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domingo, 8 de marzo de 2020

Ricardo León

Grave tristeza universal de las almas y de las cosas es el legado que estampa en sus obras Ricardo León escritor prolífico, algo rubiales, trabajaba en un banco, castizo y profundamente español. Malagueño originario de las Asturias de Santillana. A este lugar dedica su libro más señero Recorre las alturas del Monsacro. Se imagina la Oviedo levítica de los tiempos en que Fernando Valdés el Inquisidor General funda la universidad... austeros sillones frailunos, alcatifas, un armario donde guardaban ediciones viejas del quijote.  Bandas morunas de tiraz. Estofas y blondas y un cuerpo poco trabajado pero escritor puro sumido en el afán de la perpetua redacción, el tormento de las Danaidas. Dice: "aquel que no ha tenido juventud se resigna con facilidad a la vejez"... Oh divino éter que alígeras auroras... pálido sol de enero amigo de la nieve... yo nací andaluz pero soy un hombre del norte. Hunde su pluma en el dintorno de heladas entelequias. Nostalgia y abandono de literato que rema contra corriente. Leyendo sus textos me embutí de su enjundiosa verborrea. Le acompañé por las tabernas de Málaga. Visité el Perchel, la calle Larios y me asomé al balcón del Naranco, perdiéndome luego entre las rúas amurilladas de Santillana del Mar. Soy también hombre que supo del embrujo de Andalucía. No tuvo gran fortuna. Sus libros de adorno yacían empolvados en las bibliotecas familiares de los años cuarenta las páginas sin cortar. Nunca fueron abiertos aunque su "Cristo en los infiernos" es un must para conocer las barbaridades cometidas en Madrid por la horda marxista. Así se cataloga a sí mismo: "tuve fama de hombre docto poseo puntas y ribetes de bibliómano  y conviví por desgracia gente rústica y bozal". El pescado espetado y los famosos boquerones de Málaga fueron el gran disfrute de su vida. Así como las puestas de sol con el astro rey brillando en las tajeas de los huertos. Es otro gran escritor descatalogado.

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