La lluvia puso a prueba este sábado una de las tradiciones más arraigadas de Matanza de los Oteros, pero finalmente no pudo con La Cañamona. La intensa precipitación de la mañana mantuvo hasta el último momento pendiente del tiempo al alcalde, Marcelo Alonso, ante la posibilidad de que afectara al tradicional reparto de avellanas y vino. Finalmente, el agua dio una tregua y el ritual pudo celebrarse, volviendo a reunir en torno a una misma tradición buena parte de las señas de identidad de esta fiesta.
La Cañamona, declarada Fiesta de Interés Turístico Provincial, hunde sus raíces hace más de cuatro siglos en la devoción a Nuestra Señora del Rosario. El programa organizado por el Ayuntamiento y la Cofradía combina durante cinco días actos religiosos, música, folclore, gastronomía y convivencia.
Los festejos contaron con el pregón de Félix Antonio Barrio Juárez, director general del Instituto Nacional de Ciberseguridad (Incibe). Ya el sábado, el volteo de campanas y el chupinazo anunciaron la jornada, que tuvo en el reparto de avellanas uno de sus momentos centrales.
El mayordomo, señor Martínez Alegre, fue el encargado de mantener vivo este peculiar ritual, cuyo origen se relaciona con el antiguo reparto de semillas de cáñamo. Según la tradición, la imagen de la Virgen que dio origen a la devoción fue encontrada en unos cañaverales. Con el tiempo, las semillas fueron sustituidas por avellanas, pero se mantuvo la esencia de la celebración. Este domingo, día grande, habrá misa a las 13.00 horas y procesión en honor a la Cañamona. El lunes estará dedicado a los cofrades difuntos, y el martes, el folclore, patatas con carne para todos y baile.

El reparto de avellanas y de vino volvió a convertir las calles de Matanza en un punto de encuentro

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