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sábado, 17 de agosto de 2013

LAS FIESTAS DE LA ASUNCIÓN EN RUSIA
este blog defiende la unidad de España y a su cultura




CHEJOV Y EL GRAN AYUNO DE LAS FIESTA DE LA DURMICIÓN

A mediados de agosto la campiña rusa huele a manzanas (iabloki) y los rusos se preparan para celebrar las fiestas de la recolección que coinciden con el gran día de la Virgen el 15 de Agosto (Uspeñie o dormición que es como ellos denominan a la Santa Asunta) al que antecede el gran ayuno del verano. Leo a Antón Chejov en una de sus novelas cortas  "Campesinos" efectúa un retrato de la Rusia rural poco antes de la revolución, es tiempo de pescar mújoles y de recoger manzanas. se escucha, alegre, el canto de los mujiks. Al lado del ideal religioso magnifico de la iglesia de cinco cúpulas se proyecta un caleidoscopio menos amable sobre las condiciones de vida en que viven los koliaks. hay dos planos el de la naturaleza virginal y el de la vida humana con sus sobresaltos:

         "Nikolai y Olga contemplaban la puesta del sol, cuyos           fulgores de oro y púrpura se reflejaban en el agua, en las ventanas de la iglesia, en el cielo, en el aire         sereno y puro... ya puesto el sol, el rebaño pasó          mugiendo, pasaron las manadas de ocas... la suave      luz crepuscular se extinguía en el aire; descendía        lenta la noche"

El realismo bucólico del genio que describe majestuosamente la naturaleza se contrasta con las cabriolas de un estro imaginativo que se asoma a las páginas de esta novela donde todo es triste y a la vez alegre, divino y diabólico, sórdido y esplendente como un coro de querubines cantando entre las nubes (esto es Rusia) cristiano y a la vez pagano... En la iglesia mora el Señor. La gente alumbra con velas y lámparas, rojas, azules, verdes como los ojos. El Señor se pasea por la noche por la iglesia y la Virgen y san Nicolás van detrás de él... tup... tup... tup y el sacristán tiene miedo, mucho miedo... sí, paloma... y cuando venga el fin del mundo todas las iglesias volarán al cielo... ¿con las campanas? con las campanas, sí, paloma.

Realismo mágico diríase es lo que evocan estos párrafos de un cuento en que plantean un problema teológico de categoría como es el hecho de que las fiestas sagradas arrastren como una lacra concomitante de borracheras, comilonas, estupros. Ya el gran poeta francés Francisco Villon lo denota en sus cuartetas al narrar un crimen cuando se celebraba la fiesta del Corpus en Paris. Los templos del espíritus santo regenerados por los sacramentos se convierten en peplas aherrojados bajo las garras de la sordidez, la pobreza, la esclavitud de las pasiones y del alcohol. Chejov hace autocritica pero no convendría cargar las tintas contra la religión de Jesús. Todo esto es achacable a las carencias de la condición humana: los judíos a lo mejor no se emborrachan pero fomentan el odio y la usura, el engaño hasta tal punto que su soberbia aterra. Los musulmanes son fanáticos, derramadores de sangre, y creen que la fe del profeta se impondrá mediante la espada. Ante eso el panorama que describe el maestro ruso de Jukov una aldea perdida en la estepa rezuma ternura y misericordia hacia estas pobres gentes creyentes y a la vez pecadores que invocan a la Vivificante, y no cesan de suspirar ante el icono y de invocar protección ante la madrecita contra la esclavitud, la miseria, el vodka. Todos tienen miedo al más allá y viven acurrucados junto al samovar. El autor, dibujante de la condición humana, ofrece muchas preguntas pero no tiene respuestas y eso es lo que le vuelve magnificado y extraordinariamente humano. Sólo el cristianismo ha demostrado a lo largo de la historia su capacidad de autocritica. Se recuerda que nuestra ley nos exige devolver bien por mal y volver la otra mejilla cuando te dan una bofetada

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