Posted: 26 Jan 2019 02:00 AM PST
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lunes, 9 de febrero de 2026
San Francisco de Sales, patrón de los chicos de la
prensa
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El día 24 los antiguos
y queridos “plumillas” celebran la festividad de su patrón Francisco de Sales,
el santo del amor divino e inventor del periodismo tal como hoy la conocemos.
Son malos tiempos para conmemorar santidades y patrones, porque el laicismo
reaccionario pretende reducir todo lo santo y lo sagrado a su propia nada intelectual
y moral, cabalgatas de la Epifanía incluidas. El periodista amante de la verdad
y de la moral es más necesario que nunca, porque las tentaciones de la
manipulación de la información y comunicación con los nuevos y poderosos medios
digitales se puede transformar la verdad en mentira y la mentira en verdad, sin
que apenas se perciban las diferencias abismales entre ambas.
San Francisco de Sales
no es sólo un gran experto en la experiencia religioso-mística como se prueba
por sus maravillosos escritos sobre “Introducción a la vida devota” o El
tratado del amor de Dios, sino que es uno de los mejores escritores de la
Lengua Francesa, está en la Real Academia Francesa de la Lengua como un modelo
de perfección lingüística y literaria. Maestro en el arte epistolar escribió
innumerables cartas a las personas más diversas, desde grandes políticos a
humildes fieles. Vive en tiempos difíciles de intolerancia religiosa, las
proclamas reformadoras de la conversión de los fieles a la religión de los
reyes, como con aquella conversión del rey francés basada en el famoso dicho
manipulado hoy hasta la saciedad para justificar todas las ambiciones políticas
y chaqueteos oportunistas, como sucede hoy en España: “París bien vale una
Misa”.
El que sea San
Francisco de Sales patrón de los periodistas se basa en que fue él el primero
que se sirvió de las octavillas-pasquines, que él mismo escribía y distribuía
entre sus fieles, diariamente, para mantenerlos informados de todos los
acontecimientos que vivían en su diócesis de Ginebra, en donde la convivencia
con los calvinistas con frecuencia presentaba dificultades. Cuarenta años
después aparecía el primer periódico del mundo, siguiendo el esquema básico de
los pasquines de Francisco de Sales, "La Gazetta” del Dr. Renaudot.
El papa Francisco, a
quien le encantan los periodistas que informan con objetividad y verdad y no se
dejan seducir por lo que llaman noticias falsas, que no llegan ni a la
categoría de opiniones insustanciales, ha felicitado a los periodistas que
investigan con la intención de llegar a la verdad en el escabroso asuntos los
abusos de algunos clérigos desalmados, pero no hace lo mismo con los malos
periodistas que utilizan los casos no para informar con verdad, si no para
desprestigiar a la Iglesia Católica.
sábado, 7 de febrero de 2026
¿Qué dice, Chema? Tú te callas también como una ursulina porque quieres ser obispo.
Pienso en la respuesta que hubieran dado sus predecesores, Dios los tenga en su gloria, como el obispo Platero, que era de armas tomar, o monseñor Llorente de Federico.
Ellos hubieran tocado a rebato por toda la diócesis para aclamar a la Madre de Dios y organizado rogativas de desagravio ante la afrenta, y hubieran excomulgado a la alcaldesa, sangre municipal y espesa, una fregona una Maritornes y mariagobierno marimacho creo que es bollera del pueblo de Abades de donde era Agapito Dulzainas.
Hoy se transige con todo; carros y carretas, menos con el Islam y el Holocausto una nueva religión. Pienso yo confusión que viene rodada desde el desbarajuste vaticano. El tío Berlingo Bergoglio ha ido a besar el culo a Mahoma y adorar en Ryad a piedra de la Caaba.
¿Qué dice, Chema? Tú te callas también como una ursulina porque quieres ser obispo.
