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sábado, 18 de diciembre de 2021

 RAFAEL SECO SERRANO

 

HA muerto en Madrid a los 93 Rafael Seco. Su muerte me evoca días venturosos cuando yo, joven ilusionado, tomaba apuntes de mano en las clases de Rafael Lapesa en la Central.

El texto referencial aquel curso era MANUAL DE GRAMÁTICA ESPAÑOLA de Rafael Seco. Recibí allí mi bautismo de fuego con la palabra bodas de amor que han durado toda la vida.

 El idioma español ha sido mi compañero de viaje.

Recuerdo aquellas muchachas elegantes que luego serían catedráticas. Algún amor, algún despecho, las bajadas al bar de la Facultad de Filosofía y las consultas de los alumnos que humildemente al final de clase se ponía al poste a la entrada del aula, según la ancestral costumbre escolástica complutense y resolvía dudas y cuestiones con una humildad y una solercia que sólo tienen los grandes humanistas.

El idioma es un baúl donde cabe todo y donde el hombre deja el rastro de sus obsesiones, sueños, miedos, retraheres y refranes, duelos, bodas, bautizos.

Es el vehículo o cinta de transmisión de los pensamientos sino el mismo pensamiento segun Unamuno.

Una vez vino a darnos una lección magistral Dámaso Alonso. No era un hijo de la Ira ni que Madrid fuera una ciudad con un millón de cadáveres. Se trataba de una ficción poética nos dijo y se tomó dos largos de vino peleón con nosotros los de Segundo de Comunes.

Recuerdo que los cuerpos de su gran biblioteca eran su obsesión. Tenía más de diez mil libros en su piso. ¿Qué voy a hacer con todos mis libros cuando me muera?

Y una asturiana de Oviedo María Martinez Zapico le dijo para su tranquilidad al insigne poeta y filólogo:

¡Quien piensa en eso, señor!

Han pasado cincuenta años y él María Martinez Zapico de Sotrondio subieron a la Barca de Queronte hace mucho tiempo. Dios los tenga en sus Reino y a todos nos perdone.

 Creo que las lenguas redimen y curan, unos dicen que alargan la vida. Son calixtenia espiritual y más eficaces para la salud que el pedestrismo y el “jogging”. en mi vida que ya va para largo yo he sido muy aficionado a ese deporte no al otro.

Don Rafael nos enseñó las reglas fundamentales del idioma castellano que es el más abundante en latinismos que ninguna otra de las lenguas románicas (francés, inglés, italiano, rumano, portugués) con entreverados prestamos del árabe. Del celta y del gótico.

El dominio de sus reglas—morfología, sintaxis, ortografía—, y él añadiría una cuarta la semiología y una quinta la paremiología del refranero o sabiduría popular nos hacen cultos, disertos y civilizados.

Al otro lado campea la barbarie la confusión de Babel que es un poco lo que está pasando.

Para mí la lengua siempre fue un refugio un instrumento de comunicación y de entendimiento. Cuando me lo pisotean o prostituyen paso al ataque.

No se imponen las lenguas mediante un ukase autoritario ni se machihembran mediante decretos oficiales. Es el habla del pueblo. Por eso el español está tan boyante. Lo hablan quinientos millones de seres humanos.

Seate, pues la tierra leve, don Rafael Seco Serrano. Que fuiste mi catedrático. Y digno heredero del legado de Nebrija. 

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