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domingo, 19 de enero de 2014

pan y trabajo, escuela y taller, menos limosnas. El genio salesiano de la iglesia católica
este blog defiende la unidad de España y a su cultura




ANTE LA FIESTA DE SAN FRANCISCO DE SALES Y DE SAN JUAN BOSCO, SANTOS DE LA EDUCACIÓN, LA PALABRA Y LA SENCILLEZ. ESCUELA Y TALLER. PAN Y TRABAJO NADA DE LIMOSNAS.

Los medios de comunicación han descubierto un papado global que, al tiempo que lo ensalzan lo destrozan (tácticas del maligno) que no empañan su grandeza, basada en su esencia como morada de la fe, la caridad y el perdón, precisamente el mal del que adolecen nuestras sociedades postmodernas. Hubo un tiempo en que contó con el apoyo de los granaderos de Dios, los jesuitas, pero hoy esos guardias de corps de la Iglesia han perdido vigencia. Se esconden en la retórica vaticanista o iglesia exterior cuyos pasos se mueven en otra dirección a los de la comunidad de fieles del pueblo de Dios, los que sufren, los desvalidos, los ignorantes, los encarcelados, los oprimidos, los que han hambre y sed de justicia y soportan  males físicos o marchan cubiertos con el baldón o el escupitajo de la calumnia.

Quizá la iglesia necesite menos encíclicas y más santos como san Juan Bosco (1815-1888) aquel humilde cura de Turin al que le tocó vivir el tiempo convulso de las logias de Cavour que fraguaron la unidad italiana. El papa Pío IX tuvo que escapar del vaticano disfrazado de enfermero huyendo de las garras de los carbonarios.

Fue un tiempo en que los jesuitas fueron acusados de ser espías a sueldo de los austriacos. En medio de esa gran batahola de conspiraciones y de las temibles sociedades secretas que han vuelto a asomar la gaita hoy el bueno de don Bosco basándose en la espiritualidad salesiana "más vale una gota de miel que tres cántaras de vinagre" se dedicó a reunir en su oratorio a todos los pillastres de los barrios bajos de la capital del Piamonte (hoy Turin sigue siendo un bastión de las artes diabólicas) y les dio cobijo, trabajo, un oficio, una cama para dormir, una mesa para alimentarse y un banco donde prosternarse a los pies de María Auxiliadora, la gran protectora de la obra salesiana esparcida por todo el mudo.

Su filosofía era muy simple y parecida a la solución que preconizaba Joaquín Costa para la regeneración española: despensa y escuela, taller y labor, una moral para defender la familia. Y su propuesta caló hondo. Claro que don Bosco el padre de los birichini era un santo y contaba con el respaldo de la Auxiliatrix protectora de la iglesia. Así venció al demonio. Todo muy simple.

La grandeza de la iglesia romana se basa en la liturgia que es el corazón de nuestra fe, la longanimidad, la paciencia y el perdón. Justamente, lo que está haciendo la iglesia rusa y lo contrario con que nos han venido aburriendo y cansando las poderosas sotanas vaticanas. Hay que volver a las raíces. De poco sirven las reformas accidentales si no nos convertimos de corazón. Que los clérigos vuelvan a emprender su labor educadora sencilla y oculta pero eficaz, nada de candeleros.

Roma necesita menos encíclicas, menos concilios que no han traído la reconciliación, y más santos. Juan Bosco al que le debo la educación de mis hijos es el paradigma. Ante su presencia sobran los populismos y las embestidas o aquiescencias maquiavélicas de los que se denominan los "granaderos de Dios".

La función de la iglesia es subsidiaria de la del estado, ha de practicar la misericordia con todos, pero no puede ser una ONG sujeta a las manipulaciones de las fuerzas oscuras. Pero tengamos esperanza; pese a nuestros pecados de voluntad o de omisión, tanto de fieles como prelados incluso papas, la Auxiliadora nos brindará su protección contra las sociedades secretas.

 

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