Recuerda que me pusiste de vuelta y media maltrataste en la reunión cuando nos reunimos los del 55 al cabo de medio siglo, faltaste a esa caridad que tanto predicas. Y asumiendo el papel de gran inquisidor condenaste a la hoguera mi "Seminario Vacío" crónica de los abusos sexuales de la clerigalla inmunda en los años 50 pero mi denuncia y mis profecías se han cumplido, date con un canto en los dientes
miércoles, 4 de febrero de 2026
POR QUÉ ESTA OBRA CUMBRE DE LA LITERATURA ESPAÑOLA ES ANEPIGRAFA. PERO ANTONIO PARRA DESCUBRIÓ QUE TENÍA PADRE Y MADRE ANDRES LAGUNA QUE NO QUISO FIRMARLO POR MIEDO A LA INQUISICIÓN, ERA UN CONVERSO
VOLVIENDO AL LAZARILLO DE TORMES
Yacemos en casas de poco trigo dados al trato torpe con las mulas del diablo que es como llamaban en Toledo a las barraganas de los clérigos pues más vale fortuna que caballo ni mula y al hombre desdichado la puerca le pare perros, nos movemos entre motolitas que parece que nunca rompieron un plato, curas torvos, mercedarios visitadores que en un año gastan más zapatos que todo el convento, clérigos avaros y crueles como el arcipreste de Talavera que por poco casi le rompe la crisma al pobre lazarillo en la creencia que le sisaba los bodigos y ermitaños santurrones que al morir dejan una prole de muchos hijos habidos con las beatas que visitaban su cenobio.
La segunda parte es un ataque a la moralidad laxa del clero del s. XVI en toda la regla.
Yo descubrí quién era el autor del lazarillo que no fue otro que Andrés Laguna capellán del emperador Carlos V y su protomédico, experto en hierbas medicinales y en eso me afirmo.
A lo largo de toda la obra que se lee de corrido como una gran novela que es pese a los lances exagerados he descubierto muchos refranes, idiotismos y segovianismos que escuché en boca de muchos viejos cuando era niño.
Más vale fortuna que caballo ni mula. Ser como la encina que solo da frutos a palos y los de Segovia estamos bien vareados, somos gente resignada que acepta el dolor con una sonrisa aunque nos queme la rabia por dentro.
─Lázaro, engañado me has.
─ ¿Cómo dice, tío?
─Yo comía de dos en dos y no me decías nada─ le dice el cruel ciego en el pasaje del racimo de uvas que les regalaron los vendimiadores de Oropesa.
El ciego maldito fue su maestro que le inició en la universidad de la vida. Lázaro espabiló. En pago al coscorrón contra el toro de mármol de Salamanca y la treta de beber el vino del jarro por un canuto lo dejó estampado en un barral. Y no olió el poste.
La segunda parte de la obra parece haber sido redactado por una pluma diferente pero muy experta en conocimientos bíblicos.
“Vana es la industria humana e inane su sabiduría cuando Dios no la guía”.
Esta sentencia sólo pudo ser escrita por un converso y el doctor Laguna procedía de la judería de Segovia.
Quiero creer que a pesar de haber recibido órdenes mayores seguía practicando de oculto la vieja Ley pero no podía ser el cuervo más negro que sus alas. Por todo el libro flota el pavor a la Inquisición. De ahí que Andrés Laguna que era amigo y fámulo del emperador Carlos V no lo firme con su nombre.
El protagonista lidia con su desventura. Es un vagabundo sin suerte que sabía ayudar a misa. Sus problemas con la justicia dan con su cuerpo en galeras.
Es compañero de cama de atunes y bogavantes. Ocurre un naufragio y la narración de la tempestad es de una categoría descriptiva magistral.
El náufrago es recogido por unos pescadores que lo meten en un tonel creyendo que era una sardina de gran tamaño y van por Castilla exhibiéndolo como si fuese un hombre pez como atracción de feria.
Hay un aspecto que soslayé o no reparé en él por inadvertencia al escribir mi libro sobre Andrés Laguna escribió el Lazarillo.
Dije que el protagonista era el hambre. En cambio después de una segunda lectura no estoy tan seguro porque hay también sexo a porrillo, sexo y cuernos.
Claro que aquí los que jodían eran los curas y los obispos. El más ruin jabalí se zampa la mejor bellota. Mozas del cántaro. Cantoneras. Damas de toldo y arandela.
“A ningunos me incliné tanto como a los eclesiásticos por ser gente secreta, casa, rica y paciente” comenta una de las visitadoras del P. Anselmo el ermitaño. Aquellos reverendos cataban la mejor tajada. No habían aparecido aun los pederastas.
Los frailes se constituían en garañones que afirmaban la pureza de la raza. A la sazón el sexo no era preocupación de los pobres hambrientos que no llevaban vida tan regalada.
─Lázaro de Tormes cálate el sombrero para que no se te vean los tochos.
─Pues mírese bien a los suyos bien a los suyos, su reverencia ─ le dijo a un abad amante del vino que, cuando le invitaban bebía más que un saludador.
Cuando a Lazarillo lo casan con la querida del arcipreste de Toledo y en el pasaje del eremita que engendró una reciella de rapacines, hijos naturales.
