VUELVO AL CAFÉ GIJÓN
Santa Eduvigis y hoy
al cabo de casi diez años vuelvo al nuevo Café Gijón remodelado, recién
carenado pero conservando su flair y su aroma: los mismos bancos forrados de
rojo terciopelo, los canapés o confidentes para dos personas, los veladores de
mármol, dicen que si los das la vuelta te encontrarías con una lápida sepulcral,
el burladero, donde vimos pasar la vida desde la barrera sin lanzarnos al
ruedo; las incomodas sillas, las fotos de Umbral y del cerillero Alfonso Pérez
Pintor que fue el alma de esta institución.
Dos lustros. Escribí “Cela el Café Gijón y yo” donde intenté sacar
una radiografía del establecimiento y sacar al CJC de cuerpo entera, difícil empeño,
pero al decir de algunos de mis amigos lo conseguí.
Este gallego de Iria
Flavia fue el mejor escritor en español desde Quevedo. Todo seguía igual.
Han pasado dos
lustros. Cómo corre el tiempo, pero por un café con leche cinco euros. Precios europeos.
En “La Rotonde” parisién
cobran 4.50€. Este café de Recoletos es un parque temático. Se ha convertido en
el caladera de turistas, de profesores de literatura de provincias, de jóvenes aspirantes
a la gloria literaria, difícil afán porque la literatura si hace unos años no
daba para comer al menos daba para merendar.
Ahora ni eso,
excepción hecha de algunos monstruos sagrados, las prima donas del marketing y
no quiero decir nombres.
Se me llena el corazón de nostalgia y surge la
pregunta que se hacía Jorge Manrique el poeta palentino que canta al paso del
tiempo y a la muerte. Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar.
“Ubi sunt” ¿Dónde están aquellos? Repaso la
moviola de mis ficheros y empieza un desfile de fantasmas.
Es una estantigua que
desfila ante mis ojos enarbolando el farol de los recuerdos: Raúl del Pozo, el
propio Umbral con el que coincidí en alguna tertulia. Te escudriñaba con sus
ojos miopes con sus andares de jirafa. Movía su testa solemne como un faro. El pintor
ovetense Montaña que fue uno de los padres de la movida, Rosalía Dans, Fernando
Fernán Gómez. Pepe Sacristán y otros muchos artistas de los que no puedo hacer
memoria en este momento. Baluarte de libertad donde se admitía a todos.
Las izquierdas y las derechas convivían sin
rencor. ¡Ah el Café Gijón ¡qué tiempo tan feliz!
Algunos subieron ya a
la barca de Aqueronte. A otros se los tragó la noche de Madrid con sus fauces
inmensas.
sábado, 17 de octubre
de 2026
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