaba la amarga satisfacción de no haber marrado el pronóstico puesto que a lo largo de su obra había formulado aquellos vaticinios. Eran libros inéditos y anepigráficos  intensa labor de grafómano. Los fue dejando dispersos (sus pensamientos) a lo largo de páginas dispersas de su existencia con sus pervigilios anteriores. Un mal barrunto, el aleteo de un cuervo, la mala sombra o la peor entraña-una herencia siniestra que les tocara en suerte-conjuraba el mal fario. Todas estas cosas sensibles e insensibles visibles e invisibles voluntarias e involuntarias. Montón de pecados juntos donde se arracimaba la culpa – toda la culpa del mundo. El corazón de Arije sudaba sangre. Era un diácono a la antigua usanza. Se había cruzado la estola cuando venían mal dadas. Cuando todo era acechanzas. Su vida `personal permanecía yunta con la del Señor. Pero estaba todo muy confuso. Turbulento. El amo de los anillos y la luenga barba enredada agitaba el bastón subliminal. Me hablas de tu vida y ella es un siniestro total. Lo cual  que para al viaje no necesitábamos alforjas. Pero ¿por qué aquella obstinación contra el cristianismo? Él no los sabría explicar. La verdad. Has de romper el halo del maleficio. ¿Cuál era el secreto de aquel mal de ligadura misteriosa? Jamás he podido quererte. Me traes desdicha, mal fario. La suerte y las sirtes. Evil exists. El diablo existe. Su presencia la detectaba Arije con una especie de antenas que tenía para lo paranormal. Estan pariendo ómenes nefastos. Quería huir pero ¿adónde? No hay salida. Pensaba por ejemplo en el rito de consagración de los elegidos. En contra de los supuestos que se manejan ahora mismo, él creía en el poder reparador y sanador de la liturgia. De ella nacía el fervor individual y por eso mismo se había ordenado de diácono. Para pregonar a Cristo públicamente y con todas sus consecuencias.

Y la vida sin liturgia, sin ceremonia, sin pasión ni rito, es nada. Estaba contextuado e indagada por él a lo largo de muchas horas en que robó al sueño su cometido para entregarse a disquisiciones centrífugas y centrípetas. Extrapoladas del mundo en que vivía tozando su pasión escapista de marcharse al yermo. Huyendo de aquella soporífera esposa que le deparó el destino y de los hijos que le insultaban. De los vecinos que le hacían momos cuando caminaba hasta la parada del autobús con lentos andares cansinos. Aquel lento deambular debió de espantar a los gusanos freudianos que pululaban por doquier. ¿Adónde vas tu, chico? Mírale. Se mueve como un asesino. Esa depresión suya es la de un asesino



[1] Gobierna por la ley del palo y el terror
 
[2]  e inclinada la cabeza expiró

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