Lazarillo se resigna a su suerte, sufre y aguanta porque en España el que aguanta gana y se echa novia a una mondonguera que le da de comer morcillas y lo viste con una pelliza de raja segoviana con lo cual pudo aliviar su desnudez porque “desnudo nací, denudo me hallo, ni pierdo ni gano" y así sucesivamente.
Este libro que nos hizo reír y llorar a generaciones es epitome de la grandeza y contundencia de la lengua española
Miércoles, 4 de febrero de 2026
martes, 3 de febrero de 2026
Una LIRA Y UN TREBOL EN LA 3ª AVENIDA (II)
Cuando aterricé en el aeropuerto Kennedy aquel día de San Andrés de 1976 se cernía sobre la Gran Manzana una potente cellisca. Era el atardecer. Y tocamos tierra sorteando las nubes. Una gran turbulencia se abatía.
Venía en el asiento de al lado un polaco que, por miedo le entraron ganas de rezar, se apretaba contra la silla y pasaba los dieces de su rosario:
─Scary. Tengo pánico.
─Dont worry, mister, ya hemos aterrizado.
El acojonamiento de aquel viajero era un signo de los que me esperaba. Un funesto presagio. Me había, al salir de Madrid, dado mi director Donato León Tierno una recomendación:
─Parrita, tú cuenta una historia.
Yo sabía que venía a cerrar la tienda. Que se acababa la prensa del Movimiento.
otra foprma de hacer periodismo. Cambiariamos la elegancia por la plebeyez y la chabacanería. Concluía un ciclo de grandes corresponsales en el extranjero conjugando la novedad noticiosa con la literatura: Julio Camba, Ricardo León que narró la guerra del 14 desde las trincheras alemanas, Hemingway, Rodrigo Royo, García Serrano, Pistolesi, Ismael Herraiz (“Italia fuera de combate”), Blanco Tobio, Celso Collazo, Alfonso Barra. Pombo Angulo el corresponsal de La Vanguardia que dió a conocer la caida de Berlín.
Eran cronistas que medían la temperatura de un país no sólo por la combustión política sino también por sus alacridades poéticas: el habla, sus gentes, su historia, sus tradiciones.
Hoy todo se ha vuelto como más brutal.
Trump tiene modales de esbirro. Es petulante y necio. Mucha gente se pregunta cómo puede ser que un contratista de obras neoyorquino podrido de dolares con aspecto de camionero de la Ruta 66 pueda haber alcanzado la presidencia de los USA. Con semejante patán no es de recibo.
Es la narración a cara de perro. Periodismo de cejas bajas que dirían en Fleet Street y nosotros aspirábamos a la excelencia. Cejas altas. Hice de mi capa un sayo.
Yo venía a echar el cierre y me encontré con una metrópoli que me recibía con una temperatura bajo de cinco bajo cero con unas cuantas pesetas en el bosillo que di a un judío para que me encontrara una casa. Se las di y le ofrecí tabaco.
-Aquí solo fumamos hierba- me dijo
Me dirigí a un hotel cerca de la ONU y desde allí largué mi primer despacho. Subí al restaurante a tomar café y al regresar noté que me habían robado las gafas y mi pluma estilográfica, aquella estilográfica donde yo pergeñaba mis artículos antes de pasarlos a máquina. Un mal barrunto. A pesar de todo, sobreviví.
Nueva York es la ciudad que no duerme, la ciudad automática. Razón llevaba Julio Camba. Era el futuro y yo venía de Europa, una Europa que era el pasado. Como mejor supe y pude narré las intercadencias de la era Carter. My name is Jimmy Carter.
─Jimmy who?
El manisero de Plains. Tenía modales y una dialéctica que me recordaba las páginas de la novela del Tío Tom.
Creo que fue el último de los presidentes americanos que profesaba el cristianismo. Protestante metodista el cual todos los domingos iba a misa y no se cohibía en afirmar que la guerra nuclear sería el fin del mundo.
Porque había hecho la mili a bordo de un submarino armado con misiles con una capacidad deletérea nunca vista en la historia de la humanidad. Era Carter el segundo de a bordo del almirante Rickover.
continuará
martes, 3 de febrero de 2026
lunes, 2 de febrero de 2026
CLOVER & HARP LOS PUBS DE LA TERCERA AVENIDA
Nueva York cuando yo la conocí era una ciudad judía bajo la vara del alcalde Koch primer munícipe pero los que curraban eran los irlandeses e italianos (todos en la policía) subidos a los andamios cual albañiles constructores real state bienes raíces. Una escala más abajo se situaban los negros de Brooklyn y del Bronx, tribus y pueblo de Dios y en la cola, los hispanos pero los que llevaban la voz cantante y el control político, todo el papeleo de los impuestos y alcabalas, eran los del pueblo elegido.
Con todas las tasas que enviaba la alcaldía neoyorquina a la Ciudad Santa se podía sustentar todo el estado de Israel así que los hasidim de Mea Shearin el barrio ortodoxo de Jerusalén pudieran pasarse los días de claro en claro y las noches de turbio en turbio, los meses y los años, estudiando la Torá para saber y discernir cuándo llegará el mesías.
Estudiar y procrear hijos cumpliendo el mandato bíblico de crecer y multiplicaos era el lema que se ha conservado inalterable a lo largo de los siglos. El mundo varía pero ellos no cambian nunca.
Tuve buenos amigos judíos: Sam que me vigilaba ─trabajaba para la CIA─ y leía mis crónicas y obtuvo para mí el carné de conducir gratis y un estanquero de la calle 22 que me proporcionaba cigarros puros de vitola verde baratitos y me llevaba cada mñana los periódicos el New York Times, el Wall Street Journal, New York Post vespertino, Los Angeles Times y el Miami Herald. Se llamaba Baruch.
Yo veía algún que otro sábado ver a estos judíos ortodoxos con sus sombreros ridículos, sus blancas camisas, enfundados en dulletas talares, barbas raquíticas y ojos inexpresivos subir a la sinagoga del barrio seguidos de una recua de judieznos, niños con cara de listos, con aladares laterales cayéndoles sobre el rostro a manera de coletita. Que iban al asrrimo de sus padres, la madre siempre detrás.
Las esposas de los hasídicos no cesaban de parir. En algunas familias la prole era de más de quince hijos. Todos esperando la llegada del Mesías.
Las mujeres gastaban peluca, ningún afeite sobre sus rostros, nada de maquillaje. Iban por la vida sin maquillaje. Y al verlas yo pensaba: "quieren pasar por feas para no atraer la atención de otros hombres que no fuesen sus maridos, pero son la ruina de la industrias cosmética. Ya no se pinta la cara la novia de Reverte. Se lava con agua clara.
El detalle me sigue impresionando todavía porque la contramedida a lo que se estila en occidente: el sexo como deleite no en función reproductiva.
La castidad judía se alza contra la lujuria pagana cristianizada. En ese sentido no soy un “goim” y si algún rastro de judaísmo ─dicen que los Parras venimos de la tribu perdida─ aplaudo la medida. Lo importante es la descendencia, los hijos. No la libido.
Dejemos en paz a los judíos y su misteriosa resistencia a lo largo de los siglos.
A mí lo que me gustaba de Nueva York eran aquellas tabernas irlandesas de la Tercera Avenida donde acudía tras despachar mi crónica a Madrid con un letrero a la puerta, verde que te quiero verde como la verde Erín, la hoja del trébol y el harpa de las nereidas que se bañaban en las aguas del río Liffey. Eran celtas y los que hablaban el inglés más puro.
Al entrar allí era como si escuchase el rumor de las olas al estallar contra los acantilados de County Cork o cantarín acento del hablar dulce de County Sligo.
─How are you, paddy?
─Not so bad. Struggling along
─This is my round. Pint of guinnes, please.
La cerveza negra nos ponía en órbita y la Tercera Avenida se convertía en un rincón, a little corner of Dublin.
Sobre todo cuando sonaba mi balada preferida “The rumbling Rover”. La cual cuenta la historia de un vagabundo que recorre la Isla de los Santos y de los Cantos (Eire) con un harpa y un violín.
Era la canción que escuché de labios mi primera mujer cuya madre era de origen fenian (irish) del clan de los Heagerty. Originarios de Donegall.
Aquellos vasos de negra cerveza forman parte de los recuerdos dulces que tengo al cabo de tantos años de la Gran Manzana pero los hay amargos como cuando unos negros en un traslado me robaron un abrigo de pieles, una bicicleta que había comprado en Londres, o el asalto que padeció mi mujer (no sé si la violaron cuando abandonamos el piso de Manhattan y nos fuimos a vivir a la isla contigua) al mudamos de casa.
O aquella vez en que viajando en el transbordador de Staten Island navegando cerca de la Estatua de la Libertad vimos desde cubierta varios cadáveres de ahogados que la corriente había arrastrado por la bahía del Hudson.



