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domingo, 10 de abril de 2016


LIOS DE PANTALONES Y FALDAS EN DOWNING STREET. EL PRIMADO ANGLICANO ES HIJO FORNECINO

 

 

 

Fornecino viene de "fornax" horno porque en los lenocinios romanos había una caldera donde se calentaban en cueros vivos los cuerpos y pecaban las almas. De ahí viene fornicación asunto viejo del mundo y sin enmienda pues no hay solución para la pasión que quema. Y la fornicación alcanza los altos estrados, los palacios episcopales, los conventos, los cuerpos de guardia, las tiaras, los ministerios. El hombre es yesca y la mujer estopa. Bueno por donde empezamos. Una noticia conmueve a Inglaterra resulta que el primado anglicano arzobispo Welby no es hijo de su padre sino fruto de unos amores que tuvo su madre con el secretario de Winston Churchill.

Fumemos un puro en su memoria. La sede cantuariense hasta el cisma luterano era uno de los solios más importantes de la cristiandad. Ahora es un arzobispado que rinde honores a la Reina Elisabeth cabeza visible de la iglesia fundada por san Agustín y que tuvo prelados eminentes como Beckett y el propio Austin mártir de la fe por haber sido degollado por los sicarios del rey Ricardo III cuando se disponía a decir misa a pie de altar.  Fue cuna de las primeras victimas de la guerra de las Investiduras.

Su fiesta la de Austin canturiense lo celebra la iglesia católica el último día del año.

La iglesia es una institución religiosa pero tambien temporal y eso lo supieron entender bien los ingleses con su acendrado talante nacionalista (para ellos el papa no es más que un mandatario extranjero) y la tradición siguiendo una creencia secular en el medievo "iglesia, mar o casa real" en Canterbury siempre se sentaron los bastardos. La iglesia sirve al estado como una institución más. Ese sentido práctico les libró a los ingleses de no pocas trifulcas teológicas.

Ahora resulta que el arzobispo Welby segun revelaba el Telegraph fue el fruto adulterino de su madre con el secretario de Sir Winston Churchill. Parece ser que el número 10 de la calle Downing por aquello de que el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe más todavía, era ya una casa de los líos en los tiempos del premier inglés, aquel tigre de Bengala con cara de bebé, que dio la victoria a los occidentales frente a los alemanes en la segunda guerra mundial.

El propio interesado con toda humildad lo explica en una pastoral exonerando a su madre de posibles culpas. El padre legitimo del que llegaría a asentar sus posaderas en la silla primada era alcohólico por lo visto (vaya por Dios pero a mí no me parece congruente la disculpa pienso que un adulterio siempre será un adulterio un gran pecado según la ley judía y el Derecho Canónico) y en esas estamos.

A este respecto recuerdo una anécdota. Ocurrió en Madrid en tiempos del obispo Eijo Garay. El ministro Ibáñez Martin que tenía fama de carca había invitado a su mesa al obispo complutense y patriarca de las Indias Occidentales el susodicho Eijo.

Ibañez Martin era sordo como una tapia y aquella noche no había comparecido a la cena de autoridades con el correspondiente sonotone que siempre portaba a la oreja.

Empezaron el ágape, sirvieron la sopa. Por decir algo el prelado le preguntó al ministro por su señora.

--- ¿Cómo está su mujer, señor ministro?

--- ¿Eh?

--- Que si está ya buena su mujer. Me han dicho que tiene gripe.

El interpelado creía que le preguntaban por la sopa.

--- Muy buena y muy caliente. Se la recomiendo a usted de todo punto, señor ministro.

¡Dios santo la que se armó en aquella España de los años del Nacional Catolicismo!

Los líos en ca del míster Churchill y el muchacho de origen adulterino que llegaría a lucir en sus dedos el anillo cantuariense y el báculo del poder no es más que una versión corregida y aumentada de los comensales de aquella cena de marras en el ministerio de la Gobernación, un "malentendu" como otro cualquiera. El mundo está poblado de hijos de padre desconocido. C´est la vie